lunes, 27 de agosto de 2012

La maldición de Josep Pla (y 3)


La verdad, una vez vacunado y debidamente inmunizado contra la maldición de Josep Pla, no es que me queden muchas ganas de cumplir con mi compromiso público de la entrada anterior . De hecho, no escribir esta última entrada dedicada a “El quadern gris” supondría un homenaje a su autor, porque contradiría mis deseos de hace tan solo unos días. Supondría también una traición parecida a las que perpetró el genial empordanés, sobre todo para conmigo mismo. Aunque bien mirado, y en justicia, lo único que nunca traicionó Pla fue su compromiso con la literatura, con las letras. Su cuerpo y su alma, a falta de otros placeres, a falta de una garantía de salvación eterna, a falta de amor y del perdón de los pecados, juraron fidelidad y dedicación exclusiva, hasta más allá de la muerte, para con el solitario y esforzado arte/oficio de escribir.

Hasta el punto de que, siendo apenas un mocoso, tal y como se desvela en su obra más conocida, diseñó su vida en función del cumplimiento de su ambición, de sus objetivos; una estrategia con la que bien temprano empezó a cosechar éxitos y que a la postre le resultaría tan efectiva y eficaz que le reportó un hueco en el Parnaso.

Mi nariz de perro perdiguero, que nunca ha salido de la caseta del jardín, me dice que fue el mismísimo Eugeni d’Ors quien le inspiró la manera de pergeñar su carrera; un Eugeni d’Ors de quien, por cierto, reniega en las primeras páginas de “El quadern gris”, pues no era de su gusto la artificiosidad artística de sus piezas periodísticas. No obstante, al año siguiente, Xènius será para Pla la luz que ilumine el camino. En 1919 Pla escribe sobre d’Ors: “ És un home cada dia dominat per la seva màscara- una màscara aparentment accesible; de fet diabòlicament hermética.” (És un hombre cada dia dominado por su máscara- una máscara aparentemente accesible; de hecho diabólicamente hermética). Pla, que las cogía al vuelo sentado en los sillones de las tertulias del Ateneo, observaba a distancia prudencial la gran admiración que todo el mundo profesaba a Eugeni d’Ors y, viéndolo, aspiraba a ganarse la vida como él, escribiendo, a ser convenientemente honorado, y de paso, a  vivir como un rey. Así es que, una tarde del otoño barcelonés decidió que, a imagen y semejanza del benplentat, dibujaría para sí su propio personaje y llevaría a cabo el siguiente plan, comprendido en siete fases:

-Fase 1: Aprender a escribir, siguiendo los consejos de Alexandre Plana.
-Fase 2: Introducirse en los círculos de influencia de la burguesía barcelonesa.
-Fase 3: No desatender jamás los deseos de los poderosos y no contradecir nunca a los opinadores, voceros, articulistas y artistas bendecidos por el poder.
-Fase 4: Hacer a diario acto de fe de pertenencia a la burguesía más conservadora y reaccionaria, disimulando extremos y vehemencias cuando las circunstancias así lo exijan. En paralelo, y en consecuencia, ostentar siempre que sea menester, beligerancia indudable contra cualquier movimiento, ideología, o actividad susceptible de conculcar el orden burgués establecido.
-Fase 5: Diferenciarse. Crear una marca propia que ofrezca lo que nadie ha ofrecido. Para lo cual será necesario el diseño de un personaje perfectamente identificable cuya silueta sea alumbrada por un áurea diametralmente opuesta a la luz de sofisticación con la que se iluminó Eugeni d’Ors.
-Fase 6: Alejarse siempre y en todo lugar de los pobres. Mantener para con esa lacra social una distancia de seguridad. Siempre que se respete esa distancia, a veces, si conviene, se puede hablar de ellos.
-Fase 7: Cultivar hasta la extenuación un estilo propio, una literatura de alta calidad, con el fin de "conseguir alguna forma de belleza", buena vida, honores, querencias y la inmortalidad, y, por qué no, para que el respetable remilgado, con reparos y prejuicios éticos o ideológicos obvie el contenido y las consecuencias originadas instantes después de que se  pongan en práctica la media docena de preceptos anteriores, y termine así el lector por convertir en aceite su obra literaria por encima del agua de sus perversidades.

