jueves, 13 de diciembre de 2007

Viaje a la Luna


Volé a la luna con el primer viaje. Soy testigo de la primera huella y vi como a pocos metros de mí un hombre con escafandra clavaba la primera bandera en la tierra blaquecina (¿tierra?).

Después, todos se pusieron a saltar de contentos, como críos en un chiquiparc.
Yo era consciente del momento histórico. "La immortalidad tiene sus ventajas", pensé.

Al poco, me invadió el ramalazo romántico (no lo puedo evitar) y alcé el rostro para ver la luminosa luna cortada entre nubes rasgadas. Y no la vi.


De vuelta a la tierra me prometí no volver a alunizar
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Vuevo mañana

martes, 11 de diciembre de 2007

La rotonda

A 6 kilómetros del lugar donde vivo, apartado de todo signo humano, entre secarrales, ruinas y barbechos, van a confluir cuatro caminos a una rotonda construida con hormigón gris. En uno de sus muros alguien ha escrito con pintura negra y grandes letras esta frase: “¿A dónde se han ido todos mis amigos?”

Quiero conocer a ese hombre o a esa mujer y abrazarle. Quiero ofrecerle mi mesa, mi café, mi silencio, mi escucha. Quiero encontrar a sus amigos para insultarles. Quiero volver al momento y al espacio en el que tomó la decisión de salir de casa, a la calle, y recorrer 6 kilómetros en una noche de helada niebla en la que dejó por siempre la huella y el testimonio de su desolación.

Y antes: quiero volver al momento de antes. A los días y semanas anteriores en los que, uno a uno, como fichas de dominó trucado, los imbéciles le dejaban de llamar, de escribir, de existir.

Y después, verle escribir su grito en letras grandes y hermosas, sin reproches sin odio, como un lamento necesario y permanente, difícil de borrar, como un clamor público; el desahogo para seguir respirando, para seguir viviendo en la esperanza de que alguno de los imbéciles que le dejaron en la estacada quizá lo lea y, quizá, pronto, sonará de nuevo el teléfono que yace en el rincón.

Justamente antes de que empezase a escribir la primera letra en la pared, en ese preciso instante, yo posaría mi mano sobre su hombro y le susurraría al oído, despacio, sin asustarle: “están aquí, contigo”. Y así, nunca, nadie, llegaría a leer la que fue su última frase.

Vuelvo mañana

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Carboncillo 3 copias

La inmortalidad es agotadora. Siempre de un lado para otro, cambiando de costumbres, cambiando de identidad. Siempre buscando, siempre preguntando, siempre en vilo, en pie de guerra. Arrastrando constantemente el recuerdo de un disparo y de una mujer a la que busco y no encuentro. ¡Dolores!. Mientras tanto… hablar y hablar, de lo que me de la gana.

Ayer casi muero de nuevo, una vez más. El poder del dinero, que nos hace y nos deshace, nos da la vida o nos la quita, como Dios. El dinero, que casi me obliga a inventarme otra vez. Ayer, todos los que vivíamos en bologspot.com corrimos serios riesgos para nuetras vidas. La cosa tiene guasa porque un juez ordenó cerrar ese servidor de blogs gratuito a instancias de una causa abierta por varias marcas comerciales. Estas marca - catalanas - se veían perjudicadas por una campaña de boicot contra sus productos lanzada mediante blogs particulares residentes en blogspot por varios energúmenos organizados (la edad media en la era virtual).

Y tiene guasa porque uno puede permitirse la libertad de abrir todo tipo de productos virtuales con contenidos xenofobos, racistas, machistas, terroristas, nazis, homófobos, etc… y no le va a pasar nada. Pero si tocas la pela, amigo, entonces pisaste mierda.

Y más (colateral): parece que algunos jueces españoles todavía escriben con papel carbon, tres copias y utilizan manguitos y bisera, como en la covachuelas de mis tiempos, allá por el siglo XIX. No tienen ni la más remota idea de como funciona esto del mundo global, esto "del" internet.

En fin, soy quien soy, un día más, elpobrecitohabladordelsigloxxi , hasta que Freixenet, Codorniu, El Banco de Santander, Coca-Cola, IKEA, Sony, Repsol o el Vaticano (por nombrar algunas grandes marcas) tengan a bien.

Vuelvo mañana

lunes, 3 de diciembre de 2007

El derecho a decidir (de las narices)

Una vez más, la mayoría de los partidos con representación en el parlamento de Catalunya han vuelto a poner delante el hecho nacional, soberanista, identitario, diferencial, o como quiera que se llame, por delante de las necesidades reales de los ciudadanos. Pero esta vez lo han hecho con un descaro fuera ya de toda decencia (CiU i ERC), o con tal falta de inteligencia que raya la ingenuidad pueril (IC).


