lunes, 17 de septiembre de 2018

Tiene que ser duro, pero toca ser valientes.



Hace cincuenta años fue asesinado en el Motel Lorraine de Memphis (Tenesse-EE.UU)  Martin Luther King. Había ofrecido un encendido discurso en el Templo Obrero de Memphis. Después  debía encabezar una manifestación reclamando subidas de salarios y derechos laborales. Ese día, Martin Luther King dijo que “la lucha central en EEUU es la lucha de clases [...] Los desposeídos de esta nación -los pobres, tanto blancos como negros- viven en una sociedad cruelmente injusta. Deben organizar una revolución contra esa injustícia [...] y  hablo de y por los pobres de Estados Unidos que pagan el doble precio de unas esperanzas perdidas. Si queremos alcanzar la igualdad real, los Estados Unidos tendrán que adoptar una forma modificada de socialismo.”

Hoy tengo la necesidad de recordarlo porque el Dr. King es noticia en Cataluña. No han sido pocos  los líderes del movimiento independentista que han utilizado su imagen con el objectivo de revestir al llamado procés de un áurea mítica de lucha popular legítima contra un estado y un pueblo supuestamente opresor. No en vano, dirigentes, activistas  y simpatizantes nacionalcatalanistas se refieren -ya abiertamente- a los catalanes originarios de otros lugares de España como charnegos o colonos.

De tal modo es  así que el mismísimo president de la Generalitat de Catalunya, el Molt Honorable Quim Torra, autor confeso y  consciente de más de 400 artículos racistas, xenófobos y supremacistas, de cuyo contenido todavía no ha renegado, admirador  y amigo de grupos ultras nacionalcatalanistas,   no ha dudado en invocar y utilitzar para beneficio de su causa durante el discurso que ofreció recientemente en el Teatre Nacional de Catalunya, el legado del conocido y admirado activista afroamericano. Este hecho ha trascendido. 

El director del Instituto Martin Luther King que preserva la herència y el pensamiento del lider negro, se ha visto obligado a desmarcar públicamente a la institución que dirige y a salvaguardar  la memoria del Luther King de los intentos de utilización torticera  por parte de los líderes y de los partidos políticos catalanes que encabezan un movimiento que nada tiene que ver con las grandes movilizaciones de los años sesenta estadounidense, auspiciadas por la fuerza y la razón de la justícia social, reinvidicadas por el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, que conmocionaron no solamente los Estados Unidos de América, sino todo el mundo, y que abrieron un camino de esperanza para los más débiles. 

Y es que, por mucho que los reescritores de la historia pretendan esconderlo, el hecho es que  el enfoque socialista del modelo de sociedad con que soñaba Luther King está  fuera de toda duda. Su lucha por los derechos Civiles de los negros  estaba intimamente unida a la lucha social,  igual que las espaldas de dos siameses.  Esta base ideológica no tiene nada que ver, por supuesto, con los fndamentos profundamente reaccionarios y neoliberales sobre los que se sostiene el postconvergente y corrupto PDEcat, líder indiscutible del movimiento separatista catalán,  azote de pobres, aventajado recortador de derechos sociales y laborales y herramienta con la que mantiene sus privilegios lo peor de la burguesía española, que es la catalana. 

En este sentido se ha expresado Clayborne Carson, director del Instituto Martin Luther King de la Universidad de Stanford. Creo que la declaraciones que ha realizado estos últimos días son sufucientemente conocidas.

Aun así, me permito reproduir algunas de sus afirmaciones:

"No se puede obviar que existe una motivación económica en el movimiento de independencia de Cataluña. Se trata de una región rica que si se separase de España generaría un perjuicio a otros grupos sociales. Así que aprecio que la gente [en Cataluña] abogue por la resistencia no violenta, pero eso por sí mismo no es seguir el camino de King, porque lo que están haciendo en realidad es negar a otra gente los derechos que reclaman para sí [...] Independizarse por motivos culturales o étnicos crea minorías de personas agraviadas y desposeídas de sus derechos [...] Por eso digo que el hecho de desobedecer y abogar por la no violencia no convierte automáticamente tu causa en justa si con ella estás negando a otros el ejercicio de sus derechos". 