Dicho lo cual, y con el objetivo de dotar de cierto rigor esta insostenible hipótesis, nada mejor que utilizar su misma obra para consignar lo que algunos, ya entonces, en los primeros años de su andadura, pensaban sobre él: “Josep Mª de Sagarra m’ha dit a mi mateix que jo soc un home fals” (Josep Mª de Sagarra me ha dicho a mi mismo que yo soy un hombre falso).



Y claro: después de 15 días de lectura apasionada, de arrastrar como si fuese un Sísifo el pesado volumen de “El quadern gris” a través de los bares más cutres de la Costa Dorada, de invertir media Moleskine (al precio que van) y de restallar mi látigo ignorante durante casi 20 folios a doble espacio… después de todo eso, alguien dirá, y con razón, que algo habrá en lo dicho de exageración premeditada, juicio sumarísimo, o lectura desviada, porque de literatura bien poco he escrito.

Alguna cosa sí he dicho, pero debe de haber tanto y tan bueno al respecto que me produce vértigo y pudor ponerme a hacer crítica en el más academicista sentido de la palabra, o ni tan siquiera simular que puedo aportar algo nuevo, diferente y con el mínimo rigor. Se me ha ocurrido que podría transcribir algunas citas, reproducir, por ejemplo, las lecciones de literatura, sus reflexiones alrededor del hecho literario, una brevísima antología de sus más bellas y certeras descripciones, comentar alguna historia narrada con mano maestra, o podría, incluso, hablar largamente de Roldós, el pianista del cine de Palafrugell, un personaje que me ha robado el corazón, compañero de Pla -silencioso, melancólico, transparente- en algunos de su paseos, que muere pobre, solo y olvidado, y al que le tengo prometido en mis sueños de autor el intento de una novela épica, de las que hace algunos años echaba de menos Mendoza.

Y podría -igual que los mil títulos potenciales que hubiesen encabezado estos tres capítulos- podría haber escogido mil temas diferentes, porque es asombrosa la riqueza de este filón literario que permanece ya eternamente a cielo abierto, sin protección, al capricho y la intemperie de los vientos.

Como yo voy por libre, y no le debo nada a nadie, y escribo y pienso y leo por placer, por la necesidad de escribir, de leer y de pensar, y además, nací sin vergüenza y hace mucho tiempo que me deshice del sentido del ridículo, quiero decir aquí, en mi casa, bajo las estrellas del cielo Mediterráneo, que leyendo a Pla me he acordado mucho de Juan Marsé, cuando, el día 23 de junio de 1918 describe el ambiente de la verbena de Sant Joan en Palamós. Y que  no pude quitarme de la cabeza a Marsé cada vez que leía descripciones en las que la luz era la protagonista; y que se me vinieron a la memoria “Últimas tardes con Teresa”, “La oscura historia de la prima Montse”, y “Ronda del Guinardó” cuando leí en “El quadern gris”, este pequeño párrafo sobre Barcelona:



“Hi havia llums crispades, llums mòrbides, llums molt tristes, llums que es veía que tenien una alegría fictícia…i moltes clases de llums que floten, incertes i foses per la meva memoria d’aquells dies morts” (Había luces crispadas, luces mórbidas, luces muy tristes, luces que se veía que tenían una alegría ficticia… y muchas clases de luces que flotan, inciertas y fundidas por mi memoria de aquellos días muertos)

Estoy convencido que tamaña barbaridad solo puede ser achacada a los efectos secundarios del antídoto. Consultaré a mi hechicero



VOCABULARIO BÁSICO DE “EL QUADERN GRIS”
(Sin orden ni concierto -lo contrario a como cuidaba la Senyora Maria su casa- tal y como llegan a mi cabeza, todavía convaleciente)



Cafarnaüm (Cafarnaún)
Fatxenda (Fantasma, como adjetivo, en el sentido actual del término)
Deliqüescent (Delicuescente)
Indefectible (Indefectible)
Dona (mujer)
Palafrugell
Ateneu
Grip (Gripe)
Noucentisme
Sofregit (Sofrito)
Arròs (Arroz)
Alcohol
Tertúlia
Llum (Luz)
Vent (Viento. Aquí entran todos los vientos que soplan sobre l’Empordà)
Xènius
Resopor (Sin traducción. Cena durante o después de la juerga nocturna)
Joaquim Borralleras
La senyora Maria (La señora María)
Universitat (Universidad)
Baroja
Guerra
Suro (corcho)
Diners (dinero)
Cafè, copa i Fària.
Llit (cama)
Bordell (burdel)
Mar
Pescadors (Pescadores)
Pagessos (Agricultores, granjeros)
Alexandre Plana
Pensió (Pensión)
Empordà
Barcelona
Francòfils (Francófilos)
Germanòfils (Germanòfils)
Literatura
Burgesia
Mas (Masía)
Fum (Humo, mucho humo, todo lleno de humo, a todas horas humo, siempre humo, como una niebla, como el velo de un ojo anciano)

8 comentarios:

Carlos dijo...

