lunes, 23 de noviembre de 2009

La poesía de Paco Gómez


No soy lector asíduo de poesía. Además, mi mal tino con las rimas y mi nulo oído con la música es más que proverbial, archiconocido. Ahí quedaron para la infamia y vergüenza de la historia literaria del XIX mis versos, que todavía hay quien se empeña en rescatar. Así que vayan este par de frases por delante antes de hablar de un poeta y de su obra. Porque este que ahora escribe solo quiere rendirse ante él después de descubrir sus versos azarosamente en la red.

Paco Gómez rondará ahora los 42 ó los 43 años. No sé donde nació. Me lo presentó un amigo hace ya más de dos décadas y coincidimos los tres, un par de veces, en la vieja y sucia cafetería de la facultad de filología de la Universidad de Barcelona. Recuerdo que nos cantaba coplas por Antonio Molina, en falsete, callandito, para no escandalizar al respetable. Fumaba sin parar. A veces le daba un traguito al carajillo, encendía un pitillo y con él en la boca, entrecerraba los ojos, frotaba sus dos manos de poeta, muy abiertas, tensas, como invocando palmas, y se arrancaba con la 'Canción del Emigrante'. En invierno Paco vestía siempre gabardina. En realidad creo que era un guardapolvos como el que visten los espías de las películas de los años 50. Siempre llevaba un libro en las manos y algunos más dentro de su cartera de cuero marrón. Era un tipo simpático, abierto, extravertido, una buena persona. Se estaba a gusto en su compañía. Recuerdo que por aquel entonces, uno de sus sueños era vivir en comuna de poetas, en una masía semiderruida que alquiló junto a mi amigo y otros compañeros de curso, muy cerquita de Sau. La casa no tenía ni agua ni luz eléctrica y el frío y la niebla se colaban por todos los rincones, así es que, como era de imaginar, y muy a su pesar, el grupo, la incipiente comuna poética, desistió pronto del intento.


Mi amigo dejó la facultad y con su abandono yo dejé de ver también a Paco. Hasta hace aproximadamente un año cuando, gracias a la red, encontré sus poemas en el blog “Los Cuadernos del Mendigo”, título que contiene todo el significado, la misión, y el destino de la poesía, creada en la soledad de la disciplina más humilde; incomprendida, rechazada o ninguneada por la mayoría, y recordada por nadie o casi nadie. Pero parece que Paco Gómez lo tuvo siempre muy claro y cuando se trata de una necesidad vital, precoz, reconocida y asumida, de un deseo puro y constante de expresar lo que al hombre le pasa por el alma, entonces surge una fuerza poderosa, y el hombre se convierte en poeta, y ya no hay obstáculos para la expresión, para la creación sincera, valiente, aquella que requiere mirarse muy adentro, que exige ver también en derredor, y poner en diálogo lo que ocurre más allá de la ventana, “en una ciudad cercada por los sueños de otros”, frente a lo que ocurre en los rincones más íntimos del ser ”donde cada noche la noche deja en nuestros ojos su desafío”. Paco ofrece con generosidad a quien le quiera leer la esencia destilada de ese diálogo. Por eso un poeta es siempre, por definición, un ser bravo, porque se abre al mundo, se nos muestra en canal, con la herida abierta o la sonrisa gozosa. Y como en el proceso pierde a cada instante pedazos de sí mismo, amaga la fragilidad con el recurso del símbolo, de la metáfora, de la alegoría, todo abrigado, recogido, por la música de las palabras que debe fluir, espontánea, dentro de un ritmo natural. De modo que a veces el resultado del poema, o de la obra en su conjunto, se presenta como un enigma, en el que el lector que quiera compartir con el poeta su desdicha cantada, la incógnita lanzada al aire, o por qué no la alegría -compartir con él el contenido de ese diálogo que habla de dentro a fuera- deberá hacer un esfuerzo por desentrañarlas. Nada en arte es fácil, y menos para el creador.

Yo he quedado cautivado con la forma de escribir de Paco Gómez. Ya dije al inicio que no soy lector de poesía, pero no me considero insensible. Por eso creo ver en los poemas de Paco una espera permanente, constante. El poeta está siempre al abrigo de la naturaleza, en estado de continua expectación. Espera noticias, espera paciente y dolido, seguramente, al amor, convertirse de nuevo en el soñador que sueña junto a la añorada en una postura de nostalgia casi requerida, buscada, disfrutada, porque con ella retiene el recuerdo de la promesa que un día fue. Para aliviar la espera cuenta con la compañía del árbol, del río, del cielo, de la nieve, del frío, en una querencia animista, porque ahora Paco camina con su vida- intuyo- en tierras de campo, lejos de ruidos, refugiado quién sabe de qué, o de quién, en su “atalaya de los sueños/más alta que triste desengaño”.

