martes, 19 de mayo de 2015

Más allá de los códigos éticos



Llego tarde, ya es tarde. Pero tanto da, porque de poco hubiese servido. He pensado conmigo mismo -que es la única manera sensata de pensar- sobre las cuestiones  de peso que tendría que valorar antes de presentar una candidatura a unas elecciones. Si la respuesta a todas ellas, sin exclusión, es positiva, me afilio, me organizo en un partido político y hago lo posible para que mis conciudadanos confíen en mi como persona de valor en la que depositar su confianza para dirigir la historia durante un tiempo.


Me presentaré como candidato o como miembro de una lista electoral si


1.- Tengo un modelo de sociedad que ofrecer y he pensado el tiempo suficiente en él  como para saber a ciencia cierta que beneficiará a la mayoría de las personas y nos hará a todos mejores.


2.- Si considero, sinceramente, que cuento con talento, formación,  preparación  y capacidad intelectual y  de liderazgo para llevar a cabo ese modelo de sociedad.


3.- Si conozco exhaustivamente los problemas que acucian e inquietan a la sociedad.


4.- Si conozco exhaustivamente el entorno social en el que voy a actuar políticamente.


5- Si el equipo de personas del que formo parte es honesto, audaz, valiente,  sincero y nadie alberga -nadie- otro interés que no sea el de resolver los problemas que angustian a los ciudadanos y conducir las decisiones hacia la concreción del  modelo de sociedad que deseo.


6.-Si cuento con la capacidad suficiente para enfrentarme con éxito -sin  traicionar  mis valores éticos y morales- a otras personas que defiendan modelos de sociedad contrarios al que yo creo.


7.- Si estaré dispuesto a sacrificar, en todo momento, ambiciones profesionales, tiempo de familia, de amigos y de  esparcimiento para llevar a buen término mi proyecto político, que no debe ser otro que establecer el modelo de sociedad que defiendo.


8.- Si seré capaz de decir no a familiares, amigos y conocidos cuando vengan a pedirme un empujoncito para obtener un lugar de trabajo en cualquiera de las administraciones que yo pueda dirigir.


9.-Si seré capaz de denunciar al instante a todo aquel que se acerque a mí para obtener cualquier tipo de prebenda o ventaja a cambio de un pequeño o gran detalle.


10.-Si cuento con la preparación, formación, valentía e  inteligencia  necesaria para enfrentarme con decisión y efectividad a los grandes poderes financieros, religiosos y empresariales.


11.- Si no espero más sueldo por mi labor que el que pueda percibir cualquier trabajador medio del país.


12.- Si estoy dispuesto a dejar mi actividad política después de 8 años, a lo sumo, sin otro seguro laboral que mi propia capacidad, mi formación  y mi  preparación, único recurso  con el que contaré para reincorporarme de nuevo a la vida laboral.


13.- Si seré capaz de reflexionar en profundidad sobre las verdaderas motivaciones que me impulsan a tomar la decisión de presentarme a unas elecciones y  no hallo  ningún atisbo de vanidad en ello.


Y, finalmente, y no menos importante:


14.- Si seré capaz de reservar un par de horas a la semana para ir a comprar al mercado, paseando, con mi carrito de la compra.

11 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Amén, amigo Hablador!
Esta es una desiderata que suscribo de la A a la Z, pero, ¡ay!, me temo que no están por la labor. Nadie,

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

No, no estamos por la labor Juan
¡Salud!

Babe dijo...

Propongo tatuar a los políticos con estos catorce mandamientos y además...algo mucho más sádico, cumplirlos.
Un abrazo, :)

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Propuesta aceptada.
Si embargo, Babe, creo que es antes de convertirnos en políticos cuando nos los deberíamos tatuar
Abrazos !!

Hostal mi loli dijo...

Voy a aprendérmelo todo muy bien jajajaj. Un abrazo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Loli, es tan de sentido común que no hace falta memorizar nada. Ocurre que el ejercicio de la política está tan denigrado, que cualquiera se ve con talento y capacidad para representarnos
¡Salud!

Belén dijo...

M'encanta. pero ¡ay! los "relativismos morales" a los que recurrimos mucho, incluso sin ser políticos... siendo político creo que se convierten en "lugares comunes" como los tópicos (dijo alguien que éstos últimos son hijos de la pereza intelectual y hermanos del prejuicio -por otra parte tan comunes no solo en la clase política sino en nosotr@s... Pero bueno, olé por tu sentido común...
Un beso enorme.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Belen, creo que buena parte de las causas que han generado este estado de las cosas, el descrédito de las voces contestatarias, el tsunami neoliberal que padecemos desde hace ya más de 20 años, gracias al cual se ha aniquilado la conciencia colectiva social que surgió después de la II Guerra Mundial, buena parte de las causas-decía- se debe precisamente al relativismo moral de la postmodernidad, al respeto estúpido y estéril a todo pensamiento e idea en aras de una falsa democracia que solamente ha beneficiado al gran poder y que ha comnvertido al trabajador en un huérfano ideeológico y al empresario o al señor/a que hace dinero en un emprendedor/a digno de admiración. Susan George o Tony Judt son dos pensadores que desarrollan este tema en su obra de un modo muy lúcido


Hoy veo resultados electorales y parece que algo quiere cambiar.

Ya veremos en las generales a ver lo que pasa ¿Seguirá siendo el PP la fuerza más votada? Yo me exilio, interiormente, porque no tengo para más

Abrazos!!

Anónimo dijo...

John Kennedy Toole, en su única y genial novela "La conjura de los necios", nos cuenta cómo un chiflado organiza a un puñado de tontos, brutos y marginados sociales para subvertir el orden del sistema y así poder él gobernar el mundo a sus anchas. Pues bien, parece que algunas listas electorales municipales de los últimos comicios han sido compuestas por el protagonista de aquellas páginas hilarantes. La diferencia estriba en que, en este caso, el hecho es aterrador porque no es ficción y porque los necios, a diferencia de aquellos de Toole, no quieren cambiar el sistema, sino entrar en él legítimamente para poder combatir su propia miseria (que un sueldo del ayuntamiento nos saca de pobres, oyes). Mientras, a los buenos, a los que siguen "los mandamientos" a rajatabla, no les queda otra que retirarse a llorar o interpretar los resultados electorales con esperanza: venga, que ahora sí parece que esto cambia, va, que sí...
(PS: Yo he optado por la segunda opción, que conste. Vaya toda mi confianza a los "necios" que llevan los mandamientos a rajatabla, que este comentario va de otra cosa).


El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Anónimo, lo explicas muy bien. la literatura y la ficción siempre explica la realidad mejor que cualquier análisis objectivo.

Al hilo del libro del que hablas, recuerdo también una novela absurda de Steimbeck "El breve reinado de Pippino IV" en la que ya en 1957 pone en la picota a las democracias occidentales y a sus sistemas de elección de representantes. Como los partidos no llegan a un acuerdo, consensúan la restauración de la monarquía en Francia (!!) y escogen como rey a un pobre hombre, un noble tranquilo venido a menos, porque tiene un parentesco lejano con una rama de los Absburgo. Es descacharrante
¡salud anónimo!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Perdón por las erratas de 'picado'