Lo que si es cierto es que el genio de Pla no puede ni debe dejar indiferente y por lo visto te ha marcado para bien. Acrecienta tus buenas maneras.
Yo tuve un profesor de filosofía que llegó a escribir un libro titulado "Contra Josep Pla". Recuerdo que el muy cretino echaba pestes contra el escritor por motivos extraliterarios y esa tesis le servía para argüir que no era necesaria su lectura.De hecho se jactaba de haber leído solo algunas obras para hablar del autor.En fin, imagino que su libro se habrá perdido como tantos otros, mientras Pla sigue presente (como D'Ors, al que me consta que Acantilado pretende rescatar).
Un abrazo.

ESTER dijo...

Extracto de una Coversación con Salvador Paniker ( La Vanguardia):

–¿En qué consiste saber escribir?

–En mi opinión, para escribir en una determinada lengua, la primera cosa que se requiere es enterarse de cómo va formada esta lengua. El genio de todas las lenguas latinas consiste en poner un artículo, un sustantivo, un verbo y un predicado. La mejor frase que se ha hecho en nuestra lengua es "la puerta es verde". Punto. Y luego sigue otra frase [...]. En definitiva, yo soy partidario de la literatura realista poética. ¿Usted no?

–Tendríamos que definir realismo poético.

–El realismo poético consiste en encontrar los adjetivos. En la mayoría de los escritores los adjetivos son falsos. En cambio los adjetivos de Shakespeare son siempre verdad. Shakespeare, que es el mayor escritor del mundo (salvando los orientales, que desconozco), acierta siempre los adjetivos. Es lo esencial. Acertar de verdad. Con toda la complejidad que la limitación humana permita [...].



Ester

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Carlos, así es: leer a Pla es, por un lado, asistir a una sesión de placer, por otro, a grandes lecciones de trabajo, denuedo, lucha con el lengueje... lo doma como si fuese un caballo salvaje.
Sin embargo, de alguna manera ponme al lado de tu profe, porque ideológicamente este tipo (Pla) es insufrible, y como persona, al margen de ideas, no hay dios que lo aguantase ni que le aguante, aun después de muerto. De ahí el título que le he puesto a estas tres entradas. Celebro la reentré en tu blog después de 2 meses. Un abrazo Carlos.

Ester, magnífico ejemplo el que nis traes del pensamiento poético de Pla. Muchas gracias: complementa a la perfección las tres entradas y cubre lagunas, porque, debo de de reconocer que me he dajdo llevar por elementos extraliterarios, pero es que es inevitable: ¡menudo personaje!
Besos

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Carlos, me olvidé de decirte que de D'Ors tuve bastante en la facultad; de éste no salvo nada: me resulta insoportablemente pretencioso, incomible, venenoso... creo que literariamente Pla está a años luz, por no hablar de su filofascismo, su racismo sin tapujos, etc.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Pues fuera vértigos y pudor, porque entre la mucha prosa almibarada y patriota difícilmente se encuentra una incitación/invitación a leer a Pla como las generosas entradas que le estás dedicando.
¿Y dices que se acaba?
¡Snif!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Sí, y reconozco que me quedo con gsnas de dar un poco más la paliza con Pla, porque es inagotable, es realmente prodigioso. Creo que no me lo voy a poder quitar de la cabeza durante mucho tiempo. En mi familia ya empiezan a decirme que qué tiene ese hombre que todo lo que pasa lo relaciono con alguno de sus pensamientos, frases, párrafos, etc... Yo les digo: la malidición; es la maldición de Josep Pla, y claro, me miran raro, me observan como se observa a alguien de quien no se está muy seguro de sus equilibrios mentales.
Un abrazo Ana

Dionisio García dijo...

¿"contradeciría"? Yo *deciría, 'contradiría'.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

¡Y encima en el primer párrafo! ¡Para lucirme!
Muchas gracias Dionisio, lo rectifico ahora mismo
¡Si Pla levantase la cabeza!

Salud