jueves, 18 de marzo de 2010

Las voces de dios


Cuando tengo que viajar en avión y entro en el paréntesis de los aeropuertos siempre pienso que lo más parecido que debe haber a la voz de dios es la que se oye a través del sistema de megafonía. Una voz divina, atemperada, cordial, que surge insondable desde todos los rincones y al mismo tiempo de ninguno. No es la voz del Yahvé dentro de la zarza ardiendo, ni el vozarrón que debió dictar un día muy lejano los 15 mandamientos (Una teoría del gran Francisco Casavella dice que, en origen, fueron 15 los mandamientos que Dios dictó a Moisés, pero que en el trayecto hacia donde le esperaba el pueblo elegido, una de las tres tablas se le cayó y se quebró y sus pedazos se quedaron tirados en el camino, porque Moisés no podía con el peso de las tres, con el peso de la ley, de la ley de dios). Digamos que la voz del aeropuerto es una voz meramente descriptiva, que cumple estrictamente con una sola función del lenguaje, políticamente muy correcta, y muy adecuada a los tiempos que corren, pues a veces es masculina y otras femenina. El papa, los ayatolas y el supremo rabino del mundo deberían aprender cómo a través de una correcta modulación, del control del matiz, del timbre, de la atemperación y, sobre todo, del grado de utilidad de lo que se dice, una frase masculina o femenina dicha en el momento y en el lugar oportuno es capaz de ordenar y dirigir los destinos de millones de personas cada día sin que nadie diga ni mu ni se cuestione la existencia del ente que desde el momento en que entramos en un aeropuerto gobierna nuestros destinos.

El caso es que cuando espero a que se anuncie mi vuelo, mientras hojeo revistas en el quiosco, tomo café, miro escaparates con productos que jamás voy a comprar o le invento historias a la gente que espera junto a las puertas de embarque, me da por imaginar el aspecto que debe tener el dios y la diosa que cada minuto nos ordena y nos dirige con sus instrucciones precisas. Lo primero que me viene a la cabeza es que siempre oímos la misma voz y entonces me convenzo de que quienes hablan pasan toda su vida en un lugar determinado que nadie ni nunca sabrá donde se encuentra, excepto un par, o quizá sean tres, de individuos con mucho poder. Después intento hacerme una idea exacta de cómo son, o de cómo llegaron a ocupar un puesto tan privilegiado. Y es bien curioso porque la imagen que me formo de estas dos divinidades es bastante prosaica, más bien doméstica; es la imagen de un par de dioses de andar por casa. Los veo como el matrimonio que un buen día, recién casados, leyó un anuncio en el periódico en el que alguien, no se sabe bien quien, escribió “Se necesita matrimonio bien avenido, formal: se ofrece trabajo bien remunerado, estabilidad garantizada. Trabajo a desarrollar dentro de vivienda totalmente equipada. Sueldo acorde con cumplimiento de objetivos. Inglés hablado y leído. Se requiere voz divina y dedicación eterna. Razón AENA”. Y entonces la pareja decidió dar un giro a sus vidas y aventurarse, y ahí están, en su humilde loft aeroportuario, día y noche, junto a su cocina con los platos sin fregar, la cama desecha, como un farero junto al mar, dibujando con la luz de su voz los embarques, las cancelaciones, las salidas, las averías, las llegadas y los avisos urgentes a los impuntuales de siempre -cómplices involuntarios del azar caprichoso- que modifican con su retraso en el embarque la sucesión de los acontecimientos que nos está reservada desde siempre, desde antes incluso de que compremos el billete. Y esto último los dos dioses lo saben bien. Por eso, si aguzamos bien el oído, en estos casos se puede percibir en el aviso cierta vehemencia contenida. Es en la única ocasión en que se lo permiten. Por lo demás, no sería difícil tirar del símil del vuelo como metáfora de la vida, o del aeropuerto como metáfora del mundo, pero creo que nada está más lejos de la intención de estos profesionales, porque como buenos dioses que son, creen firmemente en el libre albedrío, y una vez dentro del avión, que cada cual se las componga como pueda.

