jueves, 10 de septiembre de 2015

Entusiasmo




Hoy  11 de septiembre he participado ilusionado y entusiasmado en la Vía catalana para reivindicar mi derecho a la independencia de la mano de los líderes que me convencieron para que fuese, enarbolando mi bandera estelada, y de la mano, codo con codo, junto a  quienes han aprovechado su posición privilegiada de representantes de los ciudadanos utilizando el sentimiento identitario de la gente con el fin de:

robarnos durante más de treinta años  a manos llenas;

malversar el dinero público;

prevaricar;

aceptar sobornos;

enriquecer a sus familiares y amigos;

utilizar nuestro dinero,destinado a pensiones, hospitales y colegios, para mantener su lujoso tren de vida;

utilizar nuestro dinero  para propagar desde medios públicos su mensaje político;

discriminar a quienes no han nacido en Catalunya o no hablan catalán;

priorizar los intereses de los bancos y de las grandes empresas por encima de los intereses de la gente;

corromper la administración pública;

regalar argumentos a su pretendidos adversarios políticos de Madrid para que nada cambie;

apoyar con sus votos en Madrid, durante toda la historia de la democracia, las políticas  que ejecutaron los gobiernos nacionales españoles de González, Aznar, Zapatero y Rajoy; 

consolidar la posición de privilegio de una élite económica y financiera;

ejecutar políticas contrarias al bienestar de la gente y a la protección de los más débiles; 

y, finalmente, camuflar, escamotear, disfrazar, encubrir todas estas tropelías y mantener así  el poder a toda costa;

Por eso, hoy he madrugado, he comprado el pan, he preparado un buen bocadillo de atún, he cogido mi bandera estelada, me he subido al autobús, he llegado a la Meridiana y, ya en la calle, junto a mis compatriotas, he sonreído satisfecho y he coreado los eslóganes  que mis honorables líderes -los que me han traicionado- me han dicho que hay que corear. 

¡Qué gozada!

"Cuando la gente  sabe que les estás mintiendo y aún así te creen, entonces les tienes bien cogidos por los cojones"
 El senador Roark, de  Sin City 

martes, 8 de septiembre de 2015

Justicia poética



Mª Teresa Vera fue una de las grandes figuras de la vieja trova cubana. Sin embargo, a pesar de que alguna vez habré tarareado alguna  de sus canciones –muy difundidas gracias al extraordinario disco antológico de Buena Vista Social Club-  no he sabido de ella hasta hace bien poco tiempo. Nació en Cuba, en la choza de su madre esclava, poco antes de la debacle colonial del 98. Bien temprano se fue a servir a Guanajay, a casa de Guillermina Aramburu, jovencita cultivada e inquieta de la alta sociedad, hija de un influyente periodista de postín, con la que, más allá de lo estrictamente laboral, mantendría durante toda su vida estrechos vínculos afectivos. 

Guillermina se casó  con Armandito Valdés, un golfete mujeriego y  ricachón procedente de Pinar del Río, al que acogió la familia Aramburu después de que los Valdés, hartos de las correrías del muchacho, le expulsasen de casa cuando, una mañana, apareció por la puerta sin camisa, sin mula y sin silla de montar, malogradas a consecuencia de una de las habituales timbas de cartas que se celebraban en los tugurios de  Playa Dayanigas. 

Armandito y Guillermina mantuvieron durante veinte años  un largo idilio del que surgió una familia con cuatro hijos,  de manera que  el mozalbete apuesto y calavera que llegó con lo puesto a Guanajay, se convirtió, gracias a los naipes y al amor,  en un hombre de provecho, responsable de la construcción de muchas de las vías de transporte del país.  

Después de dos décadas de apacible vida en familia, Guillermina supo que su querido Armandito gozaba de los favores de una amante. La dulce Guillermina se sumió en la desolación. Soportó paciente y en sufrido silencio el dolor diario de la traición. Sin embargo,  esta mujer bella, culta y  amante de la música, tenía que  desahogar de algún modo  la tristeza y la decepción, de manera que una noche sofocante, insomne, ya derrotada y desesperanzada por no poder recuperar los afectos de su amado, escribió dieciséis versos hermosos y abatidos; versos como gritos que cubrió con  música y que acabaría  entregando a su  amiga Mª Teresa,  a la que pidió que no desvelase la autoría hasta después de su muerte.

