martes, 6 de noviembre de 2018

Camaleones



Cualquier persona en cualquier circunstancia  expresa su parecer y su visión de la realidad con sus  palabras en la forma y estilo que le son propias,  de acuerdo con su carácter singular y su manera de ser. Por eso, los hombres y mujeres que habitamos el tiempo del  mundo somos singulares, auténticos e  irrepetibles. Es verdad que no es extraño vernos a nosotros mismos duplicar a menudo  reflexiones o pensamientos ajenos, bien porque nos han influido y los hacemos nuestros, bien porque concitan cierto acuerdo implícito y  unánime, y entre todos los hemos convertido en cayados con los que nos apoyamos para ir tirando. 

Podríamos decir que, aun aceptando el hecho  de que existen Anas Rosas Quintanas, Camilos Josés Celas, o que  solemos prestarnos todo tipo de quincallería lingüística y comunicativa, cada cual ama, odia y se relaciona con su voz, sus gestos y  las mejores palabras que dios le da a entender. Nuestro estilo y las frases que construimos forman parte de nuestra personalidad intransferible y están tan unidas a nosotros como nuestra piel a los músculos. Por eso,  cuando sorprendemos a alguien repetir nuestras propias ocurrencias, o incluso vestir  el mismo vestido,  se nos lleva el diablo y  sospechamos de él, y no dudamos en acusarle de impostor o de aprovechado  que vive la vida como el vampiro que necesita de nuestra sangre para subsistir y presentarse ante los demás con una carnalidad que no le corresponde.

En la década de los 80 Woody Allen estrenó la película  Zelig,  la historia de  un tipo que adquiere fama mundial, al que llaman ‘El camaleón’ porque ha desarrollado la asombrosa capacidad de adaptar su aspecto, su discurso y su manera de ser a cualquier medio en el que viva, de manera que a lo largo de su existencia  ha suplantado a personajes tan célebres y  dispares como Adolf Hitler,  William Randolph Hearst, el Papa Pio XI, Susan Sontag, Charles Lindberg , Saul Bellow, Charles Chaplin  o  Al Capone.

Zelig  se pone en manos de una psiquiatra, interpretada por Mia Farrow, quien no duda en pronosticar un claro caso de inseguridad, motivo principal  que lleva a su paciente  a adaptar otras apariencias para poder ser aceptado. Así, cuando se relaciona con judíos le crecen barbas y  trenzas; si las personas con las que se relaciona son negras, su tono de voz, su modo de  andar y hasta su piel, cambian... 

Las vicisitudes de Leonard Zelig  “El camaleón”, ilustran a la perfección el presente político catalán. Los políticos independentistas son muy conscientes  del vacío  ideológico  del que adolece  el  movimiento que lideran. Esa  superficialidad  doctrinaria y de pensamiento  les genera una gran inseguridad a la hora de enfrentar sus postulados ante el adversario con un mínimo de garantías y de justificar conveniente y honestamente sus propuestas antes sus seguidores, que saben, desde hace ya muchos años, que la base o el pensamiento político de los postconvergentes es el neoliberalismo capitalista  de la escuela de Chicago, contrario a cualquier veleidad social; que los cimientos ideológicos de ERC están formados de profesionales liberales muy cómodos en el actual sistema de libre mercado, y que las CUP, una  formación supuestamente libertaria, asamblearia y pseudomarxista, no es más que la marca 'b' del mercadillo convergente, el sistema de control del ímpetu juvenil  nacionalista, la falange nacionalsocialista que camina sin ningún rubor de la mano de sus abuelos reaccionarios. 

Por eso,  ante las inseguridades que entre ellos mismos  concita  la realización de sus objetivos y ante  la evidencia de que su bandera estelada no es  más que latón -o tal como ellos mismos reconocen, un gran farol-   no les ha quedado más remedio que echar mano de la propaganda pura y dura, de mensajes publicitarios claros y concisos, sencillos de digerir,   que es el modo de  vender un producto con el mínimo de  recursos posibles y de la manera más eficaz. Cataluña lava más blanco pero España nos mancha la ropa. Esa idea fuerza, a la postre, es la única  original y medianamente elaborada que podremos encontrar en su discurso; una idea, por otro lado, más que productiva, pues cientos de miles de persones la han comprado y con ella a cuestas se han lanzado a la calle. 

