
Siempre cabalgando, muerto, despierto, vivo, dormido; causa de risas y objeto de insultos, desprecios e incomprensiones. No será para tanto, pero un lector muerto es un lector muerto, lo mismo, igual, exacto a un hombre muerto, que es lo que yo soy, pero con segunda oportunidad, la cual aprovecho para lanzar un aviso a los cuatro vientos: lean si quieren, ejerzan, pero deben saber (se lo recuerdo de nuevo) que no les va a servir para nada. Para confirmar mi afirmación tan solo es necesario quen lean. Los positivistas de turno me darán la razón si antes leen, aunque sea un poco. Lean y comprueben como después de finalizar la primera novela no ocurre absolutamente nada.
Para terminar esta (también) inútil proclama, deshechen todo manual, libro, decálogo que aconseje o promueva la lectura. En contra de lo que se pueda pensar, estos libritos suelen ser efectivos ya que quien los lee suele ser es, frecuentemente, un ávido lector y los utiliza para llenar su saco de argumentos con los que afirmarse en su estatus de lector. Estos libros, en realidad, son espejos a los que algunos insensatos se les ocurre girar hacia el sol para llamar la atención y lo que consiguen es cegar a medio pueblo y cabrear al personal,. que acaba por linchar a todo impreso de papel con letras en una hoguera espontánea al más puro estilo "Farnheit 471", lo cual, bien pensado, no estaría nada mal.
Vuelvo mañana
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