domingo, 23 de septiembre de 2012

Catalunya Sánex


Creo que durante los cinco o seis años que llevo escribiendo cada semana en este blog nunca me he dedicado a comentar la fotografía que encabeza el texto. La imagen que aparece en mis entradas suele hacerlo, sencillamente,  a título ilustrativo, algunas veces de manera simbólica y otras pocas alegóricamente. Pero siempre llega el día en el que uno se traiciona a sí mismo,  y ese día ha llegado, porque no me puedo resistir, porque no me la quito de la cabeza, y sé que hasta que no lo haga no podré dejar espacio para otros motivos  de los que, la verdad, me apetece más escribir. De hecho tenía ya medio embastado el número XXVIII de “El mito y la furia”, pero no encuentro el modo  de centrarme, porque una y otra vez se me viene la sangre a la garganta y se me atraganta la boca del estómago.

La muestra que he encontrado no es muy buena, pero creo que la imagen se distingue bien. Se trata de la portada del vídeo que ha publicado La Vanguardia, producido por TV·3, con motivo de la multitudinaria manifestación independentista del 11 de Septiembre de 2012.

Ahí está  el niño, entre banderas estrelladas, igual que un idolillo adorable,   ocupando el primer plano de la portada, tan extraordinariamente rubio, tan  ario como la madre que lo parió, enmarcados sus mofletes rosados, bien alimentados, en un ramillete cuidadosamente peinado de rizos dorados; dorados  como los mismísimos rayos del sol, como el hijo de un genuino dios teutón.

El niño sonríe despreocupado, y  mira con sus ojos azules celestes al acompañante de quien dispara la foto, con la finalidad de  aparecer ante sus compatriotas naturalmente catalán, espontáneamente catalán, un auténtico hijo del Mediterráneo, exponente del crisol de razas y colores que llenan las calles catalanas, los campos catalanes, las fábricas catalanas, las colas del paro catalanas, los colegios catalanes, las lista de espera de los hospitales catalanes, o las de los embargos hipotecarios de los bancos catalanes.

Porque este niño Sánex, tan representativamente catalán, tan inequívocamente catalán,   nos sustituye a todos, claro; pretende ser un espejo de lo que somos. José Antich, el director de La Vanguardia, tan rubio él, quiere que veamos en el chiquillo bermejo de la manifestación el futuro del país. De ahí que  no sea  casual que el infante rubiales haya sido escogido entre otras posibilidades tipológicas para tan grande causa, para tan trascendental momento.

De hecho,  en Catalunya es muy habitual encontrarse con especímenes así. Solamente hay que echar un vistazo al Parlament. Ahí tenemos a otros tanto rubios antológicos, como Oriol Pujol, el mismísimo Mas, el auténtico rubio transparente Duran i Lleida, o la rubia trepa Sánchez Camacho, por no hablar de los rubios  despampanantes Joan Laporta, o  Joan Herrera, o los rubiales Felip Puig, Mas Culell y mi querido Francesc Homs, el robot que ejerce de portavoz del govern, al que podría fichar Rideley Scott para su próxima secuela de "Alien". La lista, en fin,  se haría interminable.

En Catalunya es  realmente complicado encontrar un parlamentario, un concejal o un alcalde,  moreno, o castaño. Prácticamente todos son igualitos al  niño de la foto.

Pero donde de verdad encontramos la esencia y los orígenes de tanto rubio azulado en Catalunya es en  su Historia: Macià, Companys,  Tarradellas, Pujol, Maragall, Montilla (sí, Montilla también fue President), Rafael de Casanovas o el ínclito Cambó  lucieron sendas caballeras rubias platino, cual cantantes suecas.

Pensándolo bien, TV3 y La Vanguardia, con la portada del vídeo sobre La Diada del año 2012, quizá expresen, sencillamente, un deseo: una Catalunya  Islandesa, donde el pueblo enchirona a los políticos corruptos que juegan con el futuro y con los sentimientos de los ciudadanos. Prefiero pensar eso a la posibilidad de una innovadora ley de normalización racial, que muy pocos cumplirían. Ya lo decían los modernistas: ¡La llum ve del nord! (¡La luz viene del Norte!)

Qué  a gusto me he quedado.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Independencia


Hoy el mar  resuena otoñal. Las olas ya no atusan la arena con el murmullo lánguido de las noches de Agosto. Ahora rompen sobre la tierra oriental  en un fragor de corazonada invernal, clarín de vanguardia para estruendos  venideros.
Ocurre lo mismo con el color del agua, y con el aire, y con el aroma, que se transforman en  frescor dulce esmeralda, sabor a lluvia en la brisa, olor lozano en la atmósfera, blancas sábanas al viento ondeando bajo el primer sol matinal,  entre la flor del jazmín azul y las ramas ambarinas de una joven mimosa.
El salitre se camufla, y aunque es invencible, ya no se huele, y  nos creemos que ya no está. Por eso  los  perros alzan el hocico ofuscado y no  hallan más que el pasmo  del vuelo evidente de una gaviota, que planea el desenlace trágico de algún destino.
Solamente nadan los osados y  por fin se han hundido las lanchezuelas sin vela, los yatazos ostentosos  y las motarras acuáticas. A partir de hoy, el amanecer dorado saludará  de nuevo a los pescadores, o al mar despoblado.
De todo esto- y de alguna cosa más que no cuento- hablaba con mi amor, hoy, esta misma mañana,  a pocos metros de la arena tibia de la playa, mientras  se aproxima el final del verano y recordábamos, como un fulgor lejano, la luna en cuarto creciente sobre el mar oscuro de San Lorenzo, los barrenderos de estrellas y las caricias sobre la piel caliente que nos trajo el Garbí  en la  noche de ayer.