martes, 21 de febrero de 2012

El mito y la furia (X)


(Viene de aquí)
Crecer es un proceso funesto para unos; para otros supone la posibilidad de experimentar los desafíos que nos propone la vida y bla, bla, bla. Eva también habrá crecido. Me apuesto el final de esta historia –mi propio final- a que en su caso ha supuesto una tragedia. Andará por ahí, por las calles de cualquier ciudad suburbial, sin atreverse a mirar a los escaparates por no encontrarse con su silueta reflejada en el cristal, su cabello acartonado de mechas oxidadas que malvive gracias a las permanentes y el calor malsano de esos artilugios ovalados de las peluquerías con aspecto de útiles clínicos.

Eva paseará a diario su prisa y su agobio vestida de mercadillo. Madrugará y trasnochará, y todos los días de su vida los dedicará a atender al chulo de su marido y a una recua de criaturas mocosas. Porque Eva se casaría por amor y papá no lo soportó; y a pesar de que le amenazó y le avisó y le ofreció el oro y el moro y puso a su alcance una docena de lo mejorcito y más selecto de los más apuestos pijos del Levante español, ella dijo que el amor es el amor, y que o se casaba con su machote o se metía a puta. De manera que, rendido ante la testarudez de su única hija, el magnate del sorbete de limón asumió que la perdía y con todo el dolor de su corazón la desheredó: nada nuevo bajo el sol.

Desde aquella noche de San juan en El Arenal me he preguntado algunas veces si en algún momento de su vida me habrá recordado, si habrá evocado mi torpeza, mis nervios, la impostura ridícula, el plantón, aunque solo fuese para reírse a gusto junto a las amigas. No me hago ilusiones. Soy consciente de que no habré aparecido ni un mínimo instante en su memoria. No soy más para sus recuerdos que lo que pueda ser el destello de la brasa de los cigarrillos que Pepe el Largo lanzaba al mar.

Hace mucho tiempo que Eva habrá renunciado a recordar las escenas de sus días más descuidados -seguramente los más felices-. También habrá decidido no preguntarse por su presente, por su destino y el de sus hijos. Yo haría lo mismo si a la primera respuesta me encontrase con derrotas y con mi propia estupidez. No digo esto por venganza. Lo digo porque a mí también me ocurre, y la entiendo. Pero yo no me resigno. Va a llegar mi hora. ¡Vaya que si va a llegar!.. Voy a pasar cuentas, y me van a cuadrar.

Sin embargo, antes tengo que hacer recuento; inventariar todos y cada uno de los momentos acumulados a lo largo de mi vida que me han conducido como si yo fuese el objeto de un plan trazado detenida y minuciosamente por alguna fuerza perversa, oculta. He de reconstruir los momentos más significativos que han dado como resultado lo que soy, un tipo abatido por la realidad, aniquilado por la constatación de la victoria de la fealdad ante la belleza, de la mediocridad ante la inteligencia, de la mezquindad ante la generosidad, del tiempo frente a las ilusiones. Un tipo al que le han destruido alevosa y premeditadamente todos los mitos, uno tras otro, durante los sueños escritos en las noches más oscuras de la historia de mi existencia, y que ya no quiere seguir, y seguir, y seguir, día a día, como una momia que va y viene al sarcófago, con las manos muertas levantadas hacia el vacío, dirigida por una maldición milenaria contra la que parece no existir ensalmo ni poder que le permita disfrutar del puto descanso.

Por eso es necesario puntear detenidamente una a una las caídas sufridas, aunque duela, para poder conocerme mejor, para hacerme fuerte y diseñar con precisión el plan que me redima y que me permita el desquite, la venganza, y la vida plácida que ahora se permiten los que pergeñaron las mentiras sobre las que construyeron sus imperios. Lo que ha sido bueno para ellos también lo es para mí. Es mi turno, y voy a actuar sin contemplaciones.

Voy a proceder igual que ha guiado su vida Indalecio Bot desde que tuvo uso de razón (A los pocos amigos con que se relaciona les permite llamarle In, y solamente en momentos muy escogidos). Tengo que conocerle bien. Si me es posible, hablaré con él, analizaré los secretos de su existencia, de su triunfo. Sé algo de sus orígenes. Su padre fue el clásico self man sin escrúpulos. Indalecio, el hijo de su padre, el obscuro y secreto objeto de mis deseos, no se casó enamorado, como Eva, la tonta de Eva.