Cuando un grupo de personas se organiza  para reclamar, conseguir, reivindicar lo que en justicia le pertenece, suele generar su propio lenguaje, su código particular, su semántica, las palabras y los signos con que dan a conocer  su situación; con que señalan a sus enemigos; con las que intentan conseguir más adeptos a su causa y, en definitiva, sus anhelos y sus objetivos. 

La historia política y social  de las últimas décadas ha generado en diferentes partes del mundo unos cuantos movimientos ciudadanos de diversa índole, circunscritos a un contexto propio e intransferible, a través de los cuales  millones de personas sojuzgadas y reprimidas, víctimas de crueles injusticias, se han rebelado y han conseguido con su acción colectiva y sacrificada derrocar tiranías o cambiar para siempre leyes lesivas, arbitrarias y abusivas. De la personalidad, autenticidad y la necesidad ineludible y concreta  de sus exigencias surge una semántica y una gramática  igualmente original, a menudo imaginativa, que no sólo tiene el objetivo de movilizar y mantener la moral de los activistas, sino que canta con su armonía exclusiva  la épica de su movilización y la derrota de la injusticia  para mantenerla en la memoria de generaciones venideras. 

Y como quiera que el movimiento independentista catalán es políticamente cóncavo, y su consistencia, ideario  y personalidad  vale menos  que  la paja de rastrojo, no ha sido capaz  de alumbrar  más creatividad retórica propia que la que emana de la manipulación histórica y un victimismo  sonrojante, solamente comparable  con los siglos de favoritismos que España le ha regalado. 

Ese es el motivo por el cual los creativos publicitarios independentistas hayan tenido que tejer una especie de patchwork retórico,  vampirizando  aquí y allá lemas, figuras, cánticos, ideas o  hechos históricos, intentando de ese modo transfusionarse  valores ajenos  y  contrarios  a  las ideologías reales de los partidos independentistas con el fin  de ofrecer a su público un relato eficaz y digerible  que mantenga a las huestes  movilizadas, para hacer creer a miles de personas sin el más mínimo sentido crítico  que están protagonizando, como los héroes y mártires de otras causas, un pedazo de  historia, no ya catalana, sino de la humanidad. 

El célebre  Ejército  Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)  enarbolaba pancartas  en diferentes lugares de la célebre Sierra Lacandona, en las que se podía leer  “El pueblo manda, el gobierno obedece” . En su discurso del día 26 de febrero de 1994, el Subcomandante Marcos dijo “Que busquen a los hombres y mujeres que mandan obedeciendo, los que tienen fuerza en la palabra y no en el fuego, que encontrándolos les hablen y les entreguen el bastón de mando, que vuelvan  otra vez a la tierra y a la noche los sin rostro, los que son montaña, que si vuelve la razón a estas tierras se calle la furia del fuego, que los que son montaña, los sin  rostro, los que en la noche andan descansen por fin junto a la tierra”. 

24 años después, en Cataluña,  la desvergüenza y la falta de personalidad y de carácter  de los dirigente de la fascistoide  ANC y los CDR  adquirían el aspecto de indígenas zoques  y robaban el mensaje zapatista  gritándolo en escraches frente a las sedes de los propios partidos independentitas y en las redes sociales. 

Pero antes, Mas, Puigdemont, el racista y xenófobo Torra y toda la cohorte de dirigentes independentistas se habían vestido del comunista  Nelson Mandela, del  socialista Martin Luther King y de Mahatma Gandhi, utilizando sus ropajes, su aspecto, sus ideas y el ascendente universal y moral de su existencia para vender más y mejor un producto falso, que hunde sus  raíces en los 30 años de latrocinio perpetrados por la familia real catalana, la familia Pujol-Ferrusola. 