En muy poco tiempo la canción se convirtió en un clásico de la música cubana, interpretada desde sus inicios por la misma Mª Teresa Vera, quien guardó el secreto pesar  de la  dulce y triste Guillermina. 

Como decía, he sabido de esta historia hace bien pocos días: Escuché por primera vez a la joven cantante Silvia Pérez Cruz cuando ponía la voz a las coplas que interpretaba el trío “Las migas” en un concierto que ofreció en el pueblo donde vivo, hace ya unos cuantos años. Después volví a saber de ella porque había sido nominada  por El Periódico de Catalunya  como candidata a catalana del año junto a 9 personas más. Sentí curiosidad por conocer los méritos de que era deudora, pues compartía candidatura con Jordi Évole, la monja Lucia Caram, el ginecólogo Eduard Gratacós, el músico Jordi Savall, o el director de Médicos Sin Fronteras Joan Tubau, entre otros.

Durante mi investigación  fui a dar con un video en Internet que me ha obsesionado desde que lo vi, y que a día de hoy me ha producido tantos nudos en la garganta como lágrimas inconfesadas. 

Todo sucede en una taberna de pueblo; una taberna más bien espaciosa, con visos de haber sido en algún momento de su historia un casino provinciano. La parroquia del bar la componen hombres de edad avanzada, jubilados, ancianos o no tan ancianos, que después de comer continúan con la costumbre de tomar el cafelito y  echar la partida junto a sus paisanos.  Silvia y el guitarrista que le acompaña, (su padre, Cástor Pérez) se encuentran sentados entre los parroquianos, que mueven las cartas y el dinero sobre el fieltro verde como cualquier otro día, sin percatarse o sin hacer mucho caso de los intrusos y  obviando  los primeros acordes de la guitarra de Cástor, como si cada día que juegan sucediese  lo mismo, expresando de ese modo la indiferencia de la costumbre; o como si en realidad no estuviesen, o no le es oyesen y se tratase de dos almas invisibles que ocupan una mesa que parece estar vacía pero en la que nadie se sienta porque de algún modo se intuye una presencia inadvertida. Cástor introduce la canción y  canta, con delicadeza y cierta timidez,  los primeros versos acompañándose de su evocadora guitarra


¿Qué te importa que te ame
si tú no me quieres ya?
el amor que ya ha pasado
no se debe recordar
Fui la ilusión de tu vida
Un día lejano ya
Hoy represento al pasado
No me puedo conformar



Simultáneamente  unas cuantas parejas de manos artríticas, tiznadas por las manchas de los años, pero lo suficientemente ágiles todavía como para sostener con gran pericia profusos abanicos de naipes, se enfrentan sobre los tapetes, como cada día, convocando así al azar a tomar nuevas decisiones. La canción poco a poco se abre paso  entre los viejos tahúres de la cantina, aunque nadie parece percatarse ni de los bellos acordes que pulsa Cástor, ni de la voz aguda, hermosa y sentida, expirada hacia el aire tabernario con cierto aire doloroso, que empieza a elevarse y a ocupar toda la atmósfera del local. 

A pesar de todo, Silvia y su padre cantan e interpretan una canción entre  hombres a los que  tan solo parece preocupar el arrastro contundente del contrincante, o la seña subrepticia  del compañero. Es como si los músicos hubiesen adquirido el don de la invisibilidad, como si la materia de que están hechos no tuviese cabida en ese espacio en el que lo único que parece importar es la conjura del tiempo a través del juego. Solamente algún soslayo aislado, alguna mirada furtiva, parecen advertir la existencia de quienes interpretan la canción, pero por lo precipitado de esos gestos, da la sensación de que hubiesen visto una aparición, una imagen fantasmal, la sombra de una aparición y los restos lejanos de un eco.