Cuando eres In Bot, eres el amo, y te ríes del amor. El mundo que te interesa, el único que existe, se reduce a la cuenta de resultados y a los espacios que pisas, que suelen estar a salvo de lugares, no ya desagradables, sino sencillamente cotidianos, entre otras cosas porque la calle, sus transeúntes y lo que sucede en ella te la suda. En cualquier ciudad del país siempre tienes a punto una guarida decente, espaciosa, lujosamente amueblada.

Imaginemos, por ejemplo, Barcelona, tu apartamento de Barcelona, allá arriba, en el ático más espacioso del Paseo de Gracia. Te apeas del Lexus y sin pisar la acera -porque pisas una alfombra verde cubierta por un toldo púrpura, como si fuera un palio de postín que cubrirá tu calva poderosa hasta que entres en el portal del edificio- te saluda el portero vestido de librea con una reverencia estudiada, una genuflexión contemporánea.

Sin necesidad de que llames a la puerta te abre Amparo, toda vestida de negro, con un traje cerrado, oscuro, rematado en el cuello con un broche plateado similar al que viste la señora Danvers, el ama de llaves de ‘Rebeca’, porque eres un cinéfilo en la intimidad y te gusta que solo con abrir las puertas de tus moradas, tus visitas lo valoren y se den cuenta de que eres algo más que un banquero, de que eres un humanista.

Amparo -severa, una gran profesional- te da la bienvenida con una ligera inclinación de cabeza y te dice que ya está todo listo; el baño como le gusta al señor. También me he permitido llamar a Vivian porque sé que es del agrado del señor y ya le espera impaciente. Es posible que entonces le des las gracias a Amparo, aunque no tienes porqué. Mientras tanto Vivian, la muchacha que ayer te la chupó con fruición en el jacuzzi, se lima descuidada las uñas, ya desnuda, entre burbujas perfumadas.

Entonces entras en el cuarto de baño, la ves, te mira mimosa, como gatita de angora arrugando el hocico y sin atropellarte, con la calma segura del amo consciente de la propiedad de la esclava, te desnudas, soslayas en el espejo tu propio perfil, y justo cuando vas a emprender los tres pasos hacia la gran bañera semicircular, Jaime, tu asistente, llama a la puerta sin osar cruzar el umbral. Levanta lo justo la voz y te avisa de que tienes esperando al presidente. Tu preguntas que cuál y Jaime te dice que el europeo.

Esbozas un mueca leve, desdeñosa; un gesto que te ahorra la expresión verbal de fastidio y que significa ¡Qué cruz!. Al instante, la mano huesuda de Jaime asoma por el hueco de la puerta entornada. Coges el celular y Vivian se divierte escuchando lo que dices, chapoteando el agua, reclamando traviesa tu incorporación moviendo hacia sí misma el dedito índice; abriendo las piernas, bellas piernas, interminables, elevándolas hasta erguirse totalmente verticales desde las caderas hasta los dedos de sus pies, en toda la inabarcable longitud por la que resbala el agua tibia en gotas sinuosas hacia el coño solícito.

(Continua aquí)

5 comentarios:

Hostal mi loli dijo...

Esto va cogiendo forma de novela, una gran novela. Un abrazo, y me lo llevo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

¡venga!

Jesús Garrido dijo...

gusta, estaremos pendientes, y lo del baño cautiva, ¿qué tendrán estos lugares cuando están el resto?

ESTER dijo...

Después de leer unas cuantas veces la entrada, he ordenado un poco las ideas acerca de todo lo que aquí se comenta:
*Eva se casa por amor: en según qué ambientes y según qué épocas, casarse por amor se asemejaba a una deshonra cuando la posibilidad de hacerlo por dinero o por estabilidad burguesa estaba por encima de los sentimientos.
* Indalecio Bot: Quizás es colega del nuevo Mr. Marshall que ha aparecido por Catalunya, un tal Sheldon...y que nos va a hacer jugar a la ruleta y al black jack. Americanos, os saludamos con alegría....
* Vivian: Debe ser muy agradable que a uno le espere en una bañera con burbujas un cuerpo dispuesto a todo...

Un beso, Ester

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

¿Qué tendrán, qué tendrán, Jesús?

Ester, Eva se casa por amor y según Adan, descreído ya de muchas cosas, cometió un grave error. Y la prueba es que fue a dar con un macarrilla de tres al cuarto.¡Con lo bien que le hubiese ido con un pijín!

Ja, el tan Sheldon, menudo elemento.

Para Bot no hay cosas agradables o desagradables: para Bot sus deseos son órdenes. Él toma y deja a su antojo. Vivian es otra posesión más, que cumple un papel en su vida. Ni siquiera busca el placer. Busca poder allá donde mira, donde toca. Es el Midas contemporáneo, pero sin maldición.