miércoles, 16 de diciembre de 2009

MI viejo par de botas


Probablemente este sea el último invierno en el que camine con mis viejas botas rojas, mis viejas botas coloradas, del color de las tejas, puntiagudas, con cremallera interior. Son un par de botas únicas que compré al darme cuenta de que para caminar nuevamente por este mundo sin llamar demasiado la atención tenía que deshacerme de las que calzaba en el momento de mi nueva carnalidad: me costó deshacerme de ellas, porque las llevaba puestas cuando me encontró mi criado estirado sobre el suelo, al poco de descerrajarme el cráneo, y sentía como si estuviese traicionando el recuerdo de mi muerte.

Muchos días las limpio y las mimo. Otros días me gustan sucias, llenas de polvo. Si llueve, disfruto pisando los charcos, y me las ingenio para pasar por donde no hay asfalto. Entonces, al llegar a casa, me gusta quitármelas y ver el barro pegado a los talones, la tierra seca alrededor de la suela, y la marca de humedad que deja el agua de lluvia en la piel. Ya están muy rozadas, sobre todo por la parte exterior del empeine y por el ángulo de la puntera, de manera que cuando les doy betún y las froto a conciencia, surgen reflejos, texturas y matices que no podía ver cuando las compré nuevas. Aquel día no podía pensar que podría llegar tan lejos. Recuerdo que al verlas las quise porque no se parecían a ningún otro par de botas, ni por el color ni por la forma.

Ayer, después de mil caminos, pensé en dejarlas, porque ya me hacen daño. Han perdido el suelo que sustenta el pie y se me clava el esqueleto de pequeñas vigas que se ensambla a la suela y al tacón, y ya no puedo andar con ellas. Me puse a limpiarlas como quien acaricia la crin a un caballo anciano, o como quien ofrece sobre el lomo del perro fiel, que vemos morir en paz sin aullar su lamento, el calor de la mano agradecida.

Lo que no pienso hacer de ninguna manera con mi viejo par de botas rojas es meterlas en una bolsa negra con cuerdas y lanzarla como si tal cosa al contenedor. Ni hablar. Sería tanto así como negar y borrar la huella que se habrá quedado fijada en alguna vereda, o eliminar todos los pasos que he dado en mi tercera vida, de los que no es posible encontrar marca alguna sobre la tierra, a no ser que invoque mis recuerdos y en los caminos de la memoria se hayan grabado para siempre, como el rastro fósil de un dinosaurio, las formas triangulares de mis pisadas, con una ligera hondonada hacia el interior que incrimina mi andar patizambo.

Creo que intentaré aguantar con ellas un invierno más. Aguantaré el dolor, o quizá las lleve de nuevo al zapatero, y le pediré un trasplante; buscaré entre el montón oscuro de calzado muerto que se pudre a su espalda y encontraré la pieza que se ajuste a mi horma, y entonces le exigiré que haga algo. Le mostraré, le probaré que todavía hay alguna posibilidad. Aunque no me voy a hacer muchas ilusiones. Mejor me hago a la idea, y las doy por perdidas. Mañana será el último día. Mañana todavía me calzaré mis viejas botas rojas, del color de las tejas, puntiagudas, con cremallera interior, y después será como caminar con zancos, a golpes, alzado torpemente sobre del camino, sin polvo que cubra la piel, hasta que encuentre otro par singular que honore su memoria y vuelvan a dejar la huella de mi paso.

Vuelvo mañana

31 comentarios:

Culturajos dijo...

Tus huellas están calando hondo en este lector. No cambies las botas, has encontrado el modo de caminar adecuado con ellas. Los matices que te ofrecen son regalos para nosotros. No cambies de botas, póntelas siempre mañana. Si no quieres hoy no las uses, pero deja que mañana estén disponibles. De cualquier modo, póntelas algún día para caminar por el teclado o mientras piensas.

