lunes, 24 de septiembre de 2007

El hacha de Dostoviesky (II )

Así que en eso estábamos, en que la lectura, inmisericorde pérdida de tiempo, es uno de los peligros de la literatura. Al final de tus días te mueres y no tienes más que un par de miles de novelas sobre los ojos y las estanterías, las gafas abandonadas de lector cansado sobre la mesa y el recuerdo para los tuyos de soñador empedernido, en el mejor de los casos, o de medio loco, esquivo y esquizo en las más de las veces. A lo sumo, por ser benevolente, el lector se lleva al otro mundo algunas decenas de mundos e historias extraordinarias atesoradas y 40 ó 50 palabras más en el patrimonio léxico personal que la media de mortales.

Siempre cabalgando, muerto, despierto, vivo, dormido; causa de risas y objeto de insultos, desprecios e incomprensiones. No será para tanto, pero un lector muerto es un lector muerto, lo mismo, igual, exacto a un hombre muerto, que es lo que yo soy, pero con segunda oportunidad, la cual aprovecho para lanzar un aviso a los cuatro vientos: lean si quieren, ejerzan, pero deben saber (se lo recuerdo de nuevo) que no les va a servir para nada. Para confirmar mi afirmación tan solo es necesario quen lean. Los positivistas de turno me darán la razón si antes leen, aunque sea un poco. Lean y comprueben como después de finalizar la primera novela no ocurre absolutamente nada.

Para terminar esta (también) inútil proclama, deshechen todo manual, libro, decálogo que aconseje o promueva la lectura. En contra de lo que se pueda pensar, estos libritos suelen ser efectivos ya que quien los lee suele ser es, frecuentemente, un ávido lector y los utiliza para llenar su saco de argumentos con los que afirmarse en su estatus de lector. Estos libros, en realidad, son espejos a los que algunos insensatos se les ocurre girar hacia el sol para llamar la atención y lo que consiguen es cegar a medio pueblo y cabrear al personal,. que acaba por linchar a todo impreso de papel con letras en una hoguera espontánea al más puro estilo "Farnheit 471", lo cual, bien pensado, no estaría nada mal.

Vuelvo mañana

jueves, 20 de septiembre de 2007

El hacha de Dostoviesky (I)

El ejercicio de la literatura conlleva algunos serios peligros o, digámoslo de otra manera, para no alarmar, algunos serios inconvenientes - más bien, efectos secundarios. Uno de ellos viene dado, directamente, por el mismo hecho de la lectura y es el desperdicio, el derroche, el arrojo a manos llenas de tiempo a la basura sin que nos importe separar plástico, latas, vidrio, papel o materia orgánica; calidad o pastiche; policiaca o "En busca del tiempo perdido": el mejor aviso que nadie que se dedicó a esto pudo ofrecer al mundo y, en especial, a almas de cántaro como yo, quien en la cúspide de máxima tensión narrativa de la mejor de las novelas rusas, hace un alto en la lectura, fija sus ojos en el cielo y es capaz de derramar una lágrima por la vieja usurera que muere víctima del hachazo inmisericorde del estudiante Raskolnikov. Esa lágrima, en realidad, es el aviso que la naturaleza nos brinda para que seamos capaces de traducir su señal inéquivoca que nos dice que estamos perdiendo el tiempo. que ni una sola de las palabras enlazadas dentro de sublimes frases, ni uno solo de los párrafos que nos han permitidio viajar décadas de tiempo, vivir experiencias que ni soñando podriamos vivir, nos va a servir para una puta mierda.