De repente, una fotógrafa irrumpe en la escena y dispara su cámara hacia Silvia, pero ni si quiera esta invasión- una prueba irrebatible de realidad, quizá un intento vano de eternizar el instante-  arranca de su principal preocupación a la concurrencia.


Si las cosas que uno quiere
Se pudieran alcanzar
Tu me quisieras lo mismo
Que veinte años atrás.
Con qué tristeza miramos
un amor que se nos va
-es un pedazo del alma
que se arranca sin piedad.
 

Sílaba a sílaba, nota a nota, ante la mirada enternecedora de Cástor, Silvia   ha ido meciendo la pena de amor hasta rozar en quejidos el grito, hasta transformar el lamento en sentencia, hasta convertir  la experiència del tormento en verso. Entonces, cuando ya le queda poco a la canción para morir, algunas miradas se dirigen hacia ella. Son  miradas bobas, miradas chafarderas; miradas que parecen no entender lo que sucede; a lo sumo, miradas de cierta admiración ignorante, lo suficientemente indolentes  como para no expressar más que un gesto de sorpresa desedeñosa. Al final, cuando la inclemencia cierra el salmo, algunos parroquianos aplauden y Silvia da las gracias y pide perdón. 

He visto este vídeo innumerables veces. Me emociona y me acongoja. Me produce el síntoma del llanto, porque me invade una sensación irrafenable de  tristesa, nostalgia y melancolia. No lo puedo evitar. A pesar de que no lograba conectar la canción con el escenario, a pesar de que no hallaba  el sentido de disponer  la voz, la música y los versos de Guillermina Aramburu entre viejas  mesas de naipes; a pesar de mi ignorància -o gracias a ella-  el desconsuelo, un desasosiego placentero y la inquietud que nos conmueve ante algo bello me empujaban a ver una y otra vez las imágenes que acabo de describir.

Hasta que me decidí a buscar el origen de todo. MªTeresa Vera, Guillermina Aramburu, Armandito Valdés, una nueva mala mano en Playa Dayanigas, el destino que aguarda en Guanajay,  el espejismo de una vida feliz, la mentira, el engaño, el dolor oculto, la decepción, la tristeza de un amor traicionado y la expresión desolada y certera  del desamor en unos versos que fielmente  conservaron su anonimato con la finalidad de la salvaguarda de las apariencias pero con insospechada vocación colectiva.

Por eso, por todo ello, ahora sé que Silvia Pérez Cruz no es más que la voz de Guillermina Aramburu que a través de los años por fin puede cantar en primera persona su drama; el grito acompañado de una guitarra que lanza el despecho y la verdad a los tahúres, a los  hombres tramposos; el corifeo impasible  y justiciero que logra colocar al guapo Armandito en su justo lugar, el lugar del engaño, de la traición y de la certeza que siempre halla el medio con que  desmentir las ambigüedades y los malabarismos del azar.

jueves, 30 de julio de 2015

Sinestesia (3)


Hay voces que acarician, y voces que arañan; voces generosas y voces pancistas. Incluso hay  voces mudas de estridencia insoportable ante las que nos tapamos los oídos y cantamos en voz alta, igual que niños  ahuyentando el miedo; igual que las avestruces, que sepultan las orejas para salvarse. 

La acaricia de una voz es el rumor de un gemido, el susurro leve de una palabra musitada en sueños. El pronombre y el verbo en la penumbra de la noche estival, apenas  sollozados al oído, justo en el momento en que la brisa llega a la estancia colándose entre el lino vaporoso de las cortinas sirviéndose de la luz desvaída del fanal. Así se alivia el calor de los cuerpos desnudos mientras, exhaustos, los amantes inspiran y expiran aromas compartidos, tan solo revelada su piel en el claroscuro lívido de la madrugada. 

