lunes, 14 de mayo de 2007

Bluetooth


Una mujer rubia, de ojos azules, caminaba abrazada a su hijo rubio, de ojos azules, de unos 12 años de edad, y ambos conversaban afablemente, y sonrientes, al atardecer de un día cualquiera en una ciudad del extrarradio barcelonés. Creo que eran originarios de algún pais del este, pero podrían ser pefectamente ecuatorianos, senegaleses, chinos o marroquíes.. todos rubios y de ojos azules, como somos todos nosotros, los mediterráneos.

Me llamaron la etención porque hacía mucho tiempo que no veía a una madre y a su hijo preadolescente unidos tan estrechamente, en una calle cualquiera, caminando tranquilamente mostrando en sus gestos, sus miradas, sus afectos, sin pudor, espontáneamente, como si el mundo no existiese a su alrededor. Me fijé bien (hasta que ya me pareció descarado mi exceso de atención) y entendí lo que en realidad transmitía la madre con su mirada a los ojos confiados del hijo: el sueño de una vida mejor.

Esos sueños se están haciendo realidad gracias al esfuerzo diario, al sacrificio del trabajo, a la transmisión del valor del respeto hacia quien enseña, a la humildad, a la conciencia del deber, a la disciplina necesaria para poder aprender y, sobre todo, al convencimiento de tener delante una oportunidad que hay que aprovechar.


Llegará un día en que este país será suyo (ya lo es) por méritos propios.

Vuelvo mañana

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