En los versos de Paco Gómez, el poeta sufre de un dolor amargo en el que se hunde, pero con el que a veces parece disfrutar; un dolor necesario, quizá, para sobrellevar la ausencia, que utiliza como acicate, como motivo para expresarla. Un dolor natural, que discurre en las orillas, que palpita bajo la escarcha, que cae como las hojas de los árboles, o trepa como “hiedra de lamento”, porque “han llegado noticias del otoño/ a las encinas viejas del camino”.

Lo que el poeta espera viene desde fuera. En algún poema las noticias vienen de la ciudad cercada. En ese lugar lejano, cerrado, olvidado de la naturaleza, que ha renunciado a la oscuridad desnuda de la noche, los hombres han perdido el recuerdo de lo que fueron. Entonces el poeta solo puede confiar en el viento, que llevará hasta “la casa que me cubre” el sueño ansiado. Porque en definitiva, lo que el poeta espera es la conversión del sueño en palabra y, finalmente, la metamorfosis de la palabra en carne.

Así he leído los poemas de Paco Gómez. Los publica en http://www.pacogomez.blogspot.com/

Vuelvo mañana
Paco: mi admiración y mi respeto

24 comentarios:

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Espléndido todo, Hablador: tanto el retrato de Paco en la Facultad como la honda exploración de su poesía.
A.

Isabel Martínez dijo...

Habrá que echar un ojo a estos cuadernos del mendigo. La poesía no se puede descuidar. Es literatura en estado puro.
Lo que sí me he pateado ya es tu blog. Me gustan tus sombreros, tus campanas, la forma de narrar, las dos entradas sobre Cortázar (es que con Cortázar... Le tengo debilidad desde mi adolescencia). Qué suertudo eres de haber visto en persona al gran cronopio.
Pues eso, que es un placer leerte.
¡Salud, Mariano!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ana, lo realmente espléndido es la manera de escribir de Paco, lo que cuenta y cómo lo cuenta, la sinceridad, la valentía, la honestidad, y lo prodigioso de su musicalidad natural; junto a la la dificultad de la sencillez de que hace gala... es lo que me cautiva...
Gracias Ana. ¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Isabel, muchísimas gracias por el interés, de verdad, es todo un gustazo.
¡Salud!

Isabel Martínez dijo...

Por cierto, en cuanto a asuntos sombreriles, cuidado con Dillinger, que sabe que tienes su sombrero, aunque se ha resignado y considera que en ningún sitio podría estar mejor que en tu armario.
¡Allá vosotros con vuestros líos de sombreros! Yo ya he hecho lo que he podido con recomendaciones místicas. Y, para colmo, vengo aquí como una chivataza impresentable. Pero... Me debo a ambos.
¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Gracias por el soplo Isabel. Aunque ya ando mirando a derecha e izquierda, por si aparece John H. con la recortada. Estos tipos duros del hampa, ya sabes, no se andan con chiquitas...
¡salud!

Eastriver dijo...

A mí sí me gusta la poesía. Tengo un instinto que me remite a la poesía, que me hace ser capaz de descubrirla y darme cuenta de su construcción, incluso más que en la novela. Y es cierta una cosa: la poesía de Paco es sencillamente extraordinaria. Sin exageraciones y siendo fiel a la verdad, es así. Llega a emocionarme a unos niveles difíciles de describir, como lo consiguen los grandes.

Es amigo de Ana, que ya veo que ha opinado en esta entrada. Lo conocí en la Facultad, pero menos que tú. Me resulta difícil precisar las circunstancias. Sólo sé que años después me lo encontré en una de las cenas míticas de Ana Rodríguez y avanzada la noche, muy alegres todos, Ana sacó un libro de Paco y le pidió: "Paco, recita". Y el otro se puso a recitar y todos cerramos los ojos porque aquello ya era demasiao.

Un abrazo.

Leolo dijo...

Una aclaración a tu biografía no autorizada. Paco aguantó numantinamente en la masía de Sau. Fuimos otros los que abandonamos con las primeras nieblas.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ramon, yo tampoco conozco en profundidad a Paco. Ya digo, tomé un par de cervezas con él porque era compañero del 'Leolo', el amigo del que hablo, y que ahora escribe un comentario despues del tuyo haciendo hincapié en la valentía de este gran poeta.
Pero recuerdo su aspecto, y esos momentos, breves, muy nítidamente, y no sé por qué

Y como también digo en la entrada, no soy gran lector de poesía, pero cuando leo a Paco, leo cuestiones que, de una u otra manera, me atañen...escritas además con una compleja sencillez, esa sencillez a la que sólo acceden los escritores de nacimiento
¡Salud Ramon!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Leolo. Está bien eso de 'no autorizada' je, je. Creo que Paco ser reirá cuando lo lea. ¿Así que estuvo tiempo habitando la masía de Sau? Se necesita valor porque, por lo que me contaste, aquello estaba absolutamente en ruinas.

Paco, pásate por aquí y cuenta, si te apetece, esa aventura...

Un abrazo Leolo

Ana Rodríguez Fischer dijo...