Ni siquiera son originales a la hora de componer su cancionero. Han rescatado el éxito antifranquista de Lluis Llach y lo cantan entrelazando  sus brazos junto a otros himnos de raigambre católica con los que en los años setenta los curas obreros amenizaban las  misas dominicales  en la época dorada del Concilio Vaticano II 

La retórica independentista es tan poco original que ha llegado al límite del  puro sarcasmo. Quizás, la frase que más se ha gritado en las manifestaciones y que más se ha escrito en las redes sociales sea “Els carrers sempre seran nostres” (Las calles siempre seran nuestras), tal y como gritaba, propinando  un autoritario puñetazo en la mesa, Manuel Fraga Iribarne, fundador de AP y ministro ensangrentado de Franco. 

Pero hay más. Hace una semana el presidente Torra  y Jordi Cuixart escribían sendos  tweets con el mismo inicio con que el escritor francés  Emile Zola escribió hace más de un siglo, para denunciar a la justicia por  el caso Dreyfus, su famoso discurso “Je acuse”.

Al hilo del documento de la fiscalía del Estado con los  argumentos de petición de penas para los políticos presos, Carles Puigdemont, su abogado Gonzalo Boye, Gabriel Rufián  y otros líderes independentistas  se apropiaron sin el más mínimo rubor del  célebre “No pasarán” que utilizaron los soldados franceses en la batalla de Verdún durante la primera Guerra Mundial,   pronunciado años tarde  por la dirigente comunista y republicana española Dolores Ibarruri durante nuestra Guerra Civil,  que convirtió  así esas dos palabras  en escudo moral para resistir al golpista Franco y, a partir de entonces, en una frase universal. 

Como vemos, la voracidad nacionalista catalana  hacia lo ajeno y su necesidad de vestirse de cualquier disfraz que les permita mantener la tensión  en las calles  les ha llevado, incluso, a calificar su movimiento de revolucionario. Efectivamente, es tremendamente gracioso  escuchar a los dirigentes postconvergentes del 4% , ERC  y CUP invocar espíritus revolucionarios sin que nadie entre sus seguidores les diga, por ser didácticos,  que  revolución supone que un buen día, y tras la movilización permanente de los jugadores víctimas de la lesión de aductores,  el fútbol se juega con las manos, y no con los pies; pero no es revolución que los clubs  cambien el color de la camiseta, el patrocinador, o que el fuera de juego deje de ser punible. 

Y, finalmente, por no extenderme más, voy a dar cuenta del que, bajo mi punto de vista, supone el mayor de los agravios que se desprende del vampirismo  grandilocuente  secesionista. Vestirse de preso político resulta  rentable. De hecho, en la actualidad, es la única baza que le queda al farol nacionalcatalanista. Sin embargo, es un lamentable ejercicio de cinismo político y de hipocresía utilizar ese término mientras con el dinero de todos los catalanes, la televisión pública autonómica bombardea a la audiencia, mañana, tarde y noche, con publicidad separatista o antiespañola; o cuando una docena de medios de comunicación subvencionados con nuestros impuestos se dedican a mantener el discurso de los tres partidos independentistas que libremente, insisto, libremente,  exponen y defienden su farol a diestro y siniestro. 

Este hecho, más allá de su eficacia política propagandista,  es un agravio hacia los hombres y mujeres que dejaron su vida, su piel, su dolor y su sangre  en las cunetas y las comisarías de toda España, y que pagaron con su libertad la lucha por reponer la legalidad violentada de la II República,  la democracia,  los ideales de justicias  social, el anhelo de una sociedad más igualitaria y el compromiso de las leyes del Estado con los más débiles. Aquellos hombres y aquellas mujeres fueron, efectivamente, presos políticos. Lo demás son disfraces retóricos con los que se disfrazan los herederos del más rancio carlismo nacionalcatólico para esquivar  las consecuencias de incumplir la democrática, violentar las instituciones y la voluntad de la  mayoría de catalanes, con el fin de imponer una causa falsa, xenófoba, y supremacista, tan embustera como un farol, que tiene que acudir a historias  ajenas para dotarse de una personalidad y una legitimidad  que no posee.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Leer



Años y años de lectura, días, horas,  miles de libros, miles de millones de páginas, frases, pensamientos, cientos de miles de millones  de palabras  y nunca me había puesto a reflexionar sobre porqué me gusta leer. Comer cada día, dormir o respirar.  Uno no se pregunta nunca por qué le gusta respirar. Respiras, y ya, porque si no respiras  te mueres. 