Ya había ganas de leerte. Hay muchos zapatos torpes caminando por la calle y tus pasos se agradecen, elegantes, bajo la luz del sol de invierno.

quisque

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Voy a intentar usarlas una temporada más, sí. Ya son como mis mismísimos pies de muerto.

Culturajos, como siempre, eres muy amable. Muchas gracias, de verdad
Por ciero, qué agradable y que especial es la luz del sol de invierno, ¿verdad?
¡Salud!

Isabel Martínez dijo...

Mariano José, qué texto, qué dominio, y es que Larra siempre es Larra.

Coincido con Culturajos. Esas botas son para caminar y surcar los terrenos literarios. No las tires. En todo caso, adáptate unas buenas plantillas, de esas personalizadas tras un estudio del pie.

¡Salud, Mariano!

Thornton dijo...

Qué texto y qué comentarios. Aquí hay que entrar de puntillas, sin hacer ruido.

No sé si conoces el poema de Jorge Guillén "Muerte de unos zapatos" Fíjate como empieza: ¡Se me mueren!

Un saludo.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Isabel, qué agradable escribir mis cosas en el blog y que sean tan bien recibidas. Pero creo, de todos modos, que en mi primera vida, la más corta, me salían mejor.
Hoy me las he puesto. Se me clavan por todos lados, pero yo erre que erre...
¡Salud Isabel!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Thornton, a mi me gusta el ruido, el bullicio. También el silencio y la calma. A veces, donde más me concentro leyendo es en un bar lleno de gente. Pasa y ponte cómodo, ponte lo que quieras para beber.

No conocía el poema. Lo acabo de leer y es magnífico.
Lo copio a continuación.
Gracias por el soplo Thornton
¡Salud!

¡Se me mueren! Han vivido
con fidelidad: cristianos
servidores que se honran
y disfrutan ayudando,
complaciendo a su señor,
un caminante cansado,
a punto de preferir
la quietud de pies y ánimo.
Saben estas suelas. Saben
de andaduras palmo a palmo,
de intemperies descarriadas
entre barros y guijarros…
Languidece en este cuero
triste su matiz, antaño
con sencillez el primor
de algún día engalanado
Todo me anuncia una ruina
que se me escapa. Quebranto
mortal corroe el decoro.
Huyen. ¡Espectros-zapatos!

Jorge Guillen

Anónimo dijo...

Hola Hablador.
Yo soy de los que opinan que los pantalones vaqueros y los zapatos, cuanto más viejos, más cómodos y más bellos. Así que, como imaginarás, visto pantalones y zapatos viejos.
De todas formas, si piensas en desacerte de esas botas, puedes hacerles un funeral como hacían los antiguos griegos, hablo de la época homérica, con sus guerreros: incineralas, quémalas hasta que sean sólo cenizas. Creo que esa sería una buena y merecida despedida.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Dime, Hablador, esas botas (que inmortalizó Van Gogh) no habrán ido a parar a Gutiérrez Solana, que recorrió España sin gafas de vidrio de color rosa en los ojos, y así le salió lo que le salió....
A.

arobos dijo...

Hay un dicho que expresa brevemente lo mismo que tú en tu estupenda entrada de hoy: "Te quiero más que a unos zapatos viejos", que hace alusión a la compenetración que se produce entre el pie y el calzado cuando llevan tiempo juntos y a lo incómodos que son unos zapatos nuevos. Un saludo.

Belén dijo...

Como siempre, me emocionas Mariano. Menos mal que terminas diciendo que "vuelves mañana"..., es que, la despedida a tus botas tiene una resonancia de "adios" que no se.. no se que me ha dado por pensar... Sí, vuelve mañana ¿vale?...

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ana, no tenía ni idea quien era Gutiérrez Solana. He rascado por ahí un poco y... qué iba a hacer el hombre, sino pintar lo que veía. Es que las cosas estaban como estaban. Creo que era muy difícil ponerle un tamiz mínimamente agradable a la España de entonces. Ni aunque hubiese calzado las mejores Camper hubiese pintado diferente.