He aquí el primer peligro: Leer la obra completa de Dovstoviesky, por poner un ejemplo, no sirve absolutamente para nada. A lo sumo, para desperdiciar de manera pecaminosamente insostenible 30 días de la vida de cualquier ser humano. ¡Válgame Dios! ¡Tal y como están las cosas! Porque, seamos sinceros. ¿Qué es lo que realmente ocurre cuando pasamos la última de las páginas del mejor de los libros que podamos imaginar leer? Si el lector está avezado en la lectura, saldrá al balcón, encenderá un pitillo y entre chupada y chupada reflexionará sobre el final, las motivaciones de unos y de otros, la voz narrativa, el estilo, el tema (solo a veces) y, antes de lanzar la colilla -que ejerce la misma función que el clitoris o el pene en la masturbación- se esfuerza en guardar en su memoria, durante dos o tres días, el nombre del héroe o de la heroina. Al tercer día, ya enfrascado en otra novela, si te he visto no me acuerdo. Suelen quedar muy bien los escritores de fama que al comentar algun libro ajeno lanzan frases, máximas y citas aquí y allá, en suplementos dominicales y tertulias radiofónicas; pero es que éstos juegan con ventaja porque su tiempo es la literatura misma y no es de este mundo, o porque directamente tiran de negro o de agente machaca que les tiene catalogadas centenares de frases afortunadas, bien ordenaditas, por temas de actualidad o de pensamiento, o de sentimiento, según la imagen que quieran dar de sí mismos. Por ejemplo: para los de aire nostágico, tirando a tristones, de rictus serio y chispa inteligente (a mi estos me encantan) no hay nadie como Kafka o Pessoa. Para los filósofos metidos a polemistas, ya sensentones y grandes masturbadores, muy mirados de su ombligo, lo mejor es Julio Verne o el mismísimo Stevenson. Si de lo que se trata es de pintarte con trazo oxeniense, bien metido en declinaciones y lana merina a cuadros, sentado en púrpuras butacas y fumando pipa, lo mejor es citar frases de detective de novela policiaca, algo del guión de "Casablanca" o, directamente, inventarse autores encontrados en librerías de viejo (inglesas, claro). Si el autor en cuestión pretende parecer sumamente sensible, la más delicada de las criaturas de Dios, el alma frágil con cierto tufillo a viciosillo, ahí debe aparecer el inventario catuliano con unas gotas Kavafis, sin olvidar el toque andalusí. Aunque aquí, en España, pudimos encontrar también estilos más castizos, más genuinos, y ya fenecidos, que son los de aspirante a noble pedorro o el arrinconado quevedo de siglo XX con bufanda al cuello. Estos solían aludir a sus capacidades intestinales o al dulce tamaño de pera de los pechos puberes que siempre quisieron tocar. A estos, agradecimientos sin límite, por siempre, allá donde estén, por mostrarse tal y como eran para así poder odiarlos sin cargo de conciencia.

De todos modos, aquí, en España, lo más es citar a Ortega. Le va bien a todo el mundo. De hecho no entiendo como a nadie se le ha ocurrido editar un libro de citas del reaccionario de Don José, mencionado y admirado, dicho sea de paso, a izquierdas y a derechas, y siempre en boca de escritores, políticos, clérigos (!Dios Santo¡) estudiantes y estudiantillos, que es el escalafón más bajo de las personas que frecuentan las numerosas casas de citas que existen en nuestro país. Vuelvo mañana

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Al otro lado


En realidad el escaparate està al otro lado del cristal. No sé si me explico.
En realidad, el espectáculo de la televisión está del otro de la pantalla. No sé si me explico.
En realidad este blog ( o como quiera que se llame) está en los ojos de quien lo lee. No se si me explico.

Mi muerte, en realidad, estaba en el lugar contrario al del cañón, según se coloca la pistola en la sien. No sé si me explico. Aunque de mi muerte hay más de un responsable: en aquella época habría que que ir a buscarlo al otro lado de las páginas de los periódicos. No sé si me explico.

No me hagan mucho caso. Hoy estoy al otro lado de una botella, no sé si me explico

Vuelvo mañana

viernes, 7 de septiembre de 2007

Una puta de carretera

En mis tiempos, hace ya 200 años, cuando decías, escribías, gritabas, o susurrabas, o incluso soñabas con la palabra Libertad, en cualquier lugar de España, te arriesgabas a perder la vida. Así, como suena. Hoy día esto mismo ocurre en innumerables lugares alrededor del mundo, en donde hombres y mujeres valientes, comprometidos, sacrifican su futuro, su familia, su integridad física en la lucha por la Libertad. Torturas terribles, prisión, injusticias, depresión infinita y eterna son algunos de las consecuencias que estos valientes sufren.

Hoy, en España, afortunadamente vivimos en Libertad. Podrán,quienes quieran, ponerle comillas a la palabra, podran quienes quieran hablar de otros modelos más justos, que por cierto están todavía por ver, pero que en España vivimos en el mejor de los escenarios posibles de este mundo global no hay quien lo pueda poner en duda. Se puede llorar por todo, y a todas horas, pero solo hace falta dar un vistazo al mundo para valorar objetivamente lo que tenemos y como vivimos. Ya lo escribí hace unas semanas, robándole la frase a Chantal Malliard: "El gran pecado de Europa es la tristeza".


