jueves, 31 de mayo de 2012

Adán y Charles Kettering (un hilván sin vino)

Casi siempre que escribo aquí lo hago de la siguiente manera: primero como opíparamente y mientras como y bebo se me ocurre lo que voy a escribir, y lo hilvano en una libreta de pespuntes. 

Después llego a casa, me echo una buena siesta, y al levantarme conservo en el paladar el  vino porronero y el recuerdo seco de la idea. Así que no me queda más remedio  que ir inmediatamente al cuarto de baño y refrescarme la cara. Caliento agua, me tomo un te y mientras se enfría, conecto el ordenador. Con el primer trago, el pespunte se licua de nuevo, y entonces retomo el hilo y me pongo a teclear un documento de Word.

Cuando creo que ya tengo la entrada lista, corto y pego sobre el editor, cambio de tamaño y de tipografía las letras, busco  una imagen que ilustre la entrada y la cargo. A continuación me peleo con Blogger y con su manía de no respetar las órdenes que le doy. Finalmente, hago click en "publicar" y ya se puede ver, radiante y vestidita de domingo, una nueva entrada. 

Durante tres días corrijo y corrijo cosas que no me han gustado, frases que me chirrían, palabras que se repiten. A veces me dan ganas de suprimir la entrada, pero para entonces ya no es mía, y no tengo ningún derecho. De hecho, conservo a la vista  todas y cada una de las que he escrito, desde la primera, por mucho que al leer algunas me muera de vergüenza. 


Hoy no he respetado todo el ritual. Nada de lo que he explicado hasta ahora se ha realizado. Hoy he tecleado directamente sobre el editor del blog, sin pensar demasiado en lo que escribo, porque hoy quería seguir con "El mito y la furia", pero no encuentro a Adán, y tampoco a Maruja, ni a sus suegros, y quiero que me ayude Alfredo Lorente, un operario jubilado de la vieja y extinta "Hispano Olivetti" metido a detective después de que encontrase en un piso de su propiedad,  alquilado a través de una agencia, un extraño manuscrito. 

Aunque, seguramente, el motivo de esta extraña entrada sea esta frase que acabo de leer de mi libreta de citas. Me ha entrado tanto miedo que no me ha quedado más remedio que transcribirla aquí, como posible remedio o exorcismo. La perpetró Charles Kettering, fundador de "General Motors", dueño de más de 140 patentes: lo que hoy viene en  llamarse un emprendedor, vamos. 

A Kettering, un buen día,  le invadió una necesidad repentina de ser sincero:


"La clave para la prosperidad económica consiste en la creación organizada de un sentimiento constante de insatisfacción"


¡Ay! , si lo leyese Adán


9 comentarios:

ESTER dijo...

Claro, siempre insatisfechos para mejorar...

PD: Las buenas siestas son las de 10 minutos. ¿Ha sido así la tuya?

Un beso,

Ester

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Que va! cuando me meto una siesta me estoy 2 horas. Solamente me falta ponerme el camisón y el orinal debajo del sillón, al estilo Cela

¿siempre insatifeschos para mejorar? La frase de Kettering es la confesión más vergonzosa e hiriente que nunca se haya escuchado de boca de un "emprendedor". La frase viene a decir que esto, poco más o menos, va así: unos pocos mantenemos a la chusma con hambre, con la esperanza de que con su trabajo, con el cual nos llenamos los bolsillos, algún día podran comer.

Besos

Anónimo dijo...

Creo que Kettering se refiere a la habilidad de crear productos o servicios que respondan a deseos insatisfechos o carencias psicológicas.Es el consumo constante buscando calmar algún tipo de insatisfacción personal. A veces se crea el producto y después se promueve la insatisfacción por no poseerlo, se le hace deseable. El hambre no es un deseo es una necesidad.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Así es anónimo. Agradezco tu aclaración. Pero fijate, (o fijome yo en mi mismo), hacia donde hemos caminado, hacia donde nos ha llevado la codicia de tipos como Kettering (sumada a nuestra estupidez) para no darnos cuenta de la trampa, que hasta el mas supérfluo de los objetos lo hemos convertido en necesidad, de tal manera que no hay marcha atrás, de tal manera que somos capaces de sacrificar la educación, sanidad y el mas elemental de los derechos por nuestra pírrica cuenta corriente con la que poder pagar la cantidad ingente de objetos y "bienes" que no necesitamos. De tal manera que pedimos, suplicamos, mendigamos un puesto de trabajo, al precio que sea.

Salud amig@ anónim@

Hostal mi loli dijo...

Que bueno, incluyendo las explicaciones de los comentarios. Pal Nido. un abrazo.

Belén dijo...

Amoooooos, a ver si nos aclaramooooooosssss... Estoy muy harta de los "emprendizajes", "empoderamientos", "primeros de promoción", "listos" y "demases"... que inventan "inventos tesnológicos stupendos", "ingenierias financieras que te cagas" y "demases" desmanes... así como de "las repentinas ganas de ser sincero un buen día"... Besos

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

¡¡Volando!!

Belen, lo de la sinceridad para éstos ya no es una virtud. Como no tienen a nadie enfrente, pues andan en estos tiempos a cara descubierta, y lo malo es que encima se lo a agradecemos y decimos aquello de "bueno, es tu opinión y la respeto..."

Abrazos

Belén dijo...

Tienes razon... que horror, pero ¿de cuándo aca son todas las opiniones respetables? digo, así, como para aceptarlo por principio...

genghis dijo...

Coincido con que la frase de Kettering se refiere a lo que es la esencia del capitalismo: el consumo. Sin consumo no hay crecimiento. por lo tanto, si no hay necesidad de consumo "creemos de forma organizada " la necesidad de tener el producto.
Personalmente no me parece mal la idea incial. Es un signo de avance. Si no fuese así, aún estaríamos en las cavernas... y eso, por muy progres o rojos que seamos, solo lo decimos de boquilla.
Lo malo de esto, como de todo, es la perversión que hace el hombre. Al final, cualquier idea queda tan pervertida, tan distorsionada que se convierte en un atentado contra nosotros mismo.