miércoles, 14 de diciembre de 2011

Queridísimos hijos




Estos días, entre Stendhal, Balzac y Kafka, se me ha colado un librito que me ha estremecido. Es el diario y las cartas que Eva Forest escribió a sus hijos mientras cumplió prisión y sufrió tortura en la Dirección General de Seguridad y en la cárcel de Yeserías, acusada de formar parte del comando de ETA que colocó una bomba en la cafetería madrileña Rolando en septiembre de 1974 y que mató a 12 personas e hirió a otras 71. Jamás se pudo probar su participación en el atentado, y tampoco la de su marido, el dramaturgo Alfonso Sastre, Premio Nacional de Teatro en 1985 y autor, entre otras muchas obras, de “La taberna fantástica”. Ambos, mientras cumplían prisión y eran torturados, fueron igualmente acusados de matar a Carrero Blanco, quizá porque Eva, bajo el pseudónimo de Julen Agirre, escribió, un año después de la muerte del Almirante el libro “Operación Ogro”, en el que se detalla todas las vicisitudes del atentado.

Yo, coetáneo de todas esta historia que ahora he simplificado, no conocía más que a Alfonso Sastre gracias a un reciente y polémico artículo publicado en el diario Gara y un par de sus obras de teatro que vi en televisión. Recuerdo todavía al gran Rafael Álvarez “El brujo” en una versión para el cine de “La taberna fantástica” dirigida por Julián Marcos en 1991 y, vagamente, escenas difuminadas en la memoria de mis años adolescentes en las que aparecen en la pantalla del televisor en blanco y negro los cinco soldados de “Escuadra hacia la muerte”.

Si de Sastre conocía poco, de Eva Forest menos. No sabía de su existencia. Murió en 2007 a los 70 años de edad. En el momento de su detención ambos eran padres de tres hijos: Juan, Pablo y la pequeña Eva ( “mi evita del culete duro”, como ella la llama). Cuando por fin Eva Forest sale de la Dirección General de Seguridad en la que se la somete a torturas durante 9 días, ingresa en un módulo incomunicado de la Cárcel de Yeserías. Allí pide papel y lápiz y dedica toda una semana a escribir un diario que inicia con la frase “Queridos hijos”. Poco después, mientras continúan los interrogatorios dirigidos por un misterioso “teniente”, éste le retira el permiso para escribir. A las dos semanas la ingresan en el módulo común de Yeserías y aquí vuelve a solicitar papel y lápiz. La dirección de la cárcel le permite un folio por semana. En esa hoja la madre Forest habla con Juan, con Pablo y con su pequeña Eva. Cada una de las cartas está encabezada, siempre, con la frase “queridísimos hijos” y en ellas la autora despliega todo el caudal de cariño, amor y ternura que es capaz de dar una madre que se ve forzada a animar a los suyos, a permanecer y ejercer como madre incluso en la peor de las tesituras, desde una situación límite, de injusticia, dolor y humillación diaria. En esa correspondencia que quiere ser diálogo, abrazo y beso, Eva muestra en todo momento una fortaleza ejemplar y una coherencia ideológica heróica que se filtra a través de opiniones o consejos que da a sus hijos referentes a temas como la familia, la amistad, el amor, la cultura, el trabajo, el estudio, sobre todo el estudio… y todo aquello que tiene que ver con un modelo de sociedad a la que aspira y a la que jamás va a renunciar: una sociedad de hombres y mujeres libres. Así, todas las semanas, hasta que “ya va terminándose el papel, queridos hijos”.

Hay párrafos emotivos, que llegan a conmover. A veces me sorprendía presionando la página del libro. Alguien que ha sufrido torturas, que está encerrado injustamente, que carece de todo derecho, que es capaz de ver en su celda la habitación de un hotel; el rancho carcelario en el más opíparo manjar; la litera en la más confortable de las camas; alguien que les dice a sus hijos “No se necesita más”, también es capaz de escribir, por ejemplo, que “Sólo el que siente y ama mucho puede reír abiertamente, sin temor de nada, sin amargura, porque su alegría es liberadora. Y sólo el que siente alegría puede luego pensar sobre las cosas más tristes y verlas con ojo crítico y contemplarlas a distancia con sentido del humor”.

En una de los párrafos del diario, la prisionera, incomunicada y convaleciente de las torturas, diserta sobre la utilidad de su trabajo como escritora, y reflexiona sobre el lenguaje, y dice que “falla el lenguaje para propagar los horrores a los que estoy asistiendo, cansada de publicar aburridísimos artículos que se repiten sin saber qué estructura dar al ensayo para que obligue a la reflexión, ni qué fórmula impactante aplicar al cuento, y no siendo poeta, no hago más que buscar brechas por las que deslizar la misma denuncia de siempre”. Poco después escribe a sus hijos en una carta, “imaginación es lo posible”.