No leo ni por placer, ni por gusto. El placer y el gusto se obtienen de otro modo, provienen de otros lugares. Otra cosa es que me encuentre bien cuando leo. Tampoco leo por  entretenimiento, o por pasar el rato hasta que surja algo, llegue la hora de comer, mientras espero el autobús... De hecho la vida, mi vida,  son las horas de lectura y el resto, tiempo que hay que dedicar por fuerza a ganarse el sustento,  a relacionarte mínimamente con los demás, a procurarle a los tuyos bienestar, afecto, ayuda y amor.

Ni siquiera leo con ansias de conocimiento, para saber más. Recuerdo siempre a Iñaki Uriarte cuando afirma en sus diarios el vértigo que  siente al mirar las estanterías de su biblioteca repletas de libros y constatar en un instante trágico que no recuerda nada de lo que leyó. A mí me ocurre. A lo sumo rememoras sumariamente  tramas, algún personaje, la idea vaga o general  de un buen ensayo. Pero me da lo mismo. Sé que leer no me hace más inteligente, ni siquiera  mejor persona. 

Quiero decir que  no leo por atesorar conocimiento, o por ser más libre, más educado y amable. Y qué le vamos a hacer. Me resulta absolutamente intrascendente si las décadas que acumulo de lecturas me han ayudado a entender mejor el mundo. De hecho creo que no, que es más bien todo lo contrario, que cuanto más leo más complicado me parece todo lo que me rodea, la vida misma, los hombre y las mujeres que la protagonizan, el futuro que nos espera, el que podría haber sido y no fue, o la misma muerte.

La muerte suele aparecer en los libros, pero no acabo de comprenderla. No entiendo, por ejemplo, por qué no puedo seguir escuchando la voz de mi padre o ver su mirada feliz tras la ventana. Aunque quizás no se trata de entender, sino de asumir. El punto final de un libro se parece mucho a la muerte, o no, porque bien mirado el que muere un poco es uno mismo  a causa del tiempo que ha invertido en leer  el libro que al finalizar, sigue ahí, con sus letras y sus frases subordinadas para volver a la vida en cuanto otro lo abra y lo lea. 

Ese tópico de la vida, y los libros que palpitan y esperan a que alguien los abra para que se desate todo un mundo, y lo que alguien  imaginó y construyó con letras adquiere categoría de realidad, de mundo habitado, de cofre en el que brillan tesoros, de espacio físico, geográfico donde una serie de criaturas se revuelven y tratan de trascender las páginas donde viven encerradas; de objeto mágico que contiene sabidurías filosofales con las que podremos deambular con mejor disposición de éxito entre los retos de la vida. 

Nada de todo eso me incita a leer. Ni tan solo en época de  estudiante  he  leído con un fin determinado, la memoria de unos datos que me permitiría un buen trabajo o al menos un título académico con el que poder afrontar el futuro  con ciertas garantías. Porque en realidad, lo que de verdad me gustaba era  que otro leyese lo que yo  había grabado en mi memoria de modo muy matizado, casi desdibujado, durante las horas de estudio.

Deseaba que entre examinador y examinado se produjese una especie de relación que- dicen- se produce entre un autor y sus lectores y, en ese proceso, el manual impersonal  que había retenido la noche anterior se convirtiese  en una falacia, en un producto incalificable que ya no era la reproducción fidedigna y objetiva del trabajo sesudo del equipo editorial de redactores, sino una obra  incomprensible y sin sentido, resultado  de mi libre  interpretación. 

