lunes, 14 de septiembre de 2009

La Partida del Trueno (I)


Diluvia. Ahora mismo está cayendo una tormenta apoteósica. Relampaguea y todo el mundo corre en vano a guarecerse. Mi madre, como todas las madres, se arrugaba en un rincón y le rezaba a Santa Bárbara. Ya no recuerdo la oración, pero tenía su gracia. También le rezaba a Santa Bárbara cuando salíamos toda la familia por Roncesvalles huyendo hacia Francia. ¡Qué paradojas!. Creo que mamá relacionaba el trueno con la artillería y por eso también rezaba dentro de la diligencia. Aunque en realidad esta tormenta me trae otros recuerdos. Es el ruido seco del trueno, que me rejuvenece y me invita a beber.

Salíamos en la noche canalla y pestilente de Madrid. Éramos Pepe, Ventura, Manolo y a veces también Ramón, que en cuanto bebía un par de claretes rasposos se ponía estupendo y se apuntaba a todo. Frecuentábamos lo peorcito y también lo más exquisito. Empezábamos serios, muy formales, con una tertulia bien almidonada en casa de Mister Willer o en la del padre de Dolores. Como todos queríamos meritar, exhibíamos nuestros mejores modales, toda nuestra erudición y nuestro ingenio, aunque a menudo nos aburríamos tremendamente y salíamos de allí con dolor de espalda, porque con tanta finura, cortesía y modales impostados, a veces nos daba la sensación de estar en Palacio. Por eso en esas tertulias, el que se sentía de verdad como pez en el agua era Ventura. Pepe y yo le mirábamos y le interrogábamos con gestos que le incomodaban y que le hacían perder el hilo de un discurso que no decía nada. Después de un par de horas compitiendo en latinajos y en memoria de endecasílabo, salíamos a la calles anochecidas, nos embozábamos la capa y Ventura gritaba, casi bajo el dintel del portal del Cambronero : “¡Estimados cofrades, ahora soy el Argentino, hágase la tormenta en Madrid!” Y de esa manera, con ese grito dado bajo la penumbra del candil temblón, quedaba inaugurada la noche de 'La Partida del Trueno’.

Ahora que ha escampado y sale el sol recuerdo especialmente a Manolo. Creo que era el mejor de los cinco y ejemplo para muchos. Manolo se la jugaba de verdad. Para él el compromiso era sagrado y si la causa era justa lo mismo le daba lanzarse contra uno que contra los Cien mil hijos de San Luis. Así es que jamás me perdonaré lo que le hice. Uno aprende tarde, ya muerto, que si en la vida es necesario administrar la sinceridad, lo mejor es ahorrarse alguna verdad para mantener al amigo que vale la pena, mentir en la crítica, o mejor, callar. Y es que a Manolo no le faltaba un detalle, porque también en el amor lo daba todo. La estocada de un florete y un desengaño le dejaron sin el ojo izquierdo. Por eso, al ser el más decidido, entraba siempre el primero en los cafés y en las tabernas y ya nadie de la parroquia quedaba indiferente ante la imagen de 5 poetas encapados, capitaneados por un tuerto ataviado con un parche que tapaba el hueco donde antes miró un ojo, tocado además de sombrero ancho, pues Manolo hubiese sido hoy objeto de fashion hunter, ya que 50 años antes de que el vate Darío atracase en España, él ya lucía ala ancha.

De manera que después de tomar unos vinos en El Parnasillo y en un par de tabernuchas de Ramales y San Nicolás, ya habían llegado a todas las fondas y tabernas de la Plaza Santa Ana noticias de nuestras correrías, incluso algunas falsas: como el día en que se corrió el bulo de que Ramón, el pobre Ramón, con su carita de empollón -venía con nosotros medio engañado porque nos caía bien- se había hecho el muerto en el callejón del Cordón al paso de una calesa en la que viajaba un ministro (jamás nadie supo decir de qué ministro se trataba). Al parecer, según nos contaron con gran algarabía al entrar aquella noche en un Genyies abarrotado, al detenerse el carruaje y avisar el cochero de que un hombre yacía sobre el suelo medio muerto, el ministro se apeó y al agacharse para ver si la supuesta víctima respiraba, Ramón, el pobre Ramón, se levantó de un salto y le espetó: “Así, tal y como ahora mismo me ha visto su excelencia, se ve España merced a su mediocridad.” Por supuesto, nosotros no desmentimos el incidente. Cuando Ramón intentó explicar que en realidad fue el Valdepeñas perfumado con lirio el que le hizo perder el equilibrio al paso de un carro cargado de queso, Pepe, el del bajel pirata, le cogió por el hombro y se lo llevó a la barra cantando a gritos “Morena, ay morena, tienes el sabor de la yerbabuena”, para ponerle en la boca otro vaso de vino.

