El secesionismo catalán puede llevarse a gala la
resurrección del nacionalismo patriotero español de estirpe fascistoide, y del
nacionalismo patriotero catalán de raíz tradicionalista carlista. Ambos ya se
hospedaban, palpitantes, en el seno del Partido Popular y de Convergencia i
Unió-JuntsxCat. Hay razones históricas más que fundadas para afirmar que en el
seno de ERC vive también una tradición de cuna mussoliniana y que la CUP juega
en Cataluña el papel que las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas (JONS)
jugaban dentro de la Falange Española.
Ese es su gran logro político, compartido al cincuenta por
ciento con la neutralización y desactivación del movimiento popular que supuso
el 15M de 2011 y la posterior destrucción de las izquierdas, tanto estatales
como catalanas, cegatas, estúpidas, idiotas, ante la mayor operación de
propaganda política europea desplegada después de la Segunda Guerra Mundial.
Nuestro lodazal político es el producto de aquellos
polvos.
Lo único que ha dado de positivo esta última década es que finalmente,
a la luz de la realidad, el presente
demuestra que la gran mayoría de los catalanes no desean separarse de España y
que el secesionismo se reduce a una minoría, y que por tanto todo fue el fruto de
una gran campaña propagandística orquestada por la élite nacionalista
convergente con el fin de conservar el poder, aunque también de la
irresponsabilidad y de la torpeza táctica del PP de M.Rajoy, a los que el fragor
de los tumultos y los envites separatistas les vinieron como anillo al dedo para
aglutinar a su parroquia nacionalista española y ocultar sus ostentosas
y escandalosas corruptelas.
Durante aquellos diez años ignominiosos se amortizaron para
siempre algunas caras conocidas de la política que se pretendían eternas, y
surgieron nuevas, tan mediocres o más que sus antecesores. Es tan vertiginosa
la velocidad a la que se suceden los hechos que incluso aquellos entusiastas
creadores del sí se puede ya están
saldados, y los más listos entre los listos del secesionismo, que sólo pretendían
ocupar sus escaños dieciocho meses, ahora se postulan para salvar España del
fascismo y conquistarla por la izquierda.
Al rebufo de este fenómeno de tsunami, resaca y
estabilización de la marea, surgieron también algunas firmas, intelectuales,
historiadores, meritorios y veteranos de la cultura, hasta el momento poco
conocidos. Yo leí con gran interés, por ejemplo, a Jorge Polo Blanco, del que
reseñé su libro “Románticos y racistas” en el que desvela los orígenes
ideológicos filofascistas de los nacionalismos gallego, catalán y vasco.
También leí con interés a Marcelo Gullo -igualmente
recensionado por un servidor- y a Elisa
Roca Barea, ambos empeñados en deconstruir la Leyenda Negra española, que tan
alto rendimiento político-cultural ha dado a los nacionalismos fragmentarios y
en la Historia política internacional a quienes pugnaron contra España por el
dominio geopolítico del mundo.
Añado a esta lista al cineasta José Luis López Linares, de
trayectoria más que contrastada, con cerca de 40 películas a sus espaldas,
ganador de tres Goyas, con trabajos sublimes como por ejemplo en “El sol del
membrillo” o ”Asaltar los cielos” , productor,
guionista y director de los documentales “Hispanoamérica, canto de vida y
esperanza” y “España, la primera globalización”
Además, durante estos últimos años ha surgido también un
personaje curioso de nombre Santiago
Armesilla, marxista ortodoxo, de estirpe estalinista, con pintas de cantante
heavy, que goza de gran predicamento
entre el rojipardismo patrio, al que suele bailarle el agua Paloma Hernández,
artista plástica licenciada en bellas artes, metida a filósofa, más conocida en
las redes sociales como Fortunata y Jacinta. Todos ellos, frecuentadores del
programa de televisión “El gato al agua”
que dirige en El Toro TV el atrabiliario José Javier Esparza, de remembranzas legionarias.
Son activistas del materialismo filosófico patriota y forman una
especie de bastión cultural del nacionalismo español, muy activo, surgido como
defensa al desafío secesionista, capitaneados
por un personaje de inteligencia extraordinaria, gran capacidad intelectual,
cultísimo, de memoria prodigiosa, que
domina como nadie los resortes de la manipulación y que como el resto, ha
crecido y se ha constituido, gracias a las redes sociales, en referencia
intelectual del anti independentismo catalán y del resto de nacionalismos a los
que llama fragmentarios. Se trata del filósofo gallego Pedro Insua.