Precisamente, uno de los llantos más habituales es el Nacional, ya sea rojigualdo, estelado, cuatribarrado, el de la cruz de San Andrés sobre fondo rojo, el de fondo blanco y diagonal azul, el de Blas Infante o el de los Comuneros. Tanto da. Todos lloran por lo mismo: por la falta de Libertad.
Hoy leía esto en una página web institucional "Un any més ens reunim, en el marc de la Diada Nacional de Catalunya, en la Festa per la Llibertat, acte de celebració popular promogut per una societat civil que, amb voluntat transformadora, construeix lligams i complicitats per treballar junts per a un futur millor per a aquest país."

Ya ven: La Festa de la Llibertat, acte popular de la societat civil amb voluntat transformadora. ¿Qué significa societat civil amb voluntat transformadora? ¿Que quieren transformar?. ¿Se trata de hacer la revolución? ¿Nacionalismo y socialismo no son contradictorios?. ¿Quien compone esa sociedad civil?. No se aclara. Pero sigo.


Tres párrafos después ( los pueden leer en http://www.11setembre.org/manifest.php ) cuyo contenido es claramente político y que apunta al ideario de algunos partidos (quiero decir, que de sociedad civil nada de nada ) se dice lo siguiente
:

"La nostra commemoració de l’11 de Setembre té un caràcter festiu i popular, però també reivindicatiu. És per això que, en el marc de la Diada Nacional de Catalunya, exposem:
Primer. El poble català es troba en unes circumstàncies difícils. Per això, avui, reclamem un acord nacional de les forces democràtiques i catalanistes que enforteixi l’autogovern, reforci la identitat i garanteixi el futur de la llengua."

Seguramente se refieren a las dificultades que tiene el poble català para pagar la hipoteca (yo no porque estoy muerto y vivo en cualquier sitio). O a las dificultades para trasladarse en tren por la provincia de Catalunya. O a la sequía, o al cambio climático debido a un desarrollo insotenible, o a los contratos basura, o a la televisión basura, o al fracaso del sistema educativo, o a las listas de espera de los hospitales, o a los mileuristas, o a los que su meta es ser mileurista...

Y a esto lo llaman la Festa de la Llibertat. Llibertat, bendita palabra, manoseada como una puta de carretera.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que los abuelos decían a sus nietos, y los padres a sus hijos: "Falta tendríais que pasar" "Otra guerra tendría que venir"...


Pues eso. Bendita Libertad.

Vuelvo mañana

martes, 4 de septiembre de 2007

Ahora es el momento (Para Sergio)

Hace unos días finalicé la lectura de una novela de la que siempre voy a acordarme. Una novela escrita en primera persona narrada por un adolescente de 17 años ( de los de antes. Esto de la edad y las etapas de la vida es como las pesetas) que descubre el mundo, se descubre a sí mismo, rompe con todo y se dispone a buscar qué hay más allá de la burbuja de miedo que le proteje y le ahoga. Hasta aquí nada que pueda resultar novedoso.

Porque a primera vista todo parece más que conocido en "Ahora es el momento", del americano Tom Spanbauer. Cuando compré el libro estuve a punto de no hacerlo pues la contracubierta explicaba más o menos lo que ya he explicado. Aún así lo hice porque la novela no estaba retractilada, sellada con plástico (siempre desconfío de algo que me venden y no veo), y pude hojear las primeras páginas. Me llamó la etención un estilo y una forma muy directa, con frases cortas, evitando rodeos y perífrasis inútiles: justo como contaría algo una persona a punto de cumplir los 18. (Más adelante explicaré - porque luego caí en la cuenta - el secreto de esta manera de escribir, la clave de todo)


Finalmente, el 16 de Agosto de 2007, en el área de servicio "Tudela" de la autopista en la que viajaba precisamente de vuelta al recuerdo, a mi adolescencia ( maravilloso azar), compré "Ahora es el momento" de Tom Spanbauer, nacido en Idaho en 1946; cuatro novelas publicadas, esta es la última, cuya primera edición es del año 2006. Si hacemos cuentas vemos que Tom no es precisamente un adolescente. Un autor puede ponerse en la piel de un niño, de un viejo, de una mujer (si es un hombre) o de un hombre (si es una mujer), incluso haste de un muerto (¡ qué me van a contar!), pero ponerse en el pellejo granuloso, impertinente, introvertido, maleducado, tosco, cerrado, hermético, inseguro, gregario, individualista, rebelde, curioso, pendenciero, cobarde, valiente, vanidoso, inexperto de un adolescente de finales de los 60's tiene cojones. Y es que lo que le sale a Spanbauer a sus 60 años no es una novela de chico que se enfada con sus padres y se va de casa a descubrir el mundo mientras aprende a fumar.


