
lunes, 26 de enero de 2009
Marías, Obama y La Eesperanza

domingo, 18 de enero de 2009
Biolingüística

Por ejemplo, alguien que al nacer fuese bautizado con el nombre de Edgar Allan por su progenitor, el Señor Poe, no puede ser otra cosa que un genio maldito de la literatura. Quiero decir que, por el hecho de llamase así no puede escapar a su destino; por llamarse Edgar Allan Poe deberá escribir, en el trascurrir de su vida, obligatoriamente, “El Escarabajo de Oro”,“La caída de la casa Usher” ó “El cuervo”. Otro ejemplo, para que se entienda. Alguien que se llame Julio Cortázar está predestinado a unir su nombre, quiera o no quiera, durante su vida y después de su muerte, por siempre, a los Cronopios, a la Señorita Cora, al juego de la rayuela o al mismísimo Poe. Y así con quien pensemos. A mí, por ejemplo, al ser bautizado como Mariano José, no se me permitió escribir un buen poema, o un buen drama, alguna obra postrera, grande y maestra que me permitiese pasar a la historia como el único romántico ibérico digno de ser mencionado. Mi nombre estableció mi destino y éste me ofreció, rácano, cruel, un pobre “Vuelva usted mañana”, un disparo en la sien y el desprecio eterno de Dolores.
Con las cosas pasa lo mismo. Algo que se llame árbol tiene que ser bello porque una palabra tan llana, tan bien acentuada, tan sencilla, con sus dos fonemas líquidos tan bien colocados, no puede ser más que algo que se aferre a la tierra y que viva de ella, y nos dé sombra, y se cimbree con el viento y silbe con sus hojas en las noches veraniegas de cierzo.
Y ahora se me ocurre que todo esto ya lo saben los vendedores de humo desde que el hombre es hombre, desde que la palabra se hizo verbo. Los brujos de la historia, creadores de ilusiones, jefes de comunicación, directores de marketing, artistas de las relaciones públicas, aprendices de Maquiavelo, han conseguido cambiar el destino de las palabras, el destino de lo que contiene aquello con lo que se nombra. La técnica es tan sencilla como perversa, tan efectiva como letal. Se trata de averiguar el genoma de los significados originales, para con él, crear un nuevo embrión, con apariencia semántica similar, pero que desarrollará unas funciones totalmente diferentes y opuestas, de tal manera que una vez puesto en la vida, entre el destino de las demás palabras, elimine al original, como una especie depredadora en otro hábitat.
Para probar esta teoría, no hay más que ver los resultados que han conseguido los ingenieros de la biolingüística, los hechiceros de la tribu, con dos palabras y sus hábitats, con estas dos palabras y todo lo que a su alrededor acontece: Israel y Palestina.
Vuelvo mañana
sábado, 10 de enero de 2009
El tiempo

Hoy, acostumbrados a vivir a cubierto, a 23 grados perpetuos, da la sensación de que occidente es un gran ascensor en el que nadie se mira y donde todos repetimos, como loros de pico corto, que en invierno nieva y hace frío y en verano no. No hay más que ver cualquier noticiero televisado por los ascensoristas sociales: 15 minutos de imágenes con personas caminando entre la nieve y la lluvia y otros 15 minutos de imágenes y palabras huecas sobre la última hazaña del futbolista de moda. O las portadas de los principales periódicos, que día si y día también, nos ofrecen cumplida información sobre la estación del año en qué vivimos, por si alguien alberga alguna duda.
Los inviernos de la Palestina ocupada son fríos y los veranos calurosos. La temperatura media del invierno, en el llamado Israel, es de 23 grados, la misma que en verano. En los hospitales de Gaza los heridos por el terrorismo israelí mueren de neumonía porque no hay cristales en las ventanas y la temperatura en su interior es la misma que en el exterior. Los niños palestinos se mueren de hambre, tumbados como perritos famélicos a las faldas de su mamá muerta a causa de la metralla producida por la explosión de misiles lanzados a las órdenes de Olmert, de Busch, de la Union Europea y del lobby judío. Los misiles son lanzados de madrugada, cuando la temperatura es más baja, aunque también al mediodía, cuando las nubes se retiran, se abren importantes claros y algunos chubascos ocasionales mojan los letreros luminosos de los centros comerciales de Jerusalem, Washington y París. Hace pocos días, llovió sobre una mezquita al norte de Gaza. En su interior rezaban los últimos creyentes del barrio. Al escampar, un misil de los terroristas judíos los descuartizó a todos y esparció sus entrañas por el suelo santo. El día de los Reyes Magos, día de la santa epifanía cristiana, tres cadáveres de niños palestinos aparecieron en todas las portadas de los diarios del mundo envueltos en sudarios tejidos en el mismo territorio en donde Jesús de Nazareth nació entre las nieves mediterráneas y el frío oriental. Oro incienso y mirra. Ese mismo día, al despuntar la mañana, caía una fina lluvia romana sobre la cúpula de San Pedro del Vaticano. Benedicto XVI se levantó de la cama adoselada, corrió la cortina púrpura de la ventana santa, miró al cielo y le preguntó a su asistente si las previsiones del tiempo para ese día prometían sol o, por el contrario, auguraban precipitaciones. A continuación bajó en ascensor hasta el despacho y, allí sentado, con la misma ilusión de un niño inocente, abrió su regalo y sonrió con sus dientes de pastor alemán. Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, el anticiclón predominaba en la costa este americana y un cálido viento, apenas perceptible, peinaba la hierba verde sobre la que Barak Obama mejoraba su handicap al introducir con solo dos golpes la bola en el hoyo 9.
Vuelvo mañana
jueves, 18 de diciembre de 2008
Christmas greetings