Por cierto, pensé en ilustrar la entrada con las botas de VanGogh. Tengo una copia bien hermosa en casa que compré en Amsterdam. Esa pintura me dice mucho más que cualquier paisaje o estampa de Solana, o de cualquier otro pintor Pero al final me decidí por mi viejo par, porque me gusta verlas, dispuestas de la misma manera a como las pintó el genio
¡Salud Ana!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Arobos. Es verdad, al final, aunque duelan, son como el pie, como la piel, que también duele algunas veces, pero de otra manera.
¡Salud Arobos!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Belén. Eres muy amable. No, no hay adios. Estoy engachado a vuestros comentarios. Ya no puedo presicindir de ellos, y eso me preocupa...
Las botas las llevo puestas hoy también. Hasta que no se les caiga la piel a tiras no las tiro. ¡Lo juro por la memoria de Ventura!
Volveré mañana. Seguro
¡Salud Belén!

Eastriver dijo...

Está muy bien el texto. Pero es que además ni te figuras cómo me identifico. Tirar a la basura un par de viejas botas dentro de una bolsa negra es exactamente lo mismo que tirar al container ese perrito querido que se te murió. Soy un defensor acérrimo de la liturgia: en todo caso si no me interesa paso de largo (caso de la liturgia religiosa). Pero las cosas deben tener su forma, su proceso, su camino, su elegancia. Pero dejarlas ir.

Así que, un consejo, que esto ya parece la radio... deshazte de tus viejas botas pero hazlo a lo grande (bueno, tampoco te pases). Nada de bolsa de plástico. ¿Es posible quemarlas como hacen los caminantes en Fisterra? Difícil en una ciudad. ¿Enterrarlas? Difícil también. ¿Atarlas en una cuerda y colgarlas del hilo telefónico en una calle a modo de escultura cotidiana como hacen en NY? Que sea, en todo caso, en consonancia con el poema de JG que tan bien a traído Thornton: dignificar lo cotidiano como hacemos muchos desde nuestros espacios en la red. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Yo creo que lo que debes hacer con las botas es comértelas. Las incineras como si de un ser querido se tratase,y después llenas unos frascos ,de esos donde se ponen los condimentos en polvo,con las cenizas de las botas. A continuación en cada comida le añades como si de un condimento se tratara un espolvoreado de ceniza botuna,y así irán formando parte de tu más recóndito yo terrenal,mezclado con tu ADN celular, y espiritualmente poseeras la energía boteril sublimada por el fuego. Siempre así estarás unido a tus botas,como casado con ellas y quién sabe si trascendereís a la vida juntos,no os separará ni la muerte. Yo lo haría. De tu enemiga preferida. ¿o no? Feliz Navidad.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ramón, he decidio finalmente sufrir salvarlas. Las llevo puestas. Voy a hacer como hacen con los toros brabísimos: indultarlos. Cuando ya no pueda con el dolor y se deshagan a jirones las guardaré en el armario, aunque ocupen sitio, y de vez en cuando las miraré. La idea que me das de quemarlas, como en Fisterra, por un lado me gusta, pero por otro me da mal rollo: me veo como un sij de Julio Verne quemando viva a la viuda indú.

Y es verdad. Qué fino ha estado Thornton con el poema de Guillén.
¡Salud Eastriver!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Canibalismo. No es mala idea. Un poco indigesta, me temo. Prefiero verlas cada día en el armario, viejas, rebosantes de camino.
¡Salud!

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Dejo libertad de comentarios en el blog. No los modero, por principios. Pero la libertad de expresión no es gritar "!fuego!" en un cine. Así es que a partir de ahora he decido borrar los comentarios que no aporten más que ganas de protagonismo y mala educación. Contesté al que has hecho porque merecía la pena. Y ya. Se acabó

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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madison dijo...