A mí, la novela "Ahora es el momento" me ha entrado en las tripas a través de uno de los recursos más antiguos que se conocen: utilización de frases simples (sintácticamente, quiero decir), uso de epítetos que se repiten una y otra vez para identificar, recordar o referenciar sentimientos espacios, personas y situaciones y , finalmente, disparo al corazón, a las entrañas del lector cuando la situación lo merece, cuando es necesario hacerlo para cargar de sentido, de tema, todo lo que se explica: pura Edad Media, el secreto del cantar, de la epopeya, del romance. Yo, hombre de corta memoria, sería capaz ahora mismo de describir una por una las situaciones en las que vive y se maneja el propio Rig John en primera persona tal y como pudieron hacer también los habitantes que vivieron en las Castillas del siglo XII con las andanzas del Cid y que pudieron escuchar el Cantar . (¡Qué vínculos tan extraños.!).

Más allá de todo esto, que ahora que lo pienso tampoco tiene ningún interés, la novela me succionó como la boca del mismísimo George Serano, otro de sus personajes principales. Leía y leía y veía en muchas páginas (o creía ver), escenas, tópicos, lugares comunes de la iconografía "american way life" que ha llenado el mundo de la mano de personajes interpretados por Jeames Dean, Marlon Barndo, Dustin Hoffman y hasta el mismísimo John Travolta. Familias de paletos granjeros con hijos puberes saliendo del cascarón enfrentándose al peligroso matón de barrio o de la High School , todo ello aderezado con los chocantes tupés sesenteros, porros hippies y títulos de canciones míticas interpretadas por Jimmy Hendrix o Elvis Presley pasando por los Beatles o Simon and Gartfunkel.

Pero están Rig John, narrador y protagonista, Billie Cody, el indio George Serano y su abuela Aquee, el señor y la señora Kleusner, los mexicanos Acho y Flaco, la señora Cody, Jhon Lardino y la pesadilla de Chuck... que existen, viven, respiran, que juegan cada uno su papel en el circo de la vida que se planta, esta vez, en Pocatello (Idaho). El mundo es Pocatello y ellos son sus únicos habitantes, que nos enseñan los valores de lo mejor y lo peor; que nos muestran sin tapujos qué es el AMOR, el ODIO, la AMISTAD, el COMPROMISO, la VIOLENCIA, la HIPOCRESIA, lo AUTENTICO en palabras de la misma Billie Cody. Y sobre todo y ante todo el miedo al miedo y a sus gestores y el valor que se necesita para enfrentarse a ellos, para superarlo, para decidir y descubrir y ejercer, libremente, por ejemplo la propia sexualidad.
Por tanto, lo mismo da que estos personajes desarrollen su vida en Pocatello o en Tudela. Lo que "Ahora es el momento" nos cuenta es universal y aunque la accion esté instalada a finales de los 60, esta historia es muy oportuna para los tiempos que corren.

Y es que, hoy, todo lo que somos (para bien y para mal) se esconde bajo una apariencia de absoluta corrección y de hipócrita asepsia, bajo una alfombra de formalidad mentirosa que escamotea los conflictos hondos y profundos, que amaga y camufla lo que el hombre es capaz de hacer (para bien y para mal) y que le cambia de nombre a las cosas para desdibujar su realidad.
"Ahora es el momento" viaja 40 años atrás en busca de los valores de la rebelión, de la valentía y de la verdad y Tom Spanbauer nos los brinda de la manera más sincera y efectiva que se puede hacer trayéndolos de vuelta en el tiempo. Este libro, hoy, es una auténtica provocación, una patada en el estómago en contra de lo establecido, ahora, en pleno siglo XXI.

Sergio: te va a gustar
.

Vuelvo mañana

miércoles, 25 de julio de 2007

El boomerang


Esto quizá sea lo último que publique elpobrecitohabladordelsigloXXI antes de las vacaciones, a no ser que disponga de algún lugar donde conectar su IP durante todo el mes de agosto. De todos modos, MJL me dice que os diga que la experiencia está siendo tan mala que volverá en septiembre, que para eso es un romántico y que no puede dejar de sufrir y de admirar su mueca de dolor literario en este espejo. Pero antes me ha encargado (Perdón, no me he presentado. Soy JLM, su albacea literario. Yo le repito una y mil veces que soy su agente, pero él se empeña en llamarme albacea) decía que me ha encargado que les cuente una historia que es muy de su gusto. Él está hoy muy ocupado escogiendo sus camisas de lino blanco, impoluto, planchaditas con raya en las dos mangas. Tienen que ser comprensivos y disculparle: le he comentado inmurables veces que sus cosas no le interesan a nadie, pero él se empeña en creer que esto es como en el siglo XIX y que todo el mundo está pendiente de sus neuras. De cualquier modo, sea como fuere, mi fidelidad a mis clientes se antepone a cualquier otra cuestión.