Insua es el discípulo aventajado del difunto Gustavo Bueno
-cuya figura y obra se va difuminando en la historia como un azucarillo- y por
tanto, faro contemporáneo del materialismo filosófico. En pleno auge
secesionista, yo acudí a su obra y a la de algunos de los antes mencionados, y
encontré razones históricas e intelectuales objetivas y herramientas racionales
que me ayudaron a enfrentar las mentiras y manipulaciones de los nacionalismos
separatistas que no me proporcionaban los intelectuales de cabecera de la
izquierda española; pues según un estúpido silogismo progresista, concebir la
nación española en su totalidad es franquista y concebir la ruptura de la
nación española es izquierdista. Es decir, según la lógica izquierdista estatal (no les gusta que les llamen españoles) Cataluña, Euskadi y Galicia son
naciones milenarias, pero España nunca lo fue y nunca lo será. El intrépido navegante
Elcano no era español, era vasco, pero
el asesino cruel Lope de Aguirre, aunque también vasco, era español. Los
esclavistas catalanes eran españolistas, y los soldados que murieron en Cuba eran
catalanes oprimidos, y así…
Hace apenas cuatro años, tras la lectura de toda su obra,
escribí en este mismo blog “La guerra de Insua” * una entrada prolija, casi
hagiográfica, sobre el ínclito Insua, sus libros y la batalla cultural en la
que se hallaba inmerso. Con Insua he gozado. Leer a Insua es acceder a razones
y de algún modo a la recuperación de verdades políticas e históricas.
Desde que Salvador Illa ganó electoralmente la presidencia
de la Generalitat se ha evidenciado la debilidad del embate independentista, y
ha aflorado todo el embuste de su argumentario y del pretendido clamor popular
por una república catalana. Es cierto que en el juego del parlamentarismo
democrático el candidato a presidente Pedro Sánchez compró el voto de siete
escaños secesionistas por una amnistía para seguir en el gobierno.
Yo he sido muy crítico con esa decisión, pues supuso una de
esas mentiras políticas de peso como para negarle a alguien la confianza
traicionada en el espacio de dos noches, las que mediaron entre el final de la
campaña electoral y el día que conocimos los resultados de las últimas
elecciones generales.
Ante los acontecimientos, Pedro Insua, legítimamente y en
coherencia con su pensamiento, ha continuado dando la batalla contra los
nacionalismos fragmentarios y sus aliados en el Parlamento. Sin embargo, ha
cometido un gran error, tanto o más grave como el que cometió Pedro Sánchez,
por muchas políticas sociales que haya impulsado.
Pedro Insua ha cruzado el Rubicón. Tras meses dando pábulo a
bulos, alimentando en las redes sociales las infamias y difamaciones que
publican los tabloides digitales financiados con dinero público por gobiernos
autonómicos de la ultraderecha y en coordinación con jueces prevaricadores;
ejerciendo, por el contrario, el papel de los tres monos sabios ante los casos
de corrupción gravísimos de la derecha reaccionaria; callando frente a las
negligencias delictivas que protagonizan los gobernantes conservadores y
filofascistas en varias comunidades autónomas,
sin opinión frente a la amistad y afinidad política de Santiago Abascal con Donald Trump, Milei
o Epstein; mudo ante las votaciones en contra de medidas que mejoran la vida de
los españoles….
Y es que a Pedro Insua, como me decía mi amigo twitero
Marcop, sólo le interesa la eutaxia, la capacidad del Estado para permanecer,
sin más. Su materialismo filosófico le hunde en un trastorno obsesivo
compulsivo que le convierte en uno de esos personajes atormentados y
obsesionados de las novelas de Dovstovieski.
Porque a Pedro Insua la gente, los ciudadanos, los españoles y las españolas le resultan incluso contingentes, prescindibles. Para él España no es una voluntad política colectiva que se desarrolla en la Historia dentro de un límite geográfico en su diversidad cultural; para Insua España es tiempo, materia y ser, es verbo y sustantivo; España es el medio y el fin, sin más. La patria como objeto de dogma de fe, un ente abstracto devenido en sustancia. Su maestro Gustavo Bueno renegaba de la metafísica, pero Insua se hace trampas al solitario y se transforma en heideggeriano, ¡ por el bien de España, coño! Por eso, recientemente, el filósofo y activista gallego ha hecho público su voto a VOX. No podía ser de otra manera.
Ahí te quedas, Pedro,
con tu materialismo filosófico y tu nacionalismo casposo de escapulario, peineta
y toros. Has conseguido calcar en tu activismo patriotero los mismos modos y
las mismas ideas que aquellos a los que combates. Me tendrás enfrente, con todo,
humildemente.
*Enlace a "La guerra de Insua", entrada que publiqué en este blog a finales de julio de 2022
https://elpobrecitohabladordelsigloxxi.blogspot.com/2022/07/la-guerra-de-insua.html


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