domingo, 14 de octubre de 2012

Un año contra diez vidas (Para Antonio, Diana y Víctor, con cariño)


Amos a ver. Hoy vamos a hablar de fúmbol, y lo vamos a hacer desde un punto de vista contable pero con ribetes sociales. O mejor, plantearemos el asunto del fúmbol  desde una perspectiva vital, como si nos fuese la vida en ello, como si en juego estuviese la Liga, la Champions, la copa de Mowly y  nuestra vida futura, nuestra supervivencia, más allá del día de hoy, que es tal y como nos sentimos y nos comportamos cuando nos plantamos delante de la pantalla para ver un partido,  o cuando ocupamos nuestro asiento abonado en un estadio donde juega el equipo de nuestros desvelos.
Pos es que estábamos comiéndonos unas pitas en la terraza de  un döner kebab que han abierto en el mismitico centro del campus y, como ninguno de los compañeros de trabajo que allí nos dimos cita quisimos hablar de trabajo, de independencia, de crisis, de bancos ni de los programas de Jordi Evole, pos que nos pusimos a hablar de fúmbol, del Barça, y eso.
Entonces va uno y dice que en La Liga española habrá una media docena de fumbolistas que cobran cada año, cada uno de ellos,  unos diez millones de euros. Tampoco es que el dato fuese una novedad, porque quien más quien menos compra el Marca, el Sport o el AS, o escucha los programas deportivos de la radio y de la televisión.
La cosa es que, entre pita picante y pita dulce, se me ocurrió decir con la boca llena y salpicando la mesa de diminutas gotitas verdirojas, que necesitaría veinte vidas laborales completas para poder reunir todo ese pastizal. A lo cual, en un alarde de vertiginosa velocidad analítica, otro de mis compañeros nos sorprendió con la presentación a vuela pluma  de un cálculo realizado al amparo de un sorbo de Estrella Dorada Damm.
-Pos mira, veinte no, pero con el sueldo que tú cobras ahora necesitarías  diez vidas completas, con todas sus jornadas, para poder ganar lo que se levantan anualmente  CR7, Messi o Falcao.
-¡No me jodas- exclamé, casi atragantado.
-Si, sí, diez vidas- afirmó el compañero mientras encendía parsimoniosamente un cigarrillo.-Tu estará cobrando unos cuarenta mil euros al año, pero hasta llegar a ese sueldo, desde que empezaste a trabajar a los dieciocho años, has cobrado bastante menos durante muchos años.  Hagamos entonces un promedio aproximado  entre esas cantidades y las futuras que puedas llegar a ganar y pongamos que, de media, en toda tu vida laboral, has percibido uno veinticinco mil euros de sueldo anuales. Ahora multiplica veinticinco mil euros al año  por cincuenta y dos años que te tocará trabajar hasta que cumplas setenta, a ver lo que da- y se retrepó en la silla, mirando hacia el cielo,  exhalando una gran cantidad de humo.
-Espera, que le pongo la calculadora al móvil -se apresuró solícito otro de mis  compañeros.- A ver: 1 millón trescientos mil. Eso da: un millón trescientos mil.
-Pos eso. Ahí lo tienes. Aproximadamente, necesitarías diez vidas laborables de cincuenta y dos años cada una  para ganar lo que gana Messi*, Ronaldo o Falcao-certificó el  otro mientras aplastaba la colilla en el cenicero.
De pronto, se hizo un silencio un poco extraño. Durante unos breves instantes nos miramos los cuatro muy adentro y creo que nos sentimos inmensamente gilipollas. Apareció la camarera y nos preguntó si queríamos café. Estábamos sumidos en tal estado de postración mental que la paciente muchacha  tuvo que repetir el ofrecimiento. Al fondo, en un rincón, unos estudiantes voceaban y reían alborotados. Llegó de nuevo la camarera con la bandeja  y mientras tomábamos los cafés, alguien resumió en un par de frases el día  a día  laboral de un fumbolista de élite. Después otro dijo que nunca, nadie, le había dado un masaje y la compañera explicó que, en el hueco de la escalera que colinda con su despacho, habría espacio suficiente para instalar una sauna, pequeñita, pero una sauna.
Y después de éstas y algunas apreciaciones más al respecto de los detalles de la procelosa vida laboral en el día día de un fumbolista de élite, nos levantamos y nos dispusimos a continuar nuestra jornada laboral. Uno de mis compañeros tenía clase de prácticas; el otro tenía que realizar unos análisis de laboratorio para una empresa, y la compañera tenía que finalizar la redacción de  un informe con el que intentaría obtener la  financiación necesaria para iniciar  un proyecto  de I+D, que mantendría el sueldo de mil euros mensuales durante los próximos tres años  a sus cuatro becarias de investigación.  Yo, finalmente,  tenía que rematar una nota de prensa en la que se ponía en valor  las excelencias de la universidad pública.
Esa misma noche la pasé en el bar de debajo de casa. Me pedí uno de lomo con bacon con pan a la catalana y un par de cervezas, que me zampé y me bebí mientras vi  la primera parte del partido de la Champions. Durante la segunda parte me bebí un par más.
“Fúmbol es fúmbol”, que dijo el conocido filósofo Johan Cruyff. A lo que respondió el abad Galiani : “Lo importante no es curarse, sino vivir con las enfermedades”.


*Problema:
Calcular lo que ganaría cualquiera de estos dos jugadores durante 10 vidas  cobrando sus sueldos actuales.