Que los dos primeros se lleven el agua a su molino y pongan por delante del cabreo general el “derecho a decidir” (como si no tuviésemos ya ese derecho) no me extraña nada. A CiU le han salido las 3 CIRSAS con la “mani”, j usto un par de semanas después de que Mas presentase bajo ese mismo lema su nueva oferta nacionalista. Lo de CiU es puro teatro, Hamlet, siempre jugando a ser y no ser, pero ahora con el agravante de haber gobernado durante 23 años, 4 de los cuales (los últimos) con una financiación record en los tiempos en que Aznar hablaba catalán en la intimidad (¿Dónde está el dinero? ¿En qué lo emplearon? ¿Se hicieron las 100 familias catalanas de siempre esos años más ricas? ¿Alguien puede explicar este misterio?)

Lo de ERC, por su parte, es bochornoso: Aprovechar la convocatoria del desahogo ciudadano (que es lo único que nos queda, el desahogo) para pedir la independencia. Esto prueba que esta gente (¿de izquierdas?) no se va andar con chiquitas a la hora de manipular cuando sea y como sea al ciudadano con tal de llegar a su independencia, a su panacea, al estado ideal de las cosas en donde ataremos los perros con longanizas; porque está científicamente probado (Carord y Puigcercós lo saben) que en un estado independiente las infraestructuras funcionan mejor, por el simple hecho de ser independientes.

Y IC siempre haciéndole el bolsillo gordo a CiU, al nacionalismo y al soberanismo, siempre en la guerra que no toca. Ya les viene de lejos, de cuando el PSUC mandaba a su militancia obrera, ávida de reivindicar libertades , al paseo de los ricos, a gritar por el Estatut y Visca Catalunya, mientras entre las persianas de los grandes áticos del Paseo de Gracia, los que financiaban el nacionalismo catalán, los apellidos de siempre, nacionalistas con la bandera que toque, se frotaban las manos. Ahora Saura y Herrera deberán cambiar de lema: “primero la independencia, después cercanías”

Nada ha cambiado. Unos tan listos y otros tan tontos, y unos pocos (los de siempre) tan sinvergüenzas. Y de aquí unos días volveremos a los retrasos en cercanías, se volverá a ir la luz, seguiremos pagando peajes y acampando en El Prat, pero con la sensación del deber cumplido, por haber gritado, (esta vez en Via Layetana) por el derecho a decidir.

Vuelvo mañana

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Detrás del espejo


Hace unos años visité una exposición con fotografías y objetos que ilustraban y que pertenecieron a la vida de Julio Cortázar. Entre los objectos que vi había un espejo circular que colgaba del recibidor de su apartamento en donde vivió, en París. Yo me miré en ese espejo y lo único que pude sentir en aquel momento fue, sencillamente, que me estaba mirando en el espejo en el que Cortázar se miraba antes de salir a la calle a comprar Gouloises o de vuelta de la calle, antes de ponerese a escribir, o a leer, o a escuchar a Charlie Parker.

Pero hoy, dos años después - no sé todavía por qué, deben ser las cosas que nos pasan a los muertos - he recordado ese momento y, súbitamente me ha invadido un escalofrío. He sentido retroactivamente lo que sentí entonces aunque no me apercibiese de ello. De repente he visto mi imagen reflejada en el mismo espejo circular y Cortázar ha aparecido detrás de mi, mirando fijo, con su medio sonrisa escéptica, como diciendo, 'aquí estuve yo, a momentos'.

Yo entonces me retiraba de puro miedo, o de pura emoción, de pura sorpresa, pero el rostro barbudo, nostálgico, triste, de ojos cansados de Cortázar permanecía allí, reflejado en su espejo de París.



Vuelvo mañana

lunes, 12 de noviembre de 2007

La Carretera

Cuando uno lee algo como "La Carretera" de Cormac MacCarthy pueden pasar algunas cosas: hundirte en la depresión más profunda. Llorar. No abrir la boca durante algunos días. Mirarlo todo como si fuese la última vez que lo vas a ver. Hacerlo todo como si fuese la primera y única vez que lo vas a hacer. Buscar deseperadamente la mirada inocente de un niño. Desear poderosamente, fervientemente, ser un niño, tan sabio, tan hombre, tan niño como el niño de "La Carretera". O puede que de repente uno crea en el hombre més que nunca porque, al fin y al cabo, uno lo que ha hecho es, tan sólo, leer un libro. Sin más. Una historia que nos viaja por encima del asfalto de la vida, desnudos, despojados, vestidos a jirones de ropa y de piel, fràgiles, con la imperiosa necesedidad y conivicción de caminar, aunque en el trayecto nos encontremos frente a un espejo devorándonos, literalmente, d e v o r á n d o n o s, y esparciendo nuestros mismos huesos entre las cenizas de nuestra inteligencia, o de nuestra soberbia.

