martes, 23 de noviembre de 2010

Anatomía Forense (VI.Las manos)


Cuando estoy cansado me froto la frente. Con ese gesto pretendo provocar la desaparición de una preocupación, el alivio del cansancio tras una vigilia, la evocación de un recuerdo, o la invocación desesperada a la epifanía de una idea que a veces exijo, a gritos, a la inteligencia interrumpida. Entonces, en cualquiera de los casos, como nada de lo deseado se produce, abomino de mis manos pequeñas enramadas en dedos delgados que se posan sobre todas las teclas del abecedario acechando cualquier sospecha de movimiento por si surge de alguna de ellas un leve brillo, una mínima señal, el guiño de una insinuación. Cuando estoy a punto de perder la paciencia distraigo la frustración y la evidencia pensando que las líneas de mis manos -lo larga que se puede hacer la vida, la brevedad de la muerte, el monte de Venus, sus intersecciones de arrugas quirománticas en vértices de piel- traspasan al teclado su significados ocultos, y la magia se produce. Pero nada de eso ocurre porque, a menudo, acabo por levantarlas, las cierro en dos puños ridículos, golpeo la mesa y, casi de inmediato, vuelvo a abrirlas en dos palmas encarnadas sobre las que cargo el peso derrotado de mi cara tragicómica de pánfilo impenitente.


Delante de un fondo oscuro aparece, en pie, como surgido de la mina profunda de la historia, un hombre vestido con camisa negra, abrigado con una chaqueta de punto gris que mira de frente hacia quien quiera, o pueda, o consienta aguantar una mirada que, bajo la frente amplia y pétrea, da la sensación de haber sido arrasada por el tiempo y la fatiga, endurecida por el frío y el salario, olvidada de toda bondad, descanso o alivio, abandonada a su suerte, al instinto, al coraje y a la resistencia. Es el rostro de la miseria, de la desgracia y de la explotación; y también el trazo del rostro con que se dibuja el límite de todo hombre, quien llegado el momento dice basta y se rebela contra quienes diseñaron su destino. Ese hombre que mira hacia delante por no recordar que jamás experimentó el más breve y prosaico instante de felicidad, es el peón de albañil Luis Romero, natural de Alcalá la Real, lugar en donde vino al mundo en el año de 1931 y a quien la postguerra, la miseria y el hambre llevaron a Terrassa, ciudad en la que vivió y trabajó durante años colgado de precarios andamios, sucio entre barro y morteros, a la intemperie del patrón, del amanecer helado y del sol abrasador.


Luis Romero es el obrero que apareció fotografiado en el primer cartel electoral del recién legalizado PSUC, con el que este partido empapelaría todas las paredes del cinturón rojo barcelonés en las elecciones de 1977. Luis Romero, aunque por su aspecto semejaba estar próximo a los sesenta, tenía 46 años en el momento de ser fotografiado, y pasó a formar parte de la historia iconográfica política y social del país porque su imagen es el prototipo de obrero con el que su clase debía identificarse. El elemento protagonista y alegórico del cartel fueron sus manos: las manos del trabajador, del proletario. Grandes manos, fuertes, resistentes, consistentes; dos grandes palas invencibles; manos creadoras, mitológicas, hercúleas, curtidas y endurecidas a base de levantar pesos desproporcionados, inhumanos; de manipular materia lacerante que hiere la piel y la deja ajada, cuarterada, como tierra muerta sobre la que no llueve. En la fotografía, las manos de Luis ocupan el espacio central, y flotan en la única zona iluminada. Las muestra al elector hacia adelante, de tal manera que las palmas contienen la claridad que ilumina la imagen, ejerciendo de luna, o de sol, pero sumergiendo a los dedos en un claroscuro casi tenebroso del que solamente se distingue las yemas curvadas hacia el cielo, porque Luis ya no podía mantener la mano extendida, o porque adquirieron voz propia, gesto propio, y en su voluntad de contárselo al mundo decidieron amagar el cierre en dos puños, o imitar la forma de la garra del oso antes de iniciar una lucha sin cuartel, desesperada. En el cartel, sobre la imagen de Luis Romero, el PSUC escribió el lema: “Mis manos: mi capital”.


El mismo año en que las manos de Luis Romero solicitaban el voto de los trabajadores catalanes, el gran escultor Eduardo Chillida cumplía un sueño largamente perseguido e instalaba en un promontorio rocoso de la playa de Ondarreta, aneja a La Concha donostiarra, su celebérrimo Peine del Viento. Aunque jamás se conocieron y ninguno supo jamás nada del otro, me resulta sugerente imaginar a Chillida paseando por Barcelona, reflexionando meditabundo sobre el concepto leonardino de la mano pensante como cerebro creador; o recordando cómo, al poco de almacenar decenas de dibujos realizados al inicio de su carrera, concluyó que si dibujaba tan rápido y le resultaba tan fácil, aquello no podía ser arte, y fue entonces cuando decidió ponerse a pintar con la mano izquierda, atándose la derecha antes de empezar , porque "la sensibilidad, la mente y la emoción van por delante de la mano, que hará lo que yo le diga que haga, obedeciendo, y no mandando".