Era emocionante, porque  leía angustiado cuando certificaba  a cada minuto que en una sola noche no sería capaz de recordar  todo el temario del curso. Pero eso es otra historia. ¡Ah!¡Siempre la memoria, la maldita memoria! Thomas Hobbes afirmaba que la memoria es imaginación. Lo leí ayer. Creo que esa frase no se me va olvidar en la vida. Se la dedico a todos aquellos que creían que yo tenía una gran capacidad memorística y luego se han dirigido a mí, defraudados y decepcionados,  a pedirme cuentas de mis invenciones con apariencia de recuerdos.

Ahora no sé bien si la frase de Hobbes la leí ayer, o el sábado pasado, frente al mar. La apunté en mi libreta, que es lugar donde la memoria se desprende de la imaginación. Es una libreta hermosa, de cuero negro, que se cierra atando las dos cubiertas con un largo  cordón, también de piel negra.  En realidad se trata de un portalibretas  al que hay introducir recambios.  Lo compré hace ya algunos años en Florencia, en el Mercato  del Porcellino,  y ahí apunto frases, párrafos, aforismos, como si pudiese así encerrar o conservar algo de los libros que leo. 

Copio citas  en mi libreta florentina porque me gusta escribir en  mi libreta florentina, y porque así creo que soy yo quien ha escrito aquello que he leído. Lo demás es vano deseo de evocación. A veces la repaso y  me da la sensación de que esas frases manuscritas  no pertenecen al libro de origen, sino a mi propia imaginación.  Este es el único modo digno  de  proceder que he encontrado para escribir, reescribir lo que han escrito otros, como  Pierre Menard,  que reescribió El Quijote palabra por palabra, al completo, y finalmente, para su sorpresa,  obtuvo El Quijote. 

Quizás esté escribiendo ahora mismo toda esta cantidad de incongruencias debido a una pura y humana necesidad de confesión, o para camuflar detrás de unas cuantas frases impostadas uno de los verdaderos motivos de mi necesidad lectora. Y es que, según dicen, afirman, juran y perjuran los que escriben -los que escriben  bien,  los que escriben con el alma y con la vida, los que, en términos bolañistas,  se la juegan escribiendo, es decir, los escritores y las escritoras- hay que leer, leer mucho, leerlo todo, leer a todas horas como único modo de adquirir conocimiento,  criterio y gusto, oficio y  estilo. Y después escribir.

Primero leer, y después escribir. Así, por ese orden. Y tras décadas de lector exigente, discrecional y clasista, por momentos incluso elitista, esperando que la lectura  de los grandes me aportase al menos una mínima inspiración; después de tantos años y tantas letras, sospecho que hay algo que no me han explicado. Y lo peor  es que nadie  va a transformar esa conjetura en certeza. Nadie  me va a explicar si hay algo más y, en caso de existir, en qué diablos consiste. De modo que aquí voy a estar, lamentándome de mis carencias mientras sigo alimentando mi frustración libro a libro, como un Prometeo sin fuego. 

Por eso,  ahora digo que  leo  para descubrir una sola palabra deslumbrando un párrafo oscuro. Para sorprenderme ante  la profundidad silenciosa  de  una reflexión  que se abisma  sumergida  en la sabiduría de siglos. La lectura es exaltación de lo bello; un estupor  fascinado y rendido ante el genio del hombre.  O un refugio. Porque el libro es el lugar donde  me protejo, donde me abrigo, donde se redime mi mediocridad,  donde me encuentro a salvo de los hombres y al mismo tiempo muy cerca de ellos; donde busco sin hallar y hallo sin buscar; donde, definitivamente, soy consciente de mi respiración.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Tiene que ser duro, pero toca ser valientes.