Puede ocurrir también que repitamos una y otra vez la lectura de la última frase de la novela por si encontramos algún rastro de esperanza en su significado. Pero si no lo encontramos, no queda otra que mirar a otro lado, o a todas partes, obsesivamente, compulsivamente, como cuando nos llega la noticia de la muerte de alguien muy querido y pensamos que todavía no, que no era a él, a ella, a quien le tocaba la hora; que alguien equivocó la dirección del dedo y buscamos a ese alguien que decide, al dueño de ese signo inmisericorde, y no está.


Aunque, quizás, leamos esa última frase y encontremos un rastro de esperanza entre el polvo oscuro de la devastación. Entonces, sí, entonces es el llanto amargo. El encuentro con nostros mismos
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Vuelvo mañana

jueves, 8 de noviembre de 2007

En el dia de difuntos de 2007

Hace 171 años, el dia 2 de noviembre de 1836, publiqué en el diario 'El Español' el artículo titulado 'En el día de difuntos de 1836'. Por aquel entonces ya flirteaba con la muerte: ¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro ¿qué dice?. Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza! ¡Silencio, silencio!

Si pudiese trasladar el silencio a una página, debería dejar un enorme espacio en blanco, blanco frío, blanco solo, blanco azulado.

Aquel día del 36 de hace casi dos siglos, en el mismo artículo, también me atrevía a escribir el sabio en su retiro y el villano en su rincón”, porque ya todo daba igual. Hoy estamos en las mismas y, aunque por muy diferentes motivos, todo me sigue dando igual, no todo me deja indiferente.

Hoy, el villano se arroga el papel de sabio y firma libros, mientras, otros han muerto, siguen muriendo y los muertos, los de verdad, los que han dejado y dejan un rastro de dolor tras de sí, se pudren en los sepulcros o se revuelven dentro de sus tumbas. Me parece oír, ¡escuchen! ¡escuchen! los gritos de lamento, la queja, el clamor acusador que perseguirá al villano y a quienes le bailan el baile, por siempre, hasta más allá de los días que yo pueda llegar a ver.

Hoy, día de difuntos de 2007 “huele a muerte próxima. Los perros ladran con aquel aullido prolongado, intérprete de su instinto agorero; el gran coloso, la inmensa capital, toda ella se removía como un moribundo que tantea la ropa; entonces no vi más que un gran sepulcro: una inmensa lápida se disponía a cubrirle como una ancha tumba.

Cientos de miles de muertos, hombres, mujeres y niños, cada uno de ellos con sus vidas, desde la invasión de Irak. Cientos de miles de heridos. Cientos de miles de hombres y mujeres y niños que nunca más verán a sus seres queridos. Ciento noventa y dos muertos, más de mil heridos. Cientos de miles de elegías dolientes, sordas, provocadas por la estulticia, la megalomanía, la insensatez, el crimen, la decisión arbitraria, pueril, nefasta de José Mª Aznar, George Bush y Tony Blair.

Y más: una mentira, tras otra, tras otra, tras otra. Una sonrisa mentecata y criminal aplaudida por una cuadrilla de cómplices que intenta, a toda costa, revolvernos a todos en el estercolero. ¡Que asco! ¡Que hedor a mierda! ¡Cuanto aliento pútrido! Frente a ellos se ha plantado a menudo la dignidad del dolor, la denuncia civil, el llanto de reproche, implorando a veces, y tan sólo, respeto. Y aún así, esta cuadrilla fatuosa, fétida, husmosa, maloliente, de sonrisa sarrienta, les insulta a carcajadas y miente cada día para esconder la culpa, el mal, para maldisimular el miasma pegado a sus camisas almidonadas.

Más nombres: Eduardo Zaplana, Angel Acebes, Ignacio Astarloa, Jaime Ignacio del Burgo, Mariano Rajoy, Vicente Mtnez.Pujalte, Rafel Díaz de Mera, Pedro J. Ramírez, Jaime Mayor Oreja, Federico Jiménez los Santos, sus jefes de la Conferencia Episcopal, y todos aquellos que han sido incapaces de levantar una leve voz. A todos, en el día de difuntos de 2007, desde el lugar del tiempo eterno que me ha sido concedido, yo os maldigo y escribo de nuevo ¿os movéis para ver muertos? ¿no tenéis espejos por ventura? ¡miraos, insensatos, a vosotros mismos, y en vuestra frente veréis vuestro propio epitafio !”. Porque los muertos le gritan al mundo, os hablarán a todos, mientras viváis, y más todavía, cuando ardáis en los infiernos: allí continuaréis oyendo sus gritos de lamento, muy cerca, al oído, por siempre, a todas horas, eternamente.

Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos. ¡Fuera, exclamé, la horrible pesadilla, fuera!.”

Vuelvo mañana.