En pocos días todo habrá finalizado y recordaremos las luces quincalleras con desdén de viejos.
Al ver las cosas cotidianas con la luz natural, todo nos parecerá, en el recuerdo reciente, muy, muy antiguo. Lejano. Tan lejano que ni siquiera creeremos haberlo vivido.
Y al pensar en las próximas, experimentaremos un vértigo de tiempo que borraremos rápido para sobrevivir a los deseos y a las ambiciones que nos alentarán y nos guiarán de nuevo hacia el armario en donde aguarda paciente el espumillón, la pandereta y el buey.
Para entonces habrá pasado un año y, posiblemente, hayamos aprendido todos a ser un poco más justos
Justicia* a partir de 2009
* "Paz" tiene tres letras y es palabra monosílaba; es fácil de escribir y de decir. Unida a las palabras "en el mundo" forma la frase que mejor pronuncian las candidatas a Miss Universo.
"Amor" tiene cuatro. Es tan fácil de pronunciar y de escribir que la utiliza mucho el Vaticano y los guionistas de cine porno.
"Felicidad" es lo que sienten los banqueros y los grandes promotores inmobiliarios en estos tiempos que corren
Vuelvo mañana
lunes, 15 de diciembre de 2008
Quitameriendas
Hace pocos días, un buen amigo me explicaba que en las praderas frías de la sierra castellana, en un pueblecito ubicado bajo las montañas que unen (o separan) las provincias de Burgos, Soria y Logroño, crece una hermosa flor de pétalos independientes y morados que, unidos, forman el tallo colectivo que la sujeta precariamente a la tierra. Me explicaba mi amigo que la flor empieza a salpicar los prados cuando el verano va tocando a su fin, cuando el otoño asoma por las montañas silbando el viento del Norte espantando definitivamente a las cigüeñas que han anidado sobre la torre de la Iglesia desde mediada la primavera. Quienes mejor conocían esta flor eran los críos del pueblo, o mejor dicho, quienes más la odiaban, porque su aparición era la señal inequívoca, el aviso, de que en pocos días dejarían de disfrutar de los juegos y de las correrías y de las largas tardes del verano al aire libre, que acompañaban de un trozo de pan de hogaza mojado en vino tinto y endulzado de azúcar. Por eso, la flor tiene el nombre de 'Quitameriendas', porque al verla se iniciaba la ineludible cuenta atrás y pronto, antes de lo que los niños se diesen cuenta, se encontraban comiéndose el pan con vino y azúcar al abrigo del fuego de la gloria, viendo como madre desplumaba una gallina en la pica de la fregadera o escuchando toser a padre mientras liaba un cigarrillo.
‘Quitameriendas’ avisaba a los niños de que la mañana se iba a unir a la noche sin tránsito alguno, y de que, más allá de la escuela y de las labores obligadas en el huerto, o con los animales del corral, tan solo les quedaba compartir un mínimo espacio familiar en el silencio del crepitar del fuego, al olor de roble quemado y, al final del día, después de la leche caliente, la cama fría e inhóspita, preludio de un nuevo día exactamente igual al anterior.
‘Quitameriendas’, le decía yo a mi amigo, era, al fin y al cabo, una herramienta pedagógica de primer orden que la naturaleza brindaba, con rigor, a los niños que crecían bajo las montañas de la Sierra de la Demanda.
Vuelvo mañana
sábado, 6 de diciembre de 2008
El tercer día

¿Qué tal Ann? Cómo han ido estos días de fiesta. Estupendo. Me alegro. ¿Yo? Yo acabo el turno mañana. Sí, New York. Estoy en el hotel. Ya sabes, me cambié del puente aéreo hace unos años y ahora me arrepiento. Qué le vamos a hacer. No, pocas novedades, lo de siempre. Pero escucha, te llamo a ver si tú averiguas algo. Encontré el otro día un papel, como una carta, sí, antes de despegar. No, no sé de quién es. Por eso te llamo, porque estoy intrigada. Le estuve dando vueltas al tema durante todo el vuelo y ahora no puedo ni dormir. Sí, chica. ¡Claro! quizá no sea nada, quién sabe, pero quería leértela para que juzgues tu misma. No, no será más que un momento. Mira, oye, oye:
viernes, 28 de noviembre de 2008
Deconstrucción