Así caminaba y evocaba Chillida en sus recuerdos el nacimiento de su vocación cuando, de repente, en un momento inesperado, azaroso, por culpa de un claxon, del silbido de un joven, de la llamada de alguien a gritos, o de un soplo de viento leve que acompaña al fulgor incierto de la salida del sol entre las nubes, Chillida levantó la cabeza y salió de su ensimismamiento y se encontró frente al cartel en el que Luis Romero muestra las manos. Al verlas, el escultor se detuvo, y arqueando las cejas, con atención fruncida, las contempló durante unos minutos y recordó la lucha por la doma del hierro; también la suavidad de la madera tallada, o la textura de las tierras que amasó y de las que surgieron formas que ahora le pertenecen al espacio, y otra vez el gran Leonardo sujetando día tras día el pincel en la mano, sin pintar, solamente pensando, hasta que llegaba el momento en que la creación se gestaba definitivamente en el cerebro para que, a continuación, la mano pensante actuase, sola, obediente, certera...


Instantes después, cuando Eduardo alzó la vista para observar por completo el cartel, y al ver que el dueño de aquellas manos le miraba con ojos que parecían surgir de una oscuridad triste y paciente, se percató de que, en realidad, aquel conjunto que en ese momento le exigía atención era la mismísima imagen de la creación, porque aquellas manos expresaban a gritos una obra por hacer. “Soy un hombre que trata de hacer lo que no sabe hacer” recordó que dijo un día. “El arte está ligado a lo que no está hecho” siguió recordando, y sin esconderse de nadie, a la luz gris de aquella mañana húmeda en Barcelona, Eduardo Chillida despegaría de la pared, con sus dos manos de artista y con cuidado exquisito para no rasgarlo, el cartel electoral en donde Luis Romero expresaba con sus dos manos de obrero un deseo incontenible de crear algo nuevo.


Vuelvo mañana

24 comentarios:

fiorella dijo...

El hacer creativo, el trabajo como fuerza creadora, un post decididamente escencial. Me gusta tu mano adornada, sos diestro...y yo siniestra,ajajajaja,zurda.Un beso.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Sí Fiorella, y además algo muy importante: la creación de algo nuevo. Hemos tenido oportunidades durante el XX, y las dos las hemos perdido, en el 36, y a lo largo de nuestra cacareada democracia contemporánea. Todo está, todavía, por hacer.

Soy diestro, como los toreros... Y tu lo que eres es una roja ;). Los siniestros son, por ejemplo, los que esconden sus apellidos detrás de "los mercados"

¡salud Fiorella!

Belén dijo...

¡viva la res...pública!!!!

Anónimo dijo...

Tu mano es un escaparate y una bandera.Mano de albañil no tienes,más bien sería de señorito.L.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Que viva, que viva, Belen (Ojalá estuviese viva)

¡salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

L
Tienes razon, aunque esas manos cargaron, aguantaron y se comieron lo suyo, (lo necesario para saber que me tenía que buscar la vida) ahora son manos insignificantes al lado de las de Luis Romero.

Con lo de "escaparate" te has pasado un par de pueblos

¡salud!

Anónimo dijo...

Puede que me haya pasado un par de pueblos pero comprándolas con las mías que no llevo ni pulsera ni anillos,ni reloj pues eso.L. Y Salud.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Be free , dear L, be free, but me too

¡Salud!

NENA dijo...

Una mano fina y delicada; pero, qué misterios esconde? puede ser que con sus movimientos sobre el teclado haya querido manipular sutilmente alguna idea o pensamiento que se antojaba equivocado o pernicioso?

Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula.
John Kenneth Galbraith (1908-2006) Econonista estadounidense.


Un beso, NENA

Ataúlfa Braun dijo...

¡Me ha encantado! Así de claro. Mostremos todos las manos, porque hay mucho por hacer en todos los sentidos. La creación de lo nuevo (todo un tema, mi querido MJ)siempre es vista con extrañeza. Pero mejor situarse cerca de la vanguardia, ¿no?
Fíjate en la diferencia de la imagen de los carteles electorales, en referencia a los tiempos de Luis Romero. Ahora ya nadie enseña las manos; están demasiado sucias, pero no de cemento, de cal y de barro, sino de la cocaína que impregan los billetes que de mano en mano van, y sólo unos pocos se los quedan (me ha quedado muy coplero, esto).