Sin embargo, la voz que araña hiere con su roce y escuece con los días. La voz que araña suena aguda y agria. Quien la emite nos mancha la piel con su óxido de gritos, o nos destruye sutilmente, poco a poco, con la  lija constante de sus  mentiras. La voz que araña viste muchos rostros, unos temibles y otros cordiales. El arañazo de éstos últimos es ponzoñoso, de secuelas crónicas,  incurables.

Para evitar escuchar su sonido o en su defecto, prevenir las consecuencias de sus palabras, existen algunos remedios. Uno de ellos es hacerse con una voz generosa y aumentar su volumen hasta hacer  enmudecer a la otra. Sería algo así como una lucha de audiencias, en la que compiten por el mismo público la franqueza y la patraña. Muchos apostarían por la última. Y que nadie se extrañe. Es una campeona. Ha nacido para ganar.  Viste mejor, huele mejor, se contonea mejor, y su retórica es, a menudo, insuperable, porque prescinde del argumento y en cuanto se la somete a examen, desenvaina sus garras, finge, engaña y hiere a quien la ponga en evidencia. 

A menudo, esta voz, la voz que araña, se alía con la pancista. Ambas pueden llegar a formar un equipo imbatible y si se lo proponen, si en su alianza intuyen  buenas perspectivas de futuro, no dudarán en hacerse oír hasta convertirse en  hegemónicas, aunque para ello nos levanten a todos la piel a tiras. Hay algunos buenos ejemplos de voces pancistas, también llamadas oportunistas. Son voces biológicamente preparadas para el camuflaje, el disfraz y el disimulo.  Se las puede escuchar refinadas, por momentos alambicadas, incluso a veces apasionadas, y en público suenan igual que el run run sofisticado de un automóvil de lujo.

Pero hay a quien este género  de voz le parece curioso y se empeña en estudiarlo de cerca, en la intimidad de sus madrigueras, donde sus congéneres se  presumen a salvo de  taquígrafas y de la luz indiscreta. Esa labor de campo, paciente y reservada, a veces obtiene sus frutos, y nos desvela la verdadera naturaleza del sonido pancista: “Aquí estoy, tocándome los cojones,que para eso me hice diputado”; ¿a quién hay que chupársela? ¿A otro?, pues aotro. Vamos a por él,si siempre es lo mismo tío”; “por lo menos a alguien quepuedas chupársela que le conozcas...” 

En otras ocasiones, la voz pancista ha tomado su  forma escrita. Un buen ejemplo es el que regaló a los  buscadores de  voces el mismísimo presidente del gobierno, una de las voces pancistas más reconocidas por los biólogos:  “Luis, se fuerte”, le rogó la voz de Mariano Rajoy a otra eximia voz pancista.

Sin embargo, a pasar de que ya son muchas las veces que se ha desvelado la intimidad de sus sonidos, no parecen demasiado preocupados por las revelaciones constantes  sobre su verdadera naturaleza. Su voz sigue siendo firme, en apariencia convencida, en la forma  poderosa, y como quiera que su alianza con las voces que arañan es consistente y efectiva, prevén que nuevamente convencerán los oídos de unos cinco o seis millones de personas. Estúpidos de voz estúpida que se tapan las orejas sólo cuando escuchan voces generosas.

jueves, 23 de julio de 2015

Mas Romeva



Nadie, que yo sepa, solicitó públicamente a  Artur Mas su  opinión sobre el referéndum griego. De haber existido un periodista con el valor suficiente para interpelarle en este sentido, no es difícil imaginar la mueca de vértigo reprimido ante esta  incomodísima pregunta, pues, en coherencia con los planteamientos políticos, sociales y económicos que defiende él mismo y el partido que lidera,  la respuesta solamente podía estar en la línea de lo expresado por  líder el PP, Mariano Rajoy, y todo el corifeo neoliberal, incluido el PSOE, el PSC y Ciutadans, difundidas urbi et orbi por El Mundo, La Razón, ABC, El País,etc. que, como todo el mundo sabe, son periódicos muy catalanes que defienden la soberanía del pueblo catalán.