En este libro que ha reeditado el diario “Público” dentro de su colección ‘Literatura Prohibida’ he hallado tres cosas muy valiosas. La capacidad de amar de una madre, la fortaleza de las ideas y un pedazo muy importante de mi historia contemporánea que intentan birlarme. Porque es curioso, paradójico, y tragicómico descubrir verdades de mi presente gracias a la lectura de “La Cartuja de Parma”, “Eugenie Grandet”, “El Proceso”, “La Metamorfosis” o “Carta al padre” y sin embargo, cuando entre todas esas lecturas se cuela en la calma de mi sillón aquello que más me concierne por proximidad temporal, geográfica e histórica, la primera impresión es la de sorpresa, quizá de incredulidad, y a menudo de rabia, porque al final, uno acaba concluyendo que, interesadamente, en España se ha desplegado un manto opaco de olvido sobre una época en la que se dirimieron, de nuevo, los sueños y la utopía frente al gran poder, con la finalidad de hacer prevalecer una oficialidad que, ya desde buen principio -antes incluso de la muerte del dictador- tenía muy claras qué herramientas utilizar para que en esencia nada cambiase.

Por eso, quizá, cuando descubro y leo una historia como la de Eva Forest, pienso que el estremecimiento que me encrespa es al mismo tiempo, intenso, estéril y tardío, parecido al que uno siente al conocer la historia lejana de una injusticia legendaria de caballeros andantes y dragones feroces. “¡Espantosa condición la del hombre! Todo lo que constituye su felicidad proviene siempre de la ignorancia”. Balzac es quien escribe el final de este homenaje.

14 comentarios:

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


COMPARTIENDO ILUSION


CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...




ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA, TOQUE DE CANELA ,STAR WARS,

José
Ramón...

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Gracias y bienvenido José Ramon. Me doy una vuelta por tu espacio

ESTER dijo...

"El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar."

José Ortega y Gasset (1883-1955) Filósofo y ensayista español.

Lo curioso es que los que dejaban matar siguen en sus casas.


Un beso


NENA

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

!Bravo por tu nuevo blog, Ester! Ahí estaremos, aprendiendo y dándonos fuerzas recíprocamente

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Claro que sí....
Ella era una de las próximas, en los setenta.
La conocíamos por Genoveva Forest. Y la Anatomía del Realismo de Sastre fue todo un referente.
Abrazos!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Debe ser casualidad, esas cosas del azar. Me acaban de dar un segundo premio por un cuento. Es un flamante ordenador portátil. Las primeras palabras que salen de él es para contestar a tu comentario.
¡Salud!

Hostal mi loli dijo...

Me gustaría poner esta entrada en nido de poetas ¿puedo? Un abrazo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Toda tuya Loli. De hecho, pon todas las que quieras. Será un honor. ¡Muchísimas gracias!

klee dijo...

La historia la escriben los vencedores.
La manipulación de la información es algo que han controlado todas las clases dirigentes a lo largo y ancho de los tiempos,incluso la aparente libertad que disfrutamos gracias a internet se acabara si se torna algo peligroso para la clase dirigente.
como siempre un placer leerte¡¡
un saludo¡¡

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Es verdad. La historia la escriben los vencedores... aunque la protagonizan siempre los perdedores. Y los perdedores son quienes hacen que la historia avance, a costa de su sacrificio.
Hay algo que me inquieta, que me causa constantemente una profunda zozobra: si la gran mayoría está de acuerdo, a grande lineas, en lo que está bien y mal, en el sentido de la justicia y la equidad ¿por qué salen ganando siempre los que son menos.? Parece la reflexión de un niño, ese tipo de preguntas que nos hacen los pequeños para las que - misteriosamante- no hay respuesta.
Un saludo afectuoso, Klee.

Carlos dijo...

Poco que añadir. Has escrito una gran historia sobre una de nuestras pequeñas historias. El tema de las cartas dirigidas a sus hijos ha podido conmigo, quizás porque es donde mejor se pueda conectar la literatura y la vida.
Enhorabuena por ese segundo premio. Ya nos contarás. Abrazos.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Muchas gracias Carlos. Igual esta semana me doy el gustazo vanidoso y cuelgo el cuento.
En cuanto a la historia de Genoveva Forest, yo creo que es a la inversa de como lo plenteas: es una de esas grandes historias que se han quedado en el olvido, como tantas y tantas otras que muestran de lo que el ser humano es capaz de hacer por la libertad. Quizá por eso se olvidan, o nos orientan para olvidarlas
He leído tu entrada nueva y me ha gustado mucho. Por cierto, ultimamente te prodigas poco. Espero que todo vaya bien
Un abrazo Carlos

Carlos dijo...

Estupendo sería leer tu cuento Hablador.
Evidentemente son historias como esa las que vale la pena recordar. Yo aclaraba que me ha gustado tu forma de traerla.
No te preocupes, supongo que es nivel de exigencia. Quiero leer y leer antes de soltar cualquier simpleza.
Todo bien. Aunque los funcionarios (o interinos)seguimos recibiendo palos por encima, por los lados y por abajo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Entendido Carlos.

Es cierto, tu nivel de autoexigencia se ve en las entradas de tu blog. Son impecables, desde cualquier punto de vista
¡salud!
PD: Vaya cuadrilla de sinvergüenzas! ¡Ánimo y adelante!