Finalmente, dada la trascendencia de su función, dudo mucho que a la pareja de voces se les permita ver a ningún pasajero. Sería nefasto. Su labor requiere absoluta impersonalidad. No se puede admitir ningún tipo de devaneo afectivo y mucho menos propiciar que alguno de los dos se encapriche de algún viajero y se le beneficie con ciertas ventajas que pudiesen provocar agravios comparativos. De ahí que a veces haya llegado a especular con que su lugar de trabajo en realidad puede estar situado en Ceuta, o en Melilla, o en Bombay, y que en una gran sala cerrada, en la gran central del destino, en donde se distribuye pòr todo el planeta la voz de centenares de dioses como ellos, se anuncian en mil idiomas con sus timbres aterciopelados, durante todos los días y todas las noches del mundo, los futuros encuentros, las rutinas, las incertidumbres, el instante único y preciso en que hombres y mujeres de procedencias infinitas se ponen en pie, enseñan su billete y se disponen a volar al lugar y al momento que probablemente ellos mismos han elegido.


Vuelvo mañana

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo me los imagino eunucos.Muy buena entrada,no parece tuya ,no por lo de buena o mala ,sino por el tema y por el sentido del humor que te va en aumento.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Asepsia. Es lo que hay. Ponle las derivaciones oportunas (fonéticamente hablando).
A.

Isabel Martínez dijo...

Nariano, "el paréntesis de los aeropuertos" te ha inspirado divinamente (no podía elegir mejor término). El determinismo o, si se quiere, el destino inexorable suena en los altavoces y parece que nos nombrara, a veces para un viaje conocido, a veces para un viaje a ninguna parte.

Me ha gustado especialmente, pero mucho, tanto como aquél que recuerdo de las tres velas de Larra.

Salud, amigo Mariano.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Anónim@
Eunucos, sí, es posible, porque para qué lo quieren, siempre al pie de micro.

Y hombre anónimo, no es que sea unas castañuelas, pero en alguna entradilla si que me he soltado el pelo. ¿no? (je, je)

¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ana
Asepsia en la voz, sí,quizá sea esa esa la palabra que mejor las defina, pero una asepsia que tiene mucha tela, que genera consecuencias, en nuestras vidas nada menos. Es decir, una asepsia premeditada y alevosa

¡Salud Ana!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Isabel,
Así es, todos sometidos a lo que digan las voces, siempre las mismas voces, y todos obedientes, en fila, a buscar nuestro destino determinado.

Me alegro mucho de que te haya gustado. Yo he disfrutado mucho escribiéndola. !Qué recuerdos de las noches en vela!... Que por cierto, escribí a mediodía...

¡Salud Isabel!

Anónimo dijo...

Se me olvidaba preguntarte por una cosa,lo que dices de los cinco mandamientos que según Francisco Casavella faltan,tengo curiosidad por saber cuales son,si lo sabes,por favor ,dime cuales son.Gracias.

Margaret dijo...

Desgraciadamente en una etapa de mi vida, el aeropuerto se ha convertido en mi segunda casa. Digo desgraciadamente, porque a mi me pasa lo que a todos los falsos viajeros ( estilo Baroja): al principio te hace mucha ilusión, y luego acabas hasta los.....
Bueno, sólo decir que si algo no he acabado detestando son esas voces "divinas". Siento debilidad por la dicción perfecta, la entonación, .... y para mi, esas son las voces de la perfección lingüística.
Salut amigo!

NENA dijo...

Los aeropuertos no son destino de mi agrado, es decir, hace 12 años que no los visito.

Y sobre las voces, como díría el chiste de Eugenio: "Vale, pero......¿qué hay alguien más?

Un abrazo, NENA

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Anónim@
Pues ahora mismo no sabría decirte. Creo que es cuestión de ponerse a pensar y seguro que sale el origen de algunos de los 7 pecados capitales, que fueron como una segunda edición de los mandamientos, corregida y aumentada.
¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Margaret (¡¡quién diablos serás!!)
Paciencia con los aeropuertos. A mi me parecem lugares especiales, lugares en los que me da la sensación de que la gente deambula ligera de problemas, como etérea, como si fuera consciente de que no se encuentra en ningún sitio concreto. Quizá es porque no los frecuento demasiado.
Las voces divinas, al fin y al cabo, nos hacen compañía y de alguna manera también nos proporcionan seguridad. Parece como si de verdad alguien estuviese siempre atento hacia nosotros.
¡Salud Margaret!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Nena,
Je, je, ese chiste ya es un clásico y le va que ni pintado a la voz divina de la megafonía, porque una vez que uno embarca, amigo, ahí ya estamos en manos de un ser humano que se supone que sabe hacer volar el aparato, y entonces...
¡Salud!