Hace cincuenta años fue asesinado en el Motel Lorraine de Memphis (Tenesse-EE.UU)  Martin Luther King. Había ofrecido un encendido discurso en el Templo Obrero de Memphis. Después  debía encabezar una manifestación reclamando subidas de salarios y derechos laborales. Ese día, Martin Luther King dijo que “la lucha central en EEUU es la lucha de clases [...] Los desposeídos de esta nación -los pobres, tanto blancos como negros- viven en una sociedad cruelmente injusta. Deben organizar una revolución contra esa injustícia [...] y  hablo de y por los pobres de Estados Unidos que pagan el doble precio de unas esperanzas perdidas. Si queremos alcanzar la igualdad real, los Estados Unidos tendrán que adoptar una forma modificada de socialismo.”

Hoy tengo la necesidad de recordarlo porque el Dr. King es noticia en Cataluña. No han sido pocos  los líderes del movimiento independentista que han utilizado su imagen con el objectivo de revestir al llamado procés de un áurea mítica de lucha popular legítima contra un estado y un pueblo supuestamente opresor. No en vano, dirigentes, activistas  y simpatizantes nacionalcatalanistas se refieren -ya abiertamente- a los catalanes originarios de otros lugares de España como charnegos o colonos.

De tal modo es  así que el mismísimo president de la Generalitat de Catalunya, el Molt Honorable Quim Torra, autor confeso y  consciente de más de 400 artículos racistas, xenófobos y supremacistas, de cuyo contenido todavía no ha renegado, admirador  y amigo de grupos ultras nacionalcatalanistas,   no ha dudado en invocar y utilitzar para beneficio de su causa durante el discurso que ofreció recientemente en el Teatre Nacional de Catalunya, el legado del conocido y admirado activista afroamericano. Este hecho ha trascendido. 

El director del Instituto Martin Luther King que preserva la herència y el pensamiento del lider negro, se ha visto obligado a desmarcar públicamente a la institución que dirige y a salvaguardar  la memoria del Luther King de los intentos de utilización torticera  por parte de los líderes y de los partidos políticos catalanes que encabezan un movimiento que nada tiene que ver con las grandes movilizaciones de los años sesenta estadounidense, auspiciadas por la fuerza y la razón de la justícia social, reinvidicadas por el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, que conmocionaron no solamente los Estados Unidos de América, sino todo el mundo, y que abrieron un camino de esperanza para los más débiles. 

Y es que, por mucho que los reescritores de la historia pretendan esconderlo, el hecho es que  el enfoque socialista del modelo de sociedad con que soñaba Luther King está  fuera de toda duda. Su lucha por los derechos Civiles de los negros  estaba intimamente unida a la lucha social,  igual que las espaldas de dos siameses.  Esta base ideológica no tiene nada que ver, por supuesto, con los fndamentos profundamente reaccionarios y neoliberales sobre los que se sostiene el postconvergente y corrupto PDEcat, líder indiscutible del movimiento separatista catalán,  azote de pobres, aventajado recortador de derechos sociales y laborales y herramienta con la que mantiene sus privilegios lo peor de la burguesía española, que es la catalana. 

En este sentido se ha expresado Clayborne Carson, director del Instituto Martin Luther King de la Universidad de Stanford. Creo que la declaraciones que ha realizado estos últimos días son sufucientemente conocidas.

Aun así, me permito reproduir algunas de sus afirmaciones:

"No se puede obviar que existe una motivación económica en el movimiento de independencia de Cataluña. Se trata de una región rica que si se separase de España generaría un perjuicio a otros grupos sociales. Así que aprecio que la gente [en Cataluña] abogue por la resistencia no violenta, pero eso por sí mismo no es seguir el camino de King, porque lo que están haciendo en realidad es negar a otra gente los derechos que reclaman para sí [...] Independizarse por motivos culturales o étnicos crea minorías de personas agraviadas y desposeídas de sus derechos [...] Por eso digo que el hecho de desobedecer y abogar por la no violencia no convierte automáticamente tu causa en justa si con ella estás negando a otros el ejercicio de sus derechos". 

La entrevista que Carson ofreció a David Brunat en  “El Confidencial”  generó al instante un gran revuelo. Miles de independentistas acudieron a las redes sociales para insultar y  menospreciar tanto al director del Instituto Luther King como al periodista y al medio que la publicó, y  acusar a este medio de tergiversación y manipulación. La presión  fue tan fuerte que el propio Clayborne Carson ha tenido que salir de nuevo a la palestra y desdibujar sus propias afirmaciones. 