La entrevista que Carson ofreció a David Brunat en  “El Confidencial”  generó al instante un gran revuelo. Miles de independentistas acudieron a las redes sociales para insultar y  menospreciar tanto al director del Instituto Luther King como al periodista y al medio que la publicó, y  acusar a este medio de tergiversación y manipulación. La presión  fue tan fuerte que el propio Clayborne Carson ha tenido que salir de nuevo a la palestra y desdibujar sus propias afirmaciones. 

Por eso, “El Confidencial” se ha visto obligado a hacer públicos los archivos de audio de la entrevista grabada, que concuerdan perfectamente con la transcripció escrita y en los que se puede apreciar que el periodista no efectuó preguntas trampa para aprovechar respuestas sacadas de contexto. (Aquí se puede escuchar toda la entrevista). 
 
La verdad de todo este asunto es que el Instituto Luther King ha desenmascarado al independentismo y ha despojado a sus dirigentes de sus caretas de pacíficos apóstoles  justicieros  revolucionarios y, de paso,   ha puesto en evidencia a los partidos de  izquierda catalanes y estatales, acomplejados y atrapados desde los años de la  transición   en un relato  perverso, tramposo y perdedor que relaciona españolismo con franquismo, y el catalanismo con democràcia o  revolución, olvidando que la patria de los débiles es su trabajo y su horizonte sus derechos. (Ver en este mismo blog “Ladrones de Repúblicas” )


Por eso, no es de extrañar que, en realidad, por mucho que Quim Torra invoque el pensamiento de Luther King  para ataviarse de santidad revolucionaria pacifista,  los únicos aliados  con que actualmente cuenta el movimiento independentista catalán  forman parte del movimiento ultraderechista europeo, en muchos casos de base claramente nazi, otras veces sencillamente fascista y en general xenófobo, antieuropeísta, populista, demagago y racista, entre los que se encuentra, por ejemplo, el ínclito Matteo Salvini, al que se puede ver en algunes fotografías ataviado con la badera estelada. 



Apostaría mi silla a que Salvini, el amigo y aliado político de Torra, Mas, Puigdemont, Romeva, Junqueras, Rovira, Trull, Baños, Gabriel, Boye, Rirera, etc, desconoce ( y le trae sin cuidado) que el 28 de agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington DC, durante una histórica manifestación de más de 200.000  personas en pro de los derechos civiles para los negros en los EE.UU, Martin Luther King dijo lo siguiente:



No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciutadania.


La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos.

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande.

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. 

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. 

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.” 

No es difícil realizar un ejercicio comparativo. Quim Torra piensa y escribe lo siguiente al respecto de los españoles, en su opinión, causa de todos los males de los catalanes: 

Los cruces con la raza del socialismo español fueron aumentando y aumentando, hasta llegar a mutar el propio ADN de los autóctonos.”. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticària [...] Les rebota todo lTienen nombre y apellidos las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Pobres bestias, no pueden hacer más [...] Pero ¿por qué hay que movilizarse cada vez?"  

Su amigo y aliado político Matteo Salvani califica a las peronas que se juegan la vida cruzado el mar para encontrar una vida mejor  como “negros de mierda”, o “carne humana”. No veo necesario abundar más en el pensamiento de este tipo porque su racismo y xenofòbia son de sobras conocidos. 

No se puede invocar a Martin Luther King y al mismo tiempo llamar a tu vecino hiena, o bestia humana en función del origen, raza, llengua o religión, igual que hicieron los nazis para deshumanizar a los judíos. No se puede invocar a Luther King y al mismo tiempo no rechazar públicamente, sin tapujos, la amistad de tipos como Matteo Salvini. 