Anónimo dijo...

Espero no oir esas voces nunca,no quiero montar en avión,me niego,me parecerían una burla,la voz tan tranquila y yo muriéndo de miedo a volar.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

A mi me ocurre otro tanto, Anónim@. Soy el único que mira a la azafata cuando empieza toda la coreografía del minicursillo inútil de gestos de seguridad en un extremo del avión. A veces, hasta se ríe.
¡Salud!

Anónimo dijo...

Creo que esas voces podrían salir de un monstruo con dos cabezas y un cuerpo deforme,pero dotado de una gracia divina,la de tener voces bonitas y encantadoras,voces hipnotizadoras, y el monstruo está ciego y encerrado en una torre del aeropuerto ,y habla lo que lee en braile ,y se oye claro está por los altavoces del aeropuerto.. Nadie sabe que existe ,sólo el que los cuida y alimenta . Una cabeza es femenina y otra masculina. Cosas raras ,debido a alguna mutación genética lo más probable.

Ramon.Eastriver dijo...

Es que un aeropuerto es como un pequeño mundo, efectivamente. En la época clásica del cine existía un subgénero que se conocía como comedias de aeropuerto: al final los protagonistas separados por los azares diversos se topaba en uno de los pasillos infinitos. Cómo terminaba la peli ya era otra cosa porque como en la vida misma todo puede continuar bien o continuar fatal.

Me ha divertido enormemente tu entrada tan fantasiosa: es casi un artículo de Camba. Hoy has sido un Larra cámbico, o cambeano, o yo que sé, pero divertido e ingenioso. Qué delicia tener mujer hermosa, algo dejada y muy indolente, y un loft aeroportuario con la cama deshecha y una habitación con los ordenadores y los micrófonos. Ser un Dios doméstico y aburrido. No tener que salir nunca, nunca coger aviones, tenerlo todo en la casa y saber disfrutar sin viajar y sin comprar y sin pasear. Un gran abrazo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

No es muy de mi gusto Julio Camba, pero se agradece el cumplido Ramon.
Y es verdad, no hay nada como el desorden del hogar, la sensación única de que uno está en el lugar donde hace lo que le da la gana, en un espacio que podría recorrer con los ojos cerrados, al abrigo del calorcito y de los olores que le son propios, familiares. Un día podría escribir sobre los olores del hogar, una de las huellas digitales que nos hacen singulares unos con respecto a otros.

Una cosa Ramón, ¿lo de la mujer hermosa e indolente y la cama sin hacer tiene algo que ver?

¡Salud Amigo!

viu i llegeix dijo...

genial l'apunt! sempre he pensat que els aeroports són la demostracio de que la fe existeix, ja que , no es necessita fe per seguir una veu que dirigeix el teu destí ?

A mi m'encanta la veu del que diu " please do not leave your luggage unatended"
I el que és collonut és que als aeroports totes les veus són divines, però a les etacions de tren.... no hi ha deu que entengui res, serà que la renfe és negociat del dimoni?

Belén dijo...

"...la gran central del destino..." no se por qué, pero es la expresión que según terminaba de leer, un poco a la carrera, tu entrada de esta semana, se me ha quedado grabada, y se me ha quedado también una sensación de "quasi" ingravidez a la que no le doy la vuelta!!!!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Viva Lectora
Està be el sofisma que escrius: si tenim fe de que tenir fe és inútil,per tant, la fe existeix.

Quan a la frase que poses com exemple és una feliç casualitat perquè a mi em pasa el mateix amb la frase de l'equipatge. És una mena de 'sonsonete' (no sé com dir-ho en català) que ens acompanya l'espera. A mi m'agrada també molt un altra que diu: "Passangers procedure, gate number..."

I de les estacions de tren... Mira, en aquesta entrada de la que parlem anava un apartat, una mena de coda a la que feia referència a les veus de RENFE, però la vaig suprimir perquè li treia el sentit que li volia donar a les veus de deu. Potser aprofitaré la idea per a una altra entrada
¡Salut N.!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Así es Belen, la gran central del destino. Cualquier lugar desde donde las personas se alejen de su espacio habitual es una central del destino. Sales o llegas y...

Yo me siento ingrávido cuando viajo, como entre paréntesis. Por eso el viaje me resulta placentero

¡Salud Belen!