Por eso, “El Confidencial” se ha visto obligado a hacer públicos los archivos de audio de la entrevista grabada, que concuerdan perfectamente con la transcripció escrita y en los que se puede apreciar que el periodista no efectuó preguntas trampa para aprovechar respuestas sacadas de contexto. (Aquí se puede escuchar toda la entrevista). 
 
La verdad de todo este asunto es que el Instituto Luther King ha desenmascarado al independentismo y ha despojado a sus dirigentes de sus caretas de pacíficos apóstoles  justicieros  revolucionarios y, de paso,   ha puesto en evidencia a los partidos de  izquierda catalanes y estatales, acomplejados y atrapados desde los años de la  transición   en un relato  perverso, tramposo y perdedor que relaciona españolismo con franquismo, y el catalanismo con democràcia o  revolución, olvidando que la patria de los débiles es su trabajo y su horizonte sus derechos. (Ver en este mismo blog “Ladrones de Repúblicas” )


Por eso, no es de extrañar que, en realidad, por mucho que Quim Torra invoque el pensamiento de Luther King  para ataviarse de santidad revolucionaria pacifista,  los únicos aliados  con que actualmente cuenta el movimiento independentista catalán  forman parte del movimiento ultraderechista europeo, en muchos casos de base claramente nazi, otras veces sencillamente fascista y en general xenófobo, antieuropeísta, populista, demagago y racista, entre los que se encuentra, por ejemplo, el ínclito Matteo Salvini, al que se puede ver en algunes fotografías ataviado con la badera estelada. 



Apostaría mi silla a que Salvini, el amigo y aliado político de Torra, Mas, Puigdemont, Romeva, Junqueras, Rovira, Trull, Baños, Gabriel, Boye, Rirera, etc, desconoce ( y le trae sin cuidado) que el 28 de agosto de 1963 delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington DC, durante una histórica manifestación de más de 200.000  personas en pro de los derechos civiles para los negros en los EE.UU, Martin Luther King dijo lo siguiente:



No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciutadania.


La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos.

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande.

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. 

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. 

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.” 

No es difícil realizar un ejercicio comparativo. Quim Torra piensa y escribe lo siguiente al respecto de los españoles, en su opinión, causa de todos los males de los catalanes: 

Los cruces con la raza del socialismo español fueron aumentando y aumentando, hasta llegar a mutar el propio ADN de los autóctonos.”. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticària [...] Les rebota todo lTienen nombre y apellidos las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Pobres bestias, no pueden hacer más [...] Pero ¿por qué hay que movilizarse cada vez?"  

Su amigo y aliado político Matteo Salvani califica a las peronas que se juegan la vida cruzado el mar para encontrar una vida mejor  como “negros de mierda”, o “carne humana”. No veo necesario abundar más en el pensamiento de este tipo porque su racismo y xenofòbia son de sobras conocidos. 

No se puede invocar a Martin Luther King y al mismo tiempo llamar a tu vecino hiena, o bestia humana en función del origen, raza, llengua o religión, igual que hicieron los nazis para deshumanizar a los judíos. No se puede invocar a Luther King y al mismo tiempo no rechazar públicamente, sin tapujos, la amistad de tipos como Matteo Salvini. 

Esta es, y no otra, la evidencia objetiva, sin trampa ni cartón. Quien a pesar de todo  siga creyendo las mentiras y la impostura del  movimiento independentista catalán ya no podrà  escudarse en el anonimato de las masas  y alegar en su favor que le engañaron, que no fueron sinceros con él. Con su silencio  y la negativa a denunciar a sus líderes, a exigirles responsabilidades,  se convierte  en cómplice y asume como propios los postulados profundamente antidemocráticos, contrarios a los derechos humanos, sobre los que se asienta el independentismo catalán. Tiene que ser duro descubrirlo,  pero hay que ser valientes y honestos.