¿Quién dijo que los hombres no podemos hacer dos cosas a la vez?: Al mismo tiempo que oraba por el alma obesa del pobre viejo diabético, ponía toda mi atención sobre la rebanada de pan que colocó el camarero sobre mi mesa y, al verla, me puse a pensar en la política, en las ideologías o en las ideas. Los tres son conceptos bien distintos, aunque forman parte de lo mismo. De modo que le pedí ayuda a un magnífico porrón rebosante de vino fresco. Éste, amplio de pitorro, me inspiró la que podría ser, a partir de ahora, el hilván de una nueva teoría global que pondrá fin a la desorientación del hombre moderno y nos indicará el Norte o el Sur, el Este o el Oeste, algo, algún rincón donde ir y donde encontrar un poco de sentido, o en su defecto (si no es pedir mucho) el argumento del capítulo final, para saber, al menos, a qué atenernos.La mejor manera de comerse una buena "llesca de pa de pagès" es tostarla al calor de unas buenas brasas, lo justo, ni mucho ni poco. Después se debe escoger de una rama el más maduro de los tomates rojos, cortarlo por la mitad y restregarlo sobre la rebanada en toda la extensión de la miga, hasta que ésta cambie de color. Antes, alguien, en algún lugar de la casa, ha estado moviendo el mortero dentro del almidez hasta ligar un sabroso all-i-oli. Cuando lo tengamos sobre la mesa dispondremos de una cuchara con la que lo extenderemos a lo largo y ancho del pan que -recordemos- previamente estaba humedecido con el tomate. Ya solamente queda mirar la obra, fraguarla en el paladar y comprobar que nuestra imaginación concuerda con el sabor real del pedazo que nos llevamos a la boca. Habitualmente las espectativas se cumplen y la sencillez esencial del trigo, el tomate, el ajo y el aceite nos proporcionan momentos capitales de pecado que nos delatan como gulafres clandestinos que han permanecido al acecho, en la penumbra del régimen, para vivir y gozar de su momento.
Por eso, como todos nos dejamos llevar por las bondades de la mezcla de sabores compuesta por un par de capas sustanciosas -a priori inofensivas- no reparamos en que, al masticar, lo único original que queda de la rebanada es la corteza, la cual, al crujir y a veces arañar levemente las encías, nos recuerda que estamos comiendo pan.
¿Y la política? Buena pregunta.