¡Salud compañero!

PD.: magníficos colores los que ornamentan tu muñeca de resucitado.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Nena
Bueno, delicadada delicada no mucho. Tiene sus quilómetros hechos y sus quilos cargados, pero vamos, no me voy a quejar. Tengo manos muy próximas muy pareccidas a las de Luis Romero. Lo que esas manos esperan es que aparezca la musa y las mueva en el teclado, y que escriba con ellas lo que quiera, pernicioso, o no, pero que escriba

La frase de Galbraith está muy bien. Sin embargo en estos tiempos ocurre algo muy curioso: que sabemos que nos engañan, cómo nos engañan y quiénes nos engañan , y seguimos tan panchos.

¡Salud, besos y recuerdos a la familia "mágica"!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ataúlfa
Ahora nadie cree que pertenece a la clase de Luis Romero, aunque se mire las manos y las tenga peor que él. Y lo que está por crear es el sueño de una sociedad libre de explotación. Ese es el proyecto creativo que expresan las manos de Romero, esa es la obra maestra por hacer de nuestra clase.

¡Salud Ataúlfa!
(hoy sí te he puesto el acento. Me he dado cuenta de que nunca lo escribía)

NENA dijo...

Todavía no has encontrado a tu musa............?( no me lo creo...) Yo no escribo como tu, pero hace años que ya encontré a mi "muso"............


Abrazos, NENA

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

A mi amor sí que lo encontré, hace ya un cuartito de siglo.

Mi musa es otra cosa, anda por aquí, de un lado a otro, pero como ve que soy bastante torpe, y cobarde, se cansa y no me aguanta más de un par de folios

¡Salud Nena!

Ana Rodríguez Fischer dijo...

¡Tan sugerente siempre, Hablador!
Me río de algunos políticos, cuando manejan sus manos como soplillos.
Me río de ellos ahora que nos invaden con sus... lo que sea.
Cuando me cuesta maanejar mi mano derecha (que entrará en quirófano el día 1), y por eso...
Kisses!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Reir por no llorar ¿verdad Ana?
Espero que sea algo leve y te vaya bien la operación. La izquierda mantenla a salvo y cuídala mucho, que pintan bastos.

¡salud!

Ataúlfa Braun dijo...

¡Qué bonito proyecto el de Luis! A ver si lo conseguimos algún día.
Y por lo del acento no te preocupes, a ti te lo permito porque eres revoltoso ;))))

¡Salud!

Eastriver dijo...

Siempre resultas poético cuando tratas de convencer con las sugerencias... Sabes que te prefiero así, contundente pero poético. Nada ha cambiado: sigues escribiendo muy bien y creo que sigue siendo posible crecer a tu lado. Gracias por los textos y por dejar respirar a la gente, y por respetarles. Una abraçada.

Juan Negro, investigador privado dijo...

La de las manos es una imagen muy del siglo XX. Habría que buscar una imagen más acorde con los tiempos y con el título de tu blog. Quizá el teléfono móvil, que se usa con la derecha y la izquierda o ambas a la vez y es capaz de sacar callo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ataúlfa, ojalá podamos verlo.
¡salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ramon
No entiendo lo que dices sobre dejar repirar a la gente, y sobre respetarles. Parece como si me hubiese pasado la vida entera atormentando al mundo con mis ideas y ahora, de repente, como un San Pablo de la bologosfera, hubiese visto la luz.
No se...

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Juan
Soy analógico de nacimiento y digital por imperativo laboral. ¡Qué la vamos a hacer! Parecería que este blog es muy coherente con su formato porque solamente tiene foto y texto, pero es que no sé hacer más cosas, me produce pavor, miedo a que todo se desmonte de repente y me quede paralizado antes códigos que no entiendo y letras a diestra y siniestra, desbocadas, sin concierto. Es la pega de haber nacido en el XIX.

Salud
PD: A ver si te prodigas un poco en tu blog. Debes tener muchos casos que resolver. No me extraña, si vives en Madrid ;)

Anónimo dijo...

Cuando tu me diste la espalda ellos me la dieron también,ahora tu eres la oveja negra y ellos van de perdonavidas,prefiero la oveja negra a un rebaño de corderos.L.

Juan Negro, investigador privado dijo...

Tienes razón, tengo algo desatendido mi blog, pero es por falta de tiempo, no de ganas. Las investigaciones realmente pueden llegar a ser absorventes y es lo que hay, que uno ha de ganarse el pan. Pero no vivo en Madrid. Lo digital... bueno, detrás de lo digital no hay más que una estricta sintaxis, y, para alguien que domina la del lenguaje natural, no debería de ser muy complicado descubrir los secretos de los lenguajes formales. Un saludo.