Ya anochece. Huele a tierra mojada, igual que los recuerdos lejanos, que dejan un aroma húmedo en los ojos, o en la memoria, y hasta dentro del alma. Probablemente mañana descargará de nuevo el cielo y volverán aquellas noches del trueno, que empiezan cuando amaina la tormenta y la luna luce blanca todavía, entre restos de nubes, en donde ahora me parece distinguir el rostro tuerto de mi buen Manolo. Me bebo toda la nostalgia de un trago. Ahora me arrepiento de no haber aprendido a rezar la oración a Santa Bárbara.

Vuelvo mañana
La tormenta del cuadro es de Turner

10 comentarios:

NENA dijo...

Mariano, aunque nos separan muchos años de vida o de muerte, tenemos una abuela en común, que cuando "atronaba" siempre me rezaba la oración a Santa Bárbara, que dice así: "Santa Bárbara bendita, con papel y buena tinta, alabada de la cruz; Padre Nuestro, Amén, Jesús."

NENA

NENA dijo...

Perdón, no te la he recitado bien: Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita con papel y buena tinta,alabada de la cruz, Padre Nuestro, Amén, Jesús.

Ahora sí

NENA

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Gracias por el recuerdo Nena. La oración tiene un punto surrealista. Un abrazo

Margeret dijo...

De lo mejorcito!!!!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

¡Vaya Margaret! Me elegro de verte de nuevo por aquí. Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Pepe, Ventura, Manolo, Ramón, Mariano.. Hasta vuestros nombres evocan lo castizo. Algo que también encuentro muchas veces tras la hermosa "lírica-prosáica" de tus entregas Mariano... y me gusta.
Por estos lares, en cambio, nos dicen que esperemos a ver si llega ó no una nueva "gota fría". Sin poesía.
Besotes. Belén

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Pues no lo pretendíamos. De hecho odiábamos a los manolones, chulapos y chisperos y nos atraía más el estilo burgués afrancesado. Pero a la hora del desemelene parece que no hay manera de quitarse de encima las esencias patrias más casposas. Debe ser que la cabra tira al monte. Claro que los Baudelaires, Rimbauds, Verlaines y compañía también hicieron poco después de las suyas y a todo el mundo le pareció la mar de excitante. ¡Ah la grandeur, la France!
¡Salud Belen!

Anónimo dijo...

Efectivamente, creo que el desmelene sigue las normas establecidas en un código bastante universal... Lo digo para si al menos con esto (y sin ningún ánimo "patriotero" -no mon dieu!-) se nos va quitando algun complejo que otro... Salud Mariano. Belén

Ramon.Eastriver dijo...

Mi última estancia en el Madrid que evocas sirvió, entre otras cosas que no vamos a enumerar aquí, para descubrir que viviste en la calle del Prado (no en el Paseo, sino en la calle), en pleno barrio de Huertas o de las Letras, que dicen ahora. Igual por una cuestión de un cierto fetichismo afectivo (tontería dije... ¿cuál es el fetichismo que no es, en el fondo, afectividad pura?), por lo que fuera, el caso es que reservé un hotel situado al lado mismo de la casa donde viviste con Pepita, donde creo que quedó ella con tu hija Baldomera cuando te marchaste. De hecho en ese viaje descubrí el barrio entero, que tenía paseado pero no a fondo. Me encantó, claro. Y fue una gozada descubrir que la plaza Santa Ana que evocas está en pleno corazón de tu propio barrio.
Luego los poetas, Mariano José. Y esas gamberradas que, siento decirte, han quedado ya un poco trasnochadas. De todas formas, qué bien está que nos puedas contar todo eso porque nos trasladas a ese Madrid provinciano que tanto encanto tuvo (porque no lo vivimos... tú sabes que siempre el encanto de Madrid es un encanto a toro pasado). Salud a ti también.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Efectivamente Ramon, estoy de un poco demodé, Valdepeñas perfumado y absenta: no acabo a acostumbrarme a las pastis,a la coca, al whisky con red bull y al botellón. Debe ser que según el tipo de estupefaciente que te metas, así te sale la gambrerrada. O sea , que hay una relación profunda entre el estilo gamberro nocturno y la denominación de origen; de ahí lo de Pozuelo.
!salud!