Con lo cual, no es nada complicado concluir que los valores democráticos tan y tan cacareados con los que Mas y los independentistas de nuevo cuño se arropan para defender el derecho a decidir, no son más que  herramientas de manipulación masiva con las que construir un artefacto de obsolescencia programada, que sería rediseñado a su tiempo para darnos a todos los catalanes con la misma receta de recortes sociales y de políticas de genuflexión y que  desmantelaría definitivamente el estado del bienestar, aniquilando los derechos sociales conquistados por el pueblo: todos de rodillas  ante los poderes financieros. Esa sería la Cataluña independiente que nos tienen preparada, y no otra. 

Es decir, soberanía respecto a España, pero dependencia absoluta respecto al FMI, al BCE, al guion de relaciones sociales y económicas que establecerá el  futuro tratado de libre comercio (TTIP) con EE.UU (que se fragua alevosamente a  la sombra perversa de unos cuantos despachos)  y  a cualquier otra institución que respalde y defienda los privilegios de los de siempre, ya hablen español, catalán o qatarí. 

Esta cuestión de la hipotética respuesta de Artur Mas a una hipotética pregunta sobre el derecho de los griegos a decidir  creo que hoy es muy pertinente, a pesar de que ya hace días que se produjo el referéndum y de que el desenlace final no va ser otro que el triunfo del chantaje financiero sobre el sueño de Syriza y sobre  una salida digna a una situación económica provocada, precisamente, por los mismos chantajistas que ahora dicen tener la única solución para extinguir el mismo fuego que prendieron para calentarse. 

Y es una pregunta pertinente porque Raul Romeva, el cabeza de la  lista electoral que ha de llevarnos a la independencia, tiene  a este respecto (o tenía hasta hace dos días), las respuestas claras, justo en las antípodas de los presupuestos de Mas y de los políticos de corte neoliberal. Por eso, al conocer la noticia de que Romeva había dado su Sí Sí a compartir la historia y la política con sus archienemigos neoliberales nacionalcatólicos en aras de una hipotética desconexión con el llamado estado español, no salía de mi asombro y también, por qué no decirlo, de cierto sentimiento de traición y de vergüenza ajena.

Hace cosa de un mes, Romeva concedió una entrevista al diario electrónico ISabadell en la que argumentaba su salida de ICV y, de paso, su pensamiento en pro de la independencia. Decía el político ex - ecosocialista: “vivimos, desde hace unos años, un retroceso democrático, social, ambiental, institucional... Y eso tenemos que afrontarlo con un cambio de paradigma global. Veo la independencia no tanto como una cuestión de identidad, que respeto, sino, en mi caso, como una oportunidad para regenerar un sistema que está gripado”.

Eso es todo lo que tiene de decir un tipo extraordinariamente formado, que no ha hecho en su vida otra cosa que política. Y es que el argumento que esgrime es  un tanto peregrino, ingenuo, o si se me apura, mendaz, porque Raul Romeva, un tipo inteligente para quien la política ha sido durante toda su vida  su profesión, sabe perfectamente que, en Cataluña, los protagonistas, los auténticos autores de ese retroceso del que se lamenta son, a saber: el Partido Popular, organización criminal que ha esquilmado el país, a la cual, el llamado problema catalán le ha venido como agua de mayo para mantener mal que bien su base electoral; el PSOE, que nos cambió la constitución de la noche a la mañana y nos puso en manos de la Troika; pero también, y sobre todo,  CiU, partido que fundamenta su historia en la corrupción y  que ha votado codo con codo, durante toda su historia, las leyes más retrógradas junto al PP; ERC, cómplice del cierre de camas y plantas hospitalarias, de centros educativos, coautor de los presupuesto más reaccionarios de los últimos tiempos en Cataluña y, por fin,  las llamadas asociaciones cívicas catalanas (ANC y Omnium Cultural)  que no han hecho a lo largo de toda su trayectoria otra cosa que apoyar con su silencio, o tácitamente, las políticas  neoliberales convergentes, impulsadas por  La Familia Pujol y su red clientelar, que hoy todavía campa a sus anchas. 