He avisado a Paco de lo que os traéis entre líneas. Claro que no directamente, porque en mi agenda rústica sólo encuentro datos referidos a Mas Costa s/n
¡Salud!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Leolo, ¿era Mas Costa, como dice Ana?
¿Puedes describirla un poco?

PACO GÓMEZ dijo...

Amigos míos, ¿Cuánto pensáis que puede aguantar mi corazón? ¿Qué puedo hacer con tanto abrazo contenido sino mirar por la ventana de mi habitación y contemplar el movimiento de las hojas de los árboles, las gentes caminando por las aceras a altas horas de la noche y sentir que qué bueno estar en este mundo en compañía de tantas almas generosas?
Qué lejos quedan los momentos que me traéis a la memoria. De la casa de Sau todavía me queda la niebla, aquella sensación de haber encontrado un diálogo con unos orígenes intuidos en el pulso de la naturaleza, entre las ruinas de una casa habitada en otro tiempo por hombres y mujeres humildes con los árboles y el fuego, con la luz. Años más tarde fue cuando abandoné Barcelona para ir a Can Costa, como muy bien apunta Ana. Me fui con Berta y Julia, que por entonces tenía nueve meses. Recuerdo y guardo una carta de Ana desde Castropol que me dio mucha alegría. Allí, dedicado a vivir la naturaleza para descubrirme y descubrirnos, me distancié de todos para acercame a todos. allí escribí Diario de las horas muertas, y algún que otro poemario que guardo en los cajones. en aquellos días, viví momentos difíciles. Aunque la masía es enorme habitábamos en una sola habitación, la única que no tenía goteras; junto a una chimenea que nos calentaba los días de crudo invierno. En fin, fui tan feliz en la tierra que la siento en la humedad de los versos de esta Espera que pronto terminaré. El día, que llegará, que nos reunamos, y porqué no en Can Costa, ya nos contaremos muchísmos más detalles. Un abrazo a todos y mi amistad.
Paco

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Paco, que gozada poder conocer de tus propias palabras esa experiencia tan intensa. Muchas gracias de nuevo
¡salud!

Culturajos dijo...

Magia. Este mundo tiene magia. Yo quise conocer a Javier Egea, también poeta. También lo reclamé, pero la puta muerte había llegado antes que yo. Qué pena. Qué misterio. La muerte como la ausencia definitiva. Paco ha resucitado en la poesía. Paco ha revivido por sus palabras.
Paco, traeme a Javier. Enséñame al camina

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Culturajos, creo que Paco está vivito y coleando. Muy vivo, diría yo. Cada semana nos regala un poema en su blog. Quizá es culpa mía, porque en algún momento narro en pasado los recuerdos...
¡Salud!

Culturajos dijo...

no. no es culpa de nadie. yo tengo la costumbre de mitificar y en presente no suena igual. Sólo que Paco me ha recordado a un Javier que nunca conocí y por un momento he sentido (mucha) envidia.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

¡Adelante!

Is@Hz dijo...

Hoy me he sentido muy feliz leyendo tu reseña sobre Paco y su poesía. Feliz porque se merece este reconocimiento y muchos otros que no dudo que irán cayendo como “las hojas que no detienen su viaje”. Creo que lo has descrito con mucho acierto y desde la admiración que muchos le profesamos, como persona y como poeta. Nosotros también esperamos, Paco, ¡tus poemas!

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Es un placer Is@z poder escribir sobre la poesía de Paco, pero más placentero es,como sabes, poder leerla. Así es que, nada, a disfrutarla. Y muchas gracias por pasar por aquí. Me haría mucha ilusión que sigas haciéndolo y que puedas aportar tus puntos de vista

¡Salud!

Carlos dijo...

Enhorabuena por tus palabras a Paco, porque se merece esto y mucho más.Lo cierto es que siempre me he sentido orgulloso de poder contar con su amistad sincera y haber podido disfrutar de sus palabras.Yo admiro al Paco poeta, pero también al Paco conversador, al Paco músico y a tantos buenos hombres que encierra en ese pequeño cuerpo.Gloriosas noches de dicha nos has dado Paco,maravillosos poemas nos has regalado y que mejor que agradecertelo con este maravilloso escrito del pobrecito hablador que habla por nosotros.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Carlos, me sumo a la admiración.
y Gracias por el adjetivo. La poesía de Paco lo pone fácil. Eres bienvenido a este espacio. Vuelve siempre que quieras
¡Salud!

Ms. Frutos dijo...

Hay personas que uno quisiera tener siempre a su lado. Las quieres a tu lado porque te hacen más sabio y hasta mejor persona. Eso sucede con Paco.
Felicidades por tu página y por tu evocación. Ya ves, sin buscarlo me he encontrado un pequeño talismán.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Ms. Frutos. Muchas gracias y, de manera indirecta, en este comentario, gracias también a Paco.

Es muy emocionante saberte a al otro lado del océano y que de vez encuando te acerques por aquí.

¡Salud!