Pues a mi me ha gustado mucho lo que has escrito, y aunque nunca diga nada por aquí, siempre te leo, creo que es un lujo haber dado con este blog. Leerte a ti y a la gente asidua que participa.
Un abrazo

Isabel Martínez dijo...

Querido Mariano, coincido con Madison y con todos los que te queremos.

No amo las rencillas y me ponen muy nerviosa. Si molesto en algún sitio, me voy.

Tras poner cara de asombro, le dijo un torero a Ortega cuando se lo presentaron y le dijeron que era filósofo: "Jo, hay gente pa to".

¡Salud, amigo Mariano!

Is@Hz dijo...

Don Mariano, me ha encantado su historia y me pasa como a Isabel: me molestan ciertos comentarios, que además de ser anónimos, no aportan nada en esta conversación.

Me ha hecho recordar un abrigo que heredé de mi hermana y que a su vez ésta había heredado de mi madre, afortunadamente no porque ellas hubieran abandonado este mundo terrestre, sino porque pensaron que el estado del abrigo no alcanzaba los niveles de apariencia que precisaban. A mí, sin embargo, me gustaba, aunque se viera algo desgastado. Varios inviernos pasé al abrigo de aquella lana. Hasta que, finalmente, otra prenda sustituyó a ésta y la capacidad de mi armario ropero se vio desbordada, por lo que me vi obligada a deshacerme de él.
Pero pensé en darle una última oportunidad y lo dejé reposando junto al contenedor de la calle.
A los pocos días, algunos amigos que me acompañaban no supieron entender mi alegría cuando vi pasar a una vagabunda, que frecuentaba aquel barrio, arropada con aquel abrigo negro.
(...)
Un saludo.

NENA dijo...

En 1966 Nancy Sinatra dijo: "These boots are made for walkin' " (estas botas están hechas para andar):

....BUENO, ESTAS BOTAS
ESTAN HECHAS PARA CAMINAR.
Y ESO ES JUSTAMENTE LO QUE ELLAS HARÁN.
UNO DE ESOS DÍAS,
ESTAS BOTAS CAMINARAN
SOBRE TI...

Las botas tienen vida e historia, no las tires...si lo haces, saldrán de su tumba y caminarán sobre tí.


Un abrazo, NENA

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Os quiero a todos mucho. A todos, hasta a "El Gallo" y a Ortega (bueno, a este último porque en el colegio de curas al que fui me decían que todo el mundo era bueno. En navidad quiero hasta Ortega, ea.)

El lujo es teneros cerca.

El ejemplo del abrigo, Madison, es bonito de verdad. Pienso en lo que te pasó y entiendo tu emoción. Aun así, hay detrás de la anécdota un hecho que fluye subterráneo: la asunción de la existencia de mendigos que se abrigan con lo que nosotros ya no usamos. Es una cuestión de fondo, no es personal. Es algo que nos ocurre a todos, que afloramos emociones a partir de injusticias y hacemos prevalecer el hecho estético, poético, sentimental, al hecho social.

Nena, lo he decidido: vuestros consejos y la morriña de disfrutarlas más me han convencido para guardarlas en el armario, en mi museo particular de prendas que ya son piel. Ah! y no te preocupes, soy inmortal...

Aunque ya se han leído los gritos, los borro. Esto a veces se parece a vivir puerta con puerta con un vecino escandaloso.

¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Perdona Is@z, el ejemplo era tuyo. Se me ha ido la pelota al querer contestaros a todos a la vez
!Salud!

Isabel Martínez dijo...

Veo que conoces la anécdota de "El Gallo". Coincido con lo de Ortega, amigo.

¡Salud siempre, Mariano!

Anónimo dijo...

Joder tio ,parece que te has muerto de verdad, te has quedao mudo.

Anónimo dijo...

Tio, no te mueras que me voy a sentir culpable,habla,di algo. Ah,ya se, no dices nada porque estas tramando una venganza. Joder tio das miedo.