Me cuenta MJL que tiene un amigo en Valencia al que le han regalado un boomerang. Por lo visto salió al descampado más próximo (!! todavía quedan descampados en Valencia!!) y lo lanzó al viento, al espacio abierto, al cielo azul valenciano. Eso ocurrió ayer. Hoy todavía está esperando que el boomerang vuelva a su mano, como un perrito bien adiestrado que devuelve el palito que le ha lanzado su dueño. Pero los boomerangs no son como los perritos; un boomerang es un artilugio peligroso y rebelde (tanto da) que decide emanciparse y volar a su libre albedrío en determidas épocas del año, sobre todo en verano, porque sabe perfectamente que, si vuelve, le espera septiembre, el cielo gris, el viento frío, la ciudad, el trajín, y, finalmente, la estantería, en el mejor de los casos, o el cuarto de los trastos. Así es que, amigo (los amigos de mis amigos son mis amigos), no busques más tu boomergan. Lo lanzaste en la peor de las épocas, o en la mejor, según des del punto de vista en que se mire. Tu boomerang está disfrutando ahora mismo de cálidas temperaturas, de la luz del Mediterráneo, del canto de los grillos, o del rocío de las mañanas en cualquier montaña cercana o lejana ( ¿a qué me suena eso?).

Porque los boomerang ya no son lo que eran, ya no vienen a este mundo para matar, vienen para lo que venimos todos, para volar. Ocurre que nosotros todavía no nos hemos enterado y volveremos, como cada año, en septiembre, al cuarto de los trastos.


Vuelvo mañana
(como un dócil y anticuado boomerang )

lunes, 23 de julio de 2007

El molinillo

Ayer entré en un chino (en una tienda regentada por una persona originaria de la China, quiero decir) y compré un molinillo de viento que clavé en la jardinera que más a la vista tiene mi jardín, al socaire de los vientos marinos que refrescan mi vida de verano. Se me pasan las horas mirando como giran las tres circunferencias de que se compone el juguetito, radiadas con fràgiles pedazos de telas de colores que, al rodar, hipnotizan a todo el que las mira como si fuese una especie de arcoiris magnético. El recuerdo de este verano va a ser este, en apariencia, sencillo e inofensivo juguete.

No he iniciado todavía mis vacaciones (los muertos también descansamos en Agosto) y me atrevo a predecir mi memoria. Estoy convencido de que esta extraña cualidad que he adquirido de adelantarme, de predecir los recuerdos que voy a tener, se la debo al molinillo y no a los poderes de que disponemos los muertos con una segunda oportunidad. Porque he comprobado que estar junto al molinillo proporciona extrañas habilidades. Por ejemplo, el molinillo es capaz de recoger los recuerdos de quien lo mira fijamente durante unos segundos. No tengo más que mirarlo girar con atención. sin pensar en nada más, dejarme llevar por sus colores , e immediatamente después mi memoria traspasa a las ruedas giratorias el día en que fumé mi primer cigarrilo, o el momento en que mi amor me besó por primera vez, el estruendo horroroso del día en que disparé un arma, la primera mañana en que me desperté a tu lado, la cabaña que construí con amigos a los que ya no veo, y que ya nunca más veré, el tacto del mármol de la rodilla del Moisés de Miguel Ángel, el día en que Enrique me regaló su sombrero, la Nochebuena del 36, el dia de difuntos... y casi tres siglos de historia.


En cuanto a predecir los recuerdos - es muy importante aclarar que no se trata de predecir el futuro, sino los recuerdos - de momento estoy valorando la posibilidad de utilizar más a menudo esta propiedad que he adquirido, pero no estoy muy seguro de querer ejercerla. Temo por muchas cosas; temo poder saber, eternamente, hasta que el viento deje de soplar, lo que me quedará del pasado de hoy, que será recuerdo mañana. Aunque, quien sabe, quizá sea inútil especular, quizá nada dependa ya de lo que yo quiera o deje de querer sino de lo que el molinillo ordene a partir de este verano de 2007.

Vuelvo mañana

(creo recordar)