Esta es, y no otra, la evidencia objetiva, sin trampa ni cartón. Quien a pesar de todo  siga creyendo las mentiras y la impostura del  movimiento independentista catalán ya no podrà  escudarse en el anonimato de las masas  y alegar en su favor que le engañaron, que no fueron sinceros con él. Con su silencio  y la negativa a denunciar a sus líderes, a exigirles responsabilidades,  se convierte  en cómplice y asume como propios los postulados profundamente antidemocráticos, contrarios a los derechos humanos, sobre los que se asienta el independentismo catalán. Tiene que ser duro descubrirlo,  pero hay que ser valientes y honestos.

lunes, 10 de septiembre de 2018

En construcción



Resulta perturbador constatar que apenas unos pocos centímetros de pared nos separan de la intemperie  mientras dormimos plácidamente nuestros sueños. Solamente un cristal y dos hileras de ladrillos superpuestos preservan nuestra intimidad, nuestro hogar, ese espacio cerrado en el que vivimos a diario  la ilusión de la posesión, de la privacidad  y de  la exclusividad. 

Unas decenas de metros cuadrados distribuidos en unas pocas estancias nos arropan, nos protegen, nos conceden  ciertas comodidades,  y sobre todo nos procuran la quimera de  la  inviolabilidad.

Solamente la delgada puerta de madera y el mecanismo que acciona una sencilla llave  salvaguardan en ese mínimo espacio nuestra fragilidad, nos mantienen separados del resto del mundo, a salvo de  los otros, y mantiene  abrigados nuestros momentos de felicidad, las rutinas más tediosas, las miserias de nuestros cuerpos y  las vicisitudes  diarias que jornada a jornada conforman nuestras existencias. 

Si fuésemos dioses o banqueros con  el poder de abrir como una lata las fachadas de los edificios donde vivimos, podríamos vernos en  otra dimensión; observaríamos desde una  perspectiva inédita y real, simétricamente distribuida en celdas de hormigón, la vulgaridad de nuestro proceder; neutralizaríamos los afanes de  singularidad y, sobre todo, caeríamos en la cuenta de  la inconsistencia de nuestra seguridad, tan solo a salvo gracias a la confianza mutua y a  la pervivencia de cierto sentido del  respeto a los demás, cuestiones éstas maleables, frágiles y meramente coyunturales, ni mucho menos socialmente universales. 

Hemos asumido que todo cambia cuando abrimos la puerta, la volvemos a cerrar, salimos a la calle y renunciamos a los límites de nuestro espacio, al asilo de los tabiques que  nos custodian. “Ahí vivo yo”, podemos decir, señalando nuestro balcón, que viene a ser tanto como decir que  tras esos muros, tras los  finos cristales, yo respiro, subsisto, habito, y duermo  tranquilo. 

En esos  ochenta metros cuadrados por los que vendemos a precio de saldo nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, cobijamos nuestras costumbres y dormimos nuestro descanso mientras se escapan  entre  los orificios de las persianas y los  desajustes de las ventanas todos nuestros sueños comunes.

Pero eso  nos resulta  indiferente   porque, en realidad, solamente  perseguimos  compartir  la mínima confianza y el mínimo respeto recíproco  con el fin de  proteger nuestra propiedad y  la integridad de nuestros cuerpos. Cualquier idea o  suceso que cuestione  levemente  esa relación y esa certeza  la consideramos una amenaza. Y así, tras la seguridad ilusoria que nos ofrece la tela liviana de unas cortinas,  construimos día a día el bucle de la ingenuidad y del miedo.

martes, 31 de julio de 2018

O lo tomas o lo coges



Coger un taxi en México sería el equivalente a follárselo en España. En México y en el resto del mundo un taxi se toma, pero aquí lo único que tomamos es el café de las 10, la caña de la una y los gintonics de la noche.  Y es que, a diferencia del resto del mundo,  en España nunca  tomamos nada y todo lo cogemos. Las vacaciones, el tren, el avión, el vuelo, el atajo,  el autobús,  el puente del Pilar , un resfriado, una infección, el bolso, los billetes… 

Probablamente en su modo indicativo, tiempo presente y primera persona  del singular no exista en español un verbo tan feo como coger. Su sonido es tan desagradable que puede producir carraspera y, en gargantas fumadoras, incluso  espontáneos y espesos esputos.

