
(Llueve con tanta fuerza que la calle se ha convertido en un torrente sin control que todo lo arrastra a su paso. Relampaguea y truena. Estoy agazapado tras el cristal lloroso viviendo la tormenta)
"Ante todo, res pe to". Eso es lo que han declarado Zapatero y los demás presidentes de la Unión Europea con respecto a la regañina que la comisaria Reding le ha endosado a Sarkozy. Con todo el respeto del mundo, y gracias a la educación en latín que se me ha dado, me permito dirigirme a sus ilustrísimas, presidentes de los países de la Unión Europea, y rogarles muy encarecidamente que se vayan sin más dilación y con urgencia a la mierda; que les follen, que les jodan, que den gracias de que sus santas madres no hayan cerrado las piernas en el momento de parirles, y que me las den también a mí, porque si no fuese porque soy un firme defensor de la presunción de inocencia, a estas alturas ya les habría llamado hijos de la grandísima puta. Cabrones lo son un rato, un poco menos que bellacos, atropellaplatos, pendejos, mamones, zorrones, putos fachas de mierda, chupapollas, lameculos, cagaos, chulos de playa, cabezahuecas del kkk con aires de ilustrados, más cobardes que las ratas, más falsos que el alma de judas, interesados, mentirosos, hipócritas, racistas, clasistas, homófobos, xenófobos. No os salvais ninguno. Todos, con todo el respeto del que soy capaz de expresar, deberíais vivir en pocilgas, en el más oscuro y hondo rincón de las cloacas, y de vez en cuando, cuando nosotros, los ciudadanos del mundo, lo decidiésemos, os sacaríamos a pasear por las calles de la vieja Europa y así oleríamos el hedor nauseabundo que dejáis a vuestro paso a traidores, a nazis, a fascistas, a indolentes, y pusilánimes.
Para vuestro jefe, Sarkozy, unos de los más grandes hijos de puta que campea en el mundo, tengo el encargo de ofrecerle los respetos y afectuosos saludos de parte de unos cuantos gitanos, con la más respetuosa de las intenciones, faltaría más:
Mal fin tenga tu cuerpo y permita Dios que te veas en las manos del verdugo. Que te arrastres como las culebras, que te mueras de hambre, y que los perros te coman. Que malos cuervos te saquen los ojos y repartan la bola entre buitres hambrientos. Mal dolor te den, que acabe con la muerte del grillo, con los cuernos retorcidos. Que te pudra una sarna perruna. Que la Bruni te ponga los cuernos. O mejor, que mis ojitos te vean colgado de la horca y que sea yo el que te tire de los pies, y que los diablos te lleven en cuerpo y alma al infierno. Ojalá te cicatrice el ojo del culo. Que te enrabe un sifilítico y asín te se caiga la picha a trozos. Que todo lo que robes te lo gastes en medicinas. Asín te mueras tu, y tu papa, y la puta que te atrapa. Asín cagues sandías enteras con el rabo y todo. Me cao en tu estampa, me cago en tu sangre, y me cago en tus muertos pisaos. Me jiño en la puta vieja que te cagó y en tu descendencia. Pleitos tengas y mal càncer te entre.
Presidente Sarkozy, maldita sea tu estampa.
(Ya ha escampado. Parece que el agua vuelve a su cauce. El cristal ha quedado marcado con las huellas secas del discurrir loco de la lluvia. Sin embargo, dentro de mí sigue la tormenta)
Vuelvo mañana
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