Pero, más allá de contradicciones ideológicas palmarias,  en todo este asunto del encabezamiento de la lista unitaria para la independencia, la capacidad ilimitada  de Romeva para la incoherencia con la que alimenta su vanidad y su  ambición no tienen parangón. Vuelvo a la misma entrevista de ISabadell, realizada el día 7 de junio y publicada el 8, (un mes antes de su Sí Sí a encabezar la lista por la independencia). Dice Raul Romeva: “En estos momentos tengo una deuda, no diré moral, con Iniciativa. Estos 10 años que he representado en ICV son suficientemente importantes para que no utilice esta situación para buscar otras chaquetas [la negrita es mía]. Mi etapa institucional en el Parlamento Europeo se había terminado y es cierto que desde Iniciativa nunca me habían cerrado la puerta a continuar en el partido a pesar de las discrepancias en el tema nacional. No me parece coherente continuar mi discurso desde otras opciones. Además hay vida fuera de la política [la negrita vuelve a ser mía]”. 

¡Ahí está, sí señor, con un par!  A pesar de sus declaraciones de hace tan solo un mes, resulta que hay Mas Romeva para rato. Sin embargo, de algún modo, la decisión de saltarse a la torera también sus propios principios morales y contradecir por la vía de los hechos sus propias declaraciones, es comprensible, pues forma parte de  la condición humana. O dicho de otro modo: ¿A quién le amarga un dulce?. Porque, que estés tan tranquilo, sentadito en el sofá de tu casa, pensando en el tipo de vida que te espera fuera de la política, y de repente, una tarde canicular del mes de Julio llamen a tu puerta y aparezca en el saloncito lo más granado de la élite política catalana  y te proponga, así, de sopetón, sin darle tiempo a que el té se enfríe, que encabeces una lista electoral que pueden llegar a votar unos cuantos cientos de miles de ciudadanos, pues hombre, en un primer instante le entran retortijones al más pintado. Pero, resuelta la conmoción inicial, no es difícil imaginar en unos pocos segundos el devenir personal y profesional que a uno le espera. De modo que uno se guarda para mejor ocasión  los principios de toda índole y color y, sin mediar más que la lógica consulta a la consorte, dice ¡que SÍ, que SÍ!, y a disfrutar del momento, que la vida son dos días. 

El hecho es que la jugada ha sido maestra. Una vez más, en Cataluña, el asunto soberanista – o llámese como se quiera- ha servido para substituir los sueños de emancipación social por los sueños de emancipación nacional. Es decir, el llamado proceso independentista substituye la posibilidad  real de un gobierno para la gente por la de un gobierno para mantener los privilegios de los de siempre.  Respetando las diferencias lógicas de las  coyunturas históricas, ocurrió lo mismo a principios del siglo XX  para desarticular el  movimiento obrero; ocurrió lo mismo durante la II República; y en la transición post franquista, y está ocurriendo ahora; ahora que una alternativa social y transformadora, espoleada por la crisis económica y por el triunfo de candidaturas de unidad popular en alguna de  las ciudades españolas más importantes, podría haber asaltado el poder también en Cataluña.

 Ahora que sí se puede, el poder de siempre, cuyo principal objetivo es seguir manteniendo los privilegios a costa de la gente, ofrece  un señuelo identitario capaz de enfrentarse a ese fantasma que recorre España o Cataluña, bajo la misma apariencia organizativa que su enemigo. Ahora que sí se puede, el poder de siempre  ha encontrado en la imagen joven, elegante, educada, experimentada y progresista de un tipo híbrido que ha vendido su alma al diablo -a medio camino entre un Varoufakis aguerrido y un Duran i Lleida charmante- el instrumento perfecto con el que perpetuarse unos cuantos años más, disfrazado y perfumado con los aromas más seductores del tocador de la política travestida.

Ya veremos cómo termina todo. Yo no me imagino a la Ferrusola votando a Romeva. ¿O quizá sí? En realidad, probablemente esa sea la cuestión.