En español yo soy incapaz de encontrar una relación que sea medianamente  intuitiva  o visible entre  tomar y coger. No son verbos sinónimos ni por aproximación. Podría haber cierta equivalencia entre el uso activo imperativo de la acción tomar y la aceptación de quien nos invita a coger. ¡Toma! ¡Gracias, ya lo cojo! 

También tomamos  esposo o esposa en las ceremonias nupciales y según la santa madre iglesia, ese  tomar  lleva implícito el permiso para coger. 

El otro día ensayaba el comprometedor salteado de espárragos trigueros con golpe de muñeca. Después de tres intentos, conseguí  mantener  todos los pedacitos verdes  dentro de  la sartén y, exultante y orgulloso de mi hazaña, solté un exultante ¡toma ya! Esa misma exclamación es la que utilizo cuando lanzo de gancho un papel arrugado desde una distancia de cinco metros y lo encesto limpiamente  en la papelera o gano un órdago a la chica con un as y un cuatro. Son momentos para grandes y escandalosos ¡Toma ya!

Estos días está complicado tomar un taxi porque Uber se ha cogido el negocio, y también a los taxistas. Llamar a un taxi, subirse, indicarle  al conductor que nos traslade a un lugar determinado, y compartir con un completo desconocido  los minutos que transcurre la carrera  en ese espacio mínimo que supone  un coche, no deja de ser un acto de suma  confianza. Al fin y al cabo lo que hacemos es ponernos en manos de alguien que nos facilita, por un puñado de euros, ni más menos que nuestro  destino. Nunca nadie dio tanto por tan poco. 

Uber o cualquiera de esas plataformas en litigio también, pero se mire por donde se mire,  no es lo mismo. Esos vehículos de alta gama conducidos por pobres esclavos bien vestidos aparecen después de utilizar algo tan prosaico  y vulgar como un teléfono móvil, y una app, y nos ofrecen   la certidumbre, la disponibilidad  y la comodidad, y sobre todo el sueño proletario de poseer un chófer solícito, uniformado,  que solo habla si nosotros se lo pedimos y siempre nos da la razón.

El taxi, en cambio, nos pide guerra. Con el taxi le tomamos el pulso a la ciudad. El taxi es pícaro, imprudente y rebelde. El taxi es nosotros. El taxi huele. El taxi suena. Entre el taxi y su cliente no hay distancias, ni tapujos, ni la apariencia limusínica , ni medias verdades. El taxi viste igual que nosotros,  es simpático o antipático, esmerado o  desagradable, cálido o frío, servicial o borde. Y lo más importante: quien de verdad nos ofrece un destino es el taxi, porque lo encontramos en medio de la calle, a la intemperie, o aguardando paciente que le toque el turno de servicio en una larga cola junto a una estación, o un aeropuerto, que son esos otros lugares donde nacen y mueren los destinos. 

De hecho, en rigor, nadie coge un Úber. Ni siquiera  toma un Uber. Quien viaja en un coche Uber  previamente ha comprado un smartphone,  ha pagado una cuota telefónica, se ha bajado Uber, le ha regalado sus datos personales a Uber, se ha  registrado en Uber y a continuación   ha pedido, solicitado o  concertado  un  esclavo de Uber  y, en ese proceso, acrecienta el negocio de esclavitud colaborativa que es Uber. De modo que ¿cómo voy a confiar mi destino a un explotador  como Uber? ¡A  tomar por culo, Uber!. Aunque me duelan las amígdalas